Pato Domínguez: “Estoy feliz y nada más le puedo pedir a la vida”

Trabajó 50 años en la docencia pehuajense. Durante medio siglo fue encargado de temporadas de verano en el CIP y Estudiantes Unidos. Amó su profesión y cosechó elogios y respeto. Sus alumnos lo recuerdan, y a cada uno le dejó una enseñanza. No pasó desapercibido por la educación local. Dejó su huella. Pato habrá uno solo. Siempre.



Carlos Enrique Domínguez (73) nació en General Alvear, La Pampa. Tras el fallecimiento de su padre, y con apenas tres años de edad, junto a sus hermanos y madre se trasladaron a Pehuajó. En suelo hernandiano plantaron raíces y comenzaron una nueva vida, lejos de su tierra natal. “Mi padre tenía un muy buen negocio en La Pampa. Vendimos todo y nos vinimos a Pehuajó porque estaba un hermano de mi madre”, relata al recordar aquel momento crucial en su vida.

Ya instalado en distrito pehuajense, realizó sus estudios primarios y secundarios en la Escuela Normal. Más adelante se radicó en Buenos Aires donde comenzó los estudios terciarios, que luego finalizó en su regreso a Pehuajó porque “no había plata para bancarme en Buenos Aires y me vine a laburar acá”.

Recibido de maestro nacional con título habilitante de educación física, Domínguez inició una brillante carrera en la docencia destacándose en cada institución educativa. Donde pasó, dejó su huella. Fueron casi cinco décadas de profesión. De respeto y de amor por el deporte, por el alumno y por la educación. Hoy es un nombre propio, y con mayúsculas, dentro de la educación física, en particular, y la docencia en general.

“Tuve la gran suerte de que cuando me recibo, enseguida de que vengo a Pehuajó, me llamaron de la Escuela Técnica para ser preceptor a la noche, y lo agarré, por supuesto. No tenía nada, ningún trabajo. Me llamaron de (Juan José) Paso para cubrir seis horas. Iba en moto. Y después me llamaron de la Escuela 501 donde trabajé tres años, con un amor impresionante. Estaba enamorado de los chicos y la escuela. Laburé y me sentí muy bien con apoyo de docentes y directivos”, rememora Carlos, al detallar sus primeros contactos con la comunidad pehuajense.

Ese fue el arranque de su carrera. Pasaron los meses y las horas comenzaron a ampliarse, y la felicidad por pisar una escuela o un gimnasia, también. En 1964, el ‘Pato’ dio sus primeras clases en el ex Colegio Nacional con pocas horas que más adelante incrementó. También trabajó en la Escuela Normal y en el Instituto de Formación Docente Nº 13. Pero una de las instituciones que recuerda con más cariño, es la Escuela nº 15.

“En la escuela Técnica tuve doce horas cátedras que después las cambié por doce horas en la escuela 15, otra escuela que tuve enamorado. Todos chicos humildes que hoy me ven en la calle, han estudiado, están trabajando. Es una alegría bárbara porque todo el mundo me saluda”.

En el tramo final de su trayectoria, cuidó y amó sus doce horas en el Colegio Nacional y otras doce en el Centro de Educación Física nº 13 donde estuvo desde 1978 hasta hace su jubilación siendo vicedirector de la institución. Domínguez terminó su carrera docente con 49 años y 11 meses de trabajo de docencia. “Es mi vida”, asegura.

LAS TEMPORADAS DE VERANO



A toda su carrera docente, la acompañó con tareas en pileta y campos de deportes durante los meses de verano. Su primera temporada fue en 1960/1961 en Estudiantes Unidos como cuidador de la pileta. “Después me llamaron del Centro Infantil Parroquial (CIP) y ahí trabajé doce años. Creo que fueron los mejores doce años de trabajo de mi vida porque hice de todo: de albañil, de pintor, de cloaquero, de lo que venga… Cuidar la pileta. ¡Dormía ahí cuando se llenaban las piletas! Un trabajo que me gustaba pero un día dije hasta acá llegué, no trabajo más en ninguna institución y seguí con mis horas, eso fue en abril del 1973. Pero me fueron a hablar de Estudiantes….”. Ahí comenzaría una nueva rica historia.

El llamado del club albinegro lo hizo reflexionar. Y mucho. Domínguez estaba identificado con Deportivo Argentino desde niño. Toda su vida fue jugador azul en básquet y fútbol, donde alcanzó a participar de la primera división. Pero no era sólo una relación deportiva e institucional. El Pato es hincha del Depo y no fue fácil tomar la decisión de ir a trabajar al clásico rival.

