Un talentoso hacedor de cultura

Hace cien años nacía en nuestra ciudad. Desempeño varias actividades y cultivó pasiones artísticas con tenacidad y responsabilidad. Nuestro homenaje y el tributo de una de sus nietas.


Este sábado se cumple el centenario del natalicio de Don Tomás Aníbal Recarte Tiscornia, recordado ciudadano pehuajense, destacado e incansable trabajador de la cultura y la educación. Se definía como un autodidacta sin más pretensiones que el goce estético y creativo, asistido durante toda la vida por un fuerte e innato impulso.

Incursionó en la literatura, las artesanías y las artes plásticas. Sus creaciones evidenciaron sus cualidades y un notable estilo de creatividad. La numismática y la medallistica fueron otras de sus pasiones, llegando a conformar colecciones de gran significación dando prioridad a su amado Pago Herrnandiano, como lo refleja en el libro “Medallas de Pehuajó y otros aportes numismáticos históricos y culturales vinculados al tema”, publicado en 2006.

Además de desempeñarse como empleado bancario, comerciante, asesor contable y productor agropecuario,egresó como maestro en la Escuela Normal, Fue preceptor de la Academia privada “Nuestra Señora de Lourdes” y Director copropietario de la recordada Escuela Comercial “José Gardes”.

Sus trabajos literarios fueron publicados en el diario “El Debate”, periódico “El Pueblo”, revista “Vida Pehuajense”, diario “Noticias” y revista “Pecoep. En 1979, bajo el auspicio de la Dirección Municipal de Cultura editó “Poemas de la tierra conquistada” en homenaje al centenario de la conquista del desierto. Fue miembro de la Cooperadora del Colegio Nacional y tesorero de la Biblioteca Popular Bernardino Rivadavia.

En el campo de las artesanías y obras pictóricas participó en numerosas muestras colectivas realizadas en nuestra ciudad y en diversos lugares bonaerenses. Su producción fue notoria y consecuente a un estilo definido y convicciones que sustentó en forma permanente. Impactantes fueron sus tallas sobre raíces de árboles como los dibujos y retratos a lápiz o tinta china, claros exponentes de su inteligencia y habilidad.

Nació el 19 de octubre de 1919 y partió hacia la eternidad el 15 de octubre de 2015.




Lo recuerdo...

Don Tomás, su esposa Margarita Verri, y sus hijos Jorge y Carlos Recarte
Lo recuerdo leyendo sentado en una silla de madera y sobre la mesita de un cajón, contra el gran ventanal que mira hacia la medianera con la casa de Tati Egaña.

Lo recuerdo con “La Nación” desplegada a sus anchas en la gran mesa del comedor, dejando un lápiz pequeño sobre alguna nota mientras iría en busca de su regla de madera, para subrayar todas aquellas frases que le resultarían interesantes, además de recortar cientos de notas periodísticas para guardarlas ordenadamente en cajas de cartón, algunas de las cuales conservo con tesoros de su Pago Hernandiano, que llevaba en sus entrañas desde aquellas primeras lecturas en la vieja librería de Sancho, estando aún sobre la calle Mitre. Si bien no tenía el dinero para hacerse de muchos libros, los leía en esa librería sin casi tocarlos.

Lo recuerdo leyéndome historia para que completara mis apuntes sobre esa materia y también para contabilidad. Era muy prolijo para los números y tan solo con un lapicito Faber Castell rayado…

Lo recuerdo entrando a ese divino patio de González del Solar, con el gran jazmín florecido, encontrándolo tallando debajo del alero enfrente a la parrilla.

Lo recuerdo con su boina negra, que lo acompañó siempre, o usando sombrero o luciendo corbatín.

En varias cajas hay hojas en blanco sin renglones escritas con diminuta y prolija letra cursiva, algunas escritas en lápiz otras con lapicera Bic de trazo fino.

Cada recuerdo, cada idea, cada lectura que hubo deseado rescatar del olvido las ha dejado escritas sobre esas hojas para que las vayamos encontrando. Hasta atesoro un antiguo mapa de los primeros solares de Pehuajó, que amó profundamente. A los nietos nos queda la responsabilidad de hacer que las calles peguen la vuelta a los nombres originarios escritos por Rafael Hernández en “Pehuajó, nomenclatura de sus calles”.

Lo recuerdo enmarcando retratos familiares que él pintaba con acuarelas o que dibujaba a lápiz negro.

Y el recuerdo más viejo que tengo, quizá sea estando enfrente a la estufa a leña del “Epu peñí” leyéndonos en un sillón, a Mariana y a mí, mientras en el helado galpón la carneada era una fiesta campera poco agradable para él, que siempre prefirió los libros y los trabajos de escritorio.

Lo recuerdo como el abuelo que me regaló el gusto por la lectura, por la lectura que dejaba señalada tal palabra para encontrarla en el diccionario. El abuelo que me enseñó a jugar al ajedrez. Y por sobre todo lo recuerdo como un coleccionista minucioso del amor que sintió por Pehuajó, dejando en el corazón la siembra y el amor entrañable por el “pago hernandiano”.

Jorgelina y sus abuelos
“El tata” ha sido un libro, una medalla, una estampilla, una raíz de árbol tallada, un trazo dibujándonos la mirada.

“El tata”, una persona que desde la nada supo llegar exactamente a cada lugar cultural que quiso, siempre acuñando tesoros para escribir sobre ellos obsequiándolos en un modesto museo de imponderable valor, que ha sido, en definitiva, toda su vida.

“Jorja” Recarte



 -En abril de 2012, mirá compartió una grata y enriquecedora entrevista, en su casa de la calle González del Solar. Ver: http://www.mirapehuajo.com.ar/2012/04/estoy-contento-conmigo-mismo.html

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