Abrazo a la vida

Humilde tributo a una pehuajense que dejó huellas y una siembra que honra. Simplemente se llama Susana Aguilar.



Luchadora incansable, servicial y sensible. Conjugó a la perfección valentía con humildad, extendió sus manos y abrió su corazón a quienes nos superan en capacidades, porque todos somos diferentes aunque no todos protegidos.

Luego de contribuir a la creación de la Sociedad Protectora de los Animales (SOPAP), donde exteriorizó su amor por los pequeños animales desamparados, con esfuerzo propio y sumando adhesiones solidarias gestó "Panadería El Futuro". Cuando surgieron dificultades más esfuerzos aplicó. Tocó timbres, golpeó puertas y siempre siguió adelante.

Defendió y sustentó sus ideas, dando prioridad, con perseverancia y afecto por los pibes que requerían asistencia. Los chicos de la panadería la amaban. Fue guía y apoyo permanente. Allí floreció su instinto maternal y todos eran un poco sus hijos, sus hermanos.

Su vida no fue para nada fácil, pero las limitaciones fueron signos y señales de fortaleza. Si hasta enfrentó con coraje la etapa final de su vida terrenal. "El cáncer me tocó a mí, como le puede tocar a todos, pero le daré batalla, lo enfrentaré", exclamó el mismo día que tuvo el diagnóstico.

Y así fue. Con envidiable entereza asumió el tratamiento y obviando secuelas su accionar no declinó. Por todo eso y mucho más, cuesta entender que ya no está físicamente. Por su manera de ser, por su lucha, por su obra de solidaridad, por su sencillez y humildad, por su ejemplo, por su riqueza espiritual, siempre estará presente.

Ni beso ni abrazo al cielo. La flaca no lo aceptaría. Abrazo a la vida que no termina, se transforma y se proyecta eternamente.



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