“Cuando me llaman de Estudiantes… te imaginás qué compromiso para mí. Era mi laburo, yo disfrutaba de laburar, y con lo que ganaba necesitaba trabajar extra porque tenía familia ya. Entonces fui a pedir permiso a la comisión de Deportivo. Presenté mi problema. Yo en Deportivo nunca cobré un peso, ni trabajando ni jugando. Siempre jugué por la camiseta bien transpirada. Y bueno, en la votación gané 10 a 2”.

Con el visto bueno de los dirigentes del Depo, Domínguez comenzó otra historia. Fue en octubre de 1973. “Lo hice con mucho cariño, y no fue que me encariñé enseguida con la pileta, me encariñé con los chicos. Armé las colonias. Me instalé en la institución. Después llegó la pileta. Atendí un tiempo la colonia en el centro a la mañana cuando la tuvimos y cuando se terminó allá me fui con todo: atender la pileta, el campo, el personal del campo y me quedé 38 años”.

“Estudiantes siempre tuvo gente muy inteligente en las comisiones directivas porque fijate cómo creció. Creció tanto que hoy es difícil hasta mantenerlo”, afirma, y agrega: “Puse planta, por planta, por planta… Pedía plata y no me daban, por eso puse tantos álamos, porque me lo regalaban en una estancia y entonces con lo que me daba el club compraba plantas más importantes. Y después ponía álamos por eso hoy en día hay tantos en el club. En los 38 años que estuve en Estudiantes, jamás tuve un problema con un directivo. Jamás discutí con alguien, ni ellos me vinieron a decir algo ni yo ir. Lo único que hice fue ir a pedir, a decir qué necesitaba”.

Fueron 50 años de temporada de verano y 50 años de trabajo en escuelas. Medio siglo de pasión y amor por la profesión. “Fue mi vida. Terminaba la escuela y empezaba la temporada de pileta. Terminaba la temporada y al otro día empezaba la escuela. Así que no paré nunca, hasta hace cinco años que me llegó el momento de irme porque no me daban más las piernas. Estoy re feliz de estar jubilado. Si vuelvo a nacer hago lo mismo que hice”.

TRABAJO, FAMILIA Y DOCENCIA



No se arrepiente de nada. Pero sí lamenta no haber estado más cerca durante el crecimiento de sus hijos mayores. La tarea docente le absorvió gran parte de sus días y, pensándolo a la distancia, le hubiese gustado disfrutar más horas junto a ellos. “Tuve la felicidad de tener tres hijos que era lo que yo quería. Uno siempre tiene ilusiones en la vida, y yo quería tener hijos como los que tengo. Y no te digo nada del que nació hace poco. Hace catorce años que nació el último con mi nueva pareja y me cambió la vida porque empecé de nuevo”, reflexiona.

E inmediatamente, añade: “Con los trabajos que tuve no disfruté verdaderamente el tiempo necesario para mis hijos mayores y ya les pedí perdón, por supuesto. Fueron años de mucho laburo, ellos me acompañaban, iban a la pileta conmigo pero llegar a la casa de noche y ellos estaban cenados. No hay que hacerlo. Es preferible que tengan un mango menos, hacer menos cosas, pero la familia tiene que ir primero. Y ahora no te das una idea cómo disfruto a Matías, mi hijo menor. Y lo fundamental es que sus tres hermanos mayores lo aman. Eso me hizo re feliz”.

Carlos tiene cuatros hijos y nueve nietos. Las reuniones en familia lo hacen feliz. Son 17 personas que disfrutan cada instante, y para el Pato, eso no tiene precio. Y hay algo que redobla esa felicidad. Su nieta mayor, Manuela, estudia educación física. Heredó la pasión de su abuelo. “Yo le dije ‘pensalo bien, Manuela, mirá que es carrera que no es fácil, hoy hay mucha gente’. Pero ella decidió estudiar física. Está enloquecida, es muy buena nadadora, gimnasta y bailarina. Y le gustan los chicos, así que este verano empezó a trabajar en la colonia. Estoy contento”.

He ayudado a mucha gente. A mis compañeros de trabajo los he ayudado. Le he dado una mano a los profesores de educación física. Un profesor tiene que copiar de lo bueno, y no de mí, de todos. Y una de las cosas fundamentales de la docencia es que hay que estudiar con vocación. Ese es el problema hoy. Una parte de la docencia hoy en día es que no hay vocación. En todas las materias, no sólo en educación física. También tenemos profesores excelentes.

