Juan José Paso: una historia de película

El pasado 3 de enero cumplió 131 años. Dividido por las vías del ferrocarril, hubo tiempos de intolerancia y confrontación vecinal. Una escuela y un club de cada lado. Imposible generar un noviazgo si la pareja no vivía en el mismo sector. Superados los desencuentros el pueblo creció y los vínculos se afianzaron.



Sus orígenes, como acontece con numerosas poblaciones, está ligado a la llegada del tren, pero la fundación fue impulsada por Félix Lora, un viajante y maestro ambulante que se decía descendiente del rey Alfonso XIII de España, data que se confirmó fehacientemente poco antes de cumplir la localidad noventa años de vida.

El antecedente del fundador ya es relevante. En aquella época los trenes llegaban colmados de inmigrantes en busca de un destino y un nuevo horizonte. Pasaban Pehuajó, luego la Colonia Raimundo Salazar (hoy Francisco Madero), hasta llegar cuatro leguas más adelante a un caserío dividido por los rieles ferroviarios, conglomerado que no tenía ni siquiera un nombre identificatorio.


LA CONFRONTACIÓN Y DESPUÉS LA CONVIVENCIA

El caserío creció impulsado por los mismos habitantes, a un lado y otro de las vías. Y sin querer o quizás si, el muro determinado por las vías férreas generó divisiones y desencuentros. Se gestaron dos bandos o barrios con diferentes matices y apetencias. Desde el punto de vista ideológico, de un lado conservadores y del otro radicales.

Por muchos años se tornaron intolerantes. Una escuela y un club de cada lado de la vía. Al club Instituto concurrían los conservadores y al club Progreso frecuentaban los radicales. Practicaban fútbol pero los cotejos entre si no tenían nada de amistosos. Al decir de viejos pobladores e investigadores de la historia lugareña, en Juan José Paso no se practicaba la clásica "vuelta del perro", el paseo vecinal se limitaba a ver la llegada del tren, pero se concentraban de uno y otro lado del anden. Si hasta no era posible tener una novia que viviera del "otro lado". Y en tiempos de caudillismos políticos, no faltaban desencuentros armados.

Los años pasaron, las generaciones se renovaron, se produjeron cambios notorios y las asperezas se fueron limando. Al crearse el Instituto Privado, único establecimiento de educación secundaria del pueblo, los jóvenes de uno y otro sector comenzaron a juntarse y se afianzó aún más el vínculo cuando el club Instituto dejó la práctica del fútbol y todo se centralizó en el Club Progreso. El más popular de los deportes también fue factor de unidad y convivencia.


EL PUEBLO DE LOS HUEVOS DE ORO



Hubo tiempos de esplendor y bonanza. Antes del hecho fundacional por parte de maestro Félix Lora, se había constituido la primera Cooperativa Agrícola que vendió 25 mil hectáreas erradicando latifundios para generar 315 chacras, un centenar de quintas y alrededor de 350 terrenos.

El crecimiento se manifestó en todos los ámbitos. Hubo una época en que la población pasense rondaba los 6 mil habitantes. Su actividad, especialmente agrícola ganadera fue trascendente, al tal extremo que no faltó quien definió a Paso como "el pueblo de los huevos de oro". Si hasta algunos pobladores llegaron a pensar en luchar por la autonomía.

Más tarde, vendrían épocas de decadencias por distintas circunstancias que no es motivo de análisis en esta nota, hasta que las épocas de inundaciones afectaron seriamente con las consabidas secuelas que deparan los fenómenos naturales. Pero a pesar de los tropiezos y el inevitable achique poblacional, Juan José Paso con esfuerzos propios y el apoyo de los gobiernos de turno, se fue replanteando y dispuso de nuevos servicios y emprendimientos, que con los avatares que siempre padecen los pueblos del interior, se han ido sustentando en el tiempo.


CONFIRMACIÓN DE FECHA Y FUNDADOR



Ahora, los desencuentros de los primeros años son un recuerdo. Alrededor de 1980, el vecino Oscar Trapes Giménez, por entonces también Delegado Municipal, con el apoyo de otros coterráneos, indagó en organismos oficiales y confirmó a Félix Lora como fundador y al día 3 de enero de 1890 como fecha fundacional.

Ya se superó la primera centuria de vida. Sus habitantes, afrontando los vaivenes ajenos a su voluntad, que siempre alteran proyectos y desvanecen sueños, siguen firmes a sus convicciones, amando el suelo que los vio nacer o que les permitió desarrollar la vida.

La historia del pueblo es realmente atrayente. Bien es cierto, como se ha dicho en reiteradas ocasiones, merece documentarse, pues Juan José Paso es, sin duda alguna, un pueblo de película.


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