Al momento de recordar viejos tiempos y la tarea con sus colegas, no duda en afirmar que “tuve la suerte que me fue bien en todo. En la docencia tuve grandes compañeros, tengo grandes amigos. Tengo exalumnos míos que son docentes, amigos. Y tengo muchos jóvenes que son muy amigos. Vienen a casa, presto libros a muchos que están estudiando y que fueron también alumnos míos. En la educación me fue recontra bien con todos: con directivos, alumnos y docentes. Jamás tuve un problema con un alumno, siempre traté de tener buena disciplina, desde ya”.

“No sé si fui duro, vine de la escuela del famoso y extraordinario Arnaldo “Bocha” Ornat, que yo lo amo. Fue un maestro, fue profesor mío. Le debo muchas cosas, yo seguí la línea de él: orden, disciplina. ¿Y qué hace uno en la docencia con eso? Ayuda a la familia, ayuda a la formación del alumno, a tener valores, respeto. Y en la casa, el chico con la ayuda de los padres que son los más responsables, ayudás a que el chico sea buena persona, que es lo más importante. Para ser una buena persona se necesita valores. Yo traté de dar eso desde la docencia. Grandes, chicos, vagos, simpáticos, enojados que no les gustaba la educación física… tuve de todo, pero un respeto al alumno y del alumno hacia mí, que hoy yo daría clases de nuevo”.

DAR CLASES AL REVÉS



“Un día jugué una apuesta a que yo daba la clase al revés, sin mirar a los alumnos, viniera quien viniera. Dabas las órdenes al revés: rodilla arriba, elongación, abdominales, hoy tiramos al aro, ahora empezamos partido, hacemos equipos y listo. Mis horas eran 15 o 20 minutos de entrada en calor, 15 o 20 minutos de los fundamentos del día y después juego… y a los chicos se les iba la hora tan rápido…. La disfrutábamos todos”.

SUS GUSTOS Y EL HOMENAJE DE EX ALUMNOS
“Yo me incliné mucho por el handball y el vóley. El handball de la Técnica fue mi pasión. Cuando era preceptor había chicos más grandes que yo porque había internado. También hice mucho atletismo por el profesor Ornat, para darle una mano, junto a Jorge Vitángeli y Aurora Rech. Formamos un grupo muy bueno. De competencia hice más atletismo, handball en la escuela Técnica, a nivel provincial, y mucho voley, que me enloquecí. Hice 32 cursos de voley. Después se dieron los resultados. Salieron muy buenos equipos, muy buenos chicos. El otro día me hicieron un homenaje sin yo saberlo. Fue muy fuerte. Una gran emoción porque ningún directivo lo organizó, lo hicieron los alumnos. Vinieron de afuera chicos que tienen 57 años. Nada más le puedo pedir a la vida, estoy feliz”.

¿POR QUÉ ‘PATO’ DOMÍNGUEZ?
“Una vez, en sexto grado, estábamos en la clase de los ‘animales del campo’ y yo iba mucho al campo con un compañero de apellido Sáenz que le decían el Tero. Tero a él y a mí el Pato. Entonces los dos como íbamos al campo y había patos y teros, él dijo ‘yo el tero’, y ‘yo el pato’, grité en la clase. Entonces cuando salimos al recreo, todos gritaban ¡pato-tero!, ¡pato-tero!, y nosotros corríamos delante y ellos atrás. Y ahí me quedó Pato, y a él Tero”.

JUBILADO, SÍ. ALEJADO DEL DEPORTE, NUNCA.
Hace años abandonó las escuelas y los gimnasios, pero la pasión por el deporte perdurará por siempre. Carlos Domínguez siempre que puede da una mano y ayuda en proyectos. Apoya la gestión deportiva de la municipalidad de Pehuajó que lidera Walter Acosta y agradece el acompañamiento constante del intendente municipal, Pablo Zurro, quien fuera su alumno. Actualmente apoya y aporta su granito de arena en la puesta en marcha de la obra en el predio del Colegio San José -al que concurre su hijo menor- donde se construirá un playón deportivo.

PING PONG
¿Un deseo?: “Que mis hijos tengan la familia que tienen, y que Matías se crié con toda la salud del mundo”.
¿Una esperanza?: “Vivir unos cuantos años más”.
¿Un rencor?: “Ninguno”.
¿Una gratitud?: “Mis hijos”.
¿Una ingratitud: “Lo que me pasó”.
¿Un maestro?: “Ornat”.
¿Un amor?: “Mi primer amor”.
¿Pehuajó?: “Un pueblo que amo”.
¿Estudiantes Unidos?: “Un amor y una pasión que nació estando en el campo”.
¿Un ídolo?: “Ornat”.
¿Dios?: “Salvó a mi hijo”.
¿Carlos Domínguez?: “Alguien que ha tratado de hacer el bien”.
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