La importancia de estudiar y mirar a los que saben para aprender

Trabajador eléctrico desde los años adolescentes. El oficio lo atrapó y pese al retiro jubilatorio sigue activo. Heredó el apego por el trabajo. Momentos y experiencias inolvidables.


Miguel Ángel Tedeschi (59), ligado desde la adolescencia al mundo de la electricidad, hace un alto en su taller de reparaciones y limita el whastApp a la entrevista virtual de “mirá”, en vísperas del día del trabajador eléctrico, diálogo que nos permite revivir tiempos idos y conocer su manera de sentir.

Luego de remarcar que tuvo una infancia feliz y evocar su paso por la escuela 13 cuando funcionaba en el viejo edificio de Alem y Godoy, hace un breve repaso de su juventud. "Recuerdo con afecto la época de la secundaria con afecto. Me encaminé en la escuela en segundo año. Me gustaba mucho la parte práctica y a partir de 4to. año sabía manejar las máquinas, había aprendido todo y empecé a trabajar afuera con tareas de mecánica y de electricidad, con el prof. Victor Dolledone".


La inclinación y apego por el trabajo, inculcado por sus padres y abuelos, ha sido una constante en la vida de Miguel. Su paso por la Escuela Técnica afirmó su vocación por la electromecánica. Muy joven surgió la posibilidad de ingresar a la Cooperativa Eléctrica, aunque inicialmente no fue en el ámbito específico.

“Me salió trabajo en la cooperativa. Entré en Premoldeados, como todos. Estaba Guillermo Chávez, el único técnico que había trabajando y yo. Estuve como un año y recuerdo que un sábado ya estaba terminando el trabajo al mediodía, estaba limpiando las herramientas y apareció el gerente, el Ing. Torrallardona. Me dijo, usted es técnico electromecánico y me interesaría que pudiera pasar a la parte eléctrica porque estamos necesitando gente ahí”.

CAPACITARSE Y APRENDER MIRANDO
“Y así fue, a mi me gustaba y el sector eléctrico empecé a meterme de lleno y empezar firme con la tarea de electricidad, si bien hacía montaje y todo eso, pero ya pasar digamos a una empresa donde donde hacen líneas era diferente. Como tenía conocimientos y mucha experiencia por trabajos anteriores aprendí rápidamente”, afirma.


El relato de Tedeschi es elocuente y evidencia un sentimiento muy especial. “Además me gustaba aprender, miraba y aprendía más. Para mi, mirar era tiempo invertido. Y en algún momento tenes que empezar a meter mano y desarrollar lo que aprendiste. Me empecé a involucrar día a día y al año de estar en la Cooperativa se abre una postulación en la central de generación. A mi me gustaba la generación, desde cuando iba a visitar DEBA con la escuela. Me anoté. Éramos como cuarenta, rendí práctico y teórico y salí segundo. Quedó el que salió primero porque tomaban uno solo. Entonces me quedé dónde estaba”.

Al sintetizar su trayectoria en la Cooperativa Eléctrico, señaló: “Ingresé en noviembre de 1981 y en abril de 1982, me convocaron del Ejército y me tuve que ir con una pena bárbara, pensé que me iban a sacar. Pero cuando le dije me dieron seguridad, “quedate tranquilo este lugar es tuyo”, me dijeron. Cuando volví me reincorporaron sin problemas. Seguí hasta el último día del año 2016 cuando me jubilé, luego de 35 años de servicios”.

INOLVIDABLE FENÓMENO 
DE LAS INUNDACIONES

Miguel, junto a otros compañeros que recuerda permanentemente, la mayoría también jubilados, vivió los crueles tiempos de inundaciones y las situaciones de emergencia fueron diversas. Al respecto, rememora:

“Nosotros vivimos muchas situaciones de riesgo porque tuvimos que padecer dos inundaciones. Teníamos a ir a lugares complicados por el agua, la Cooperativa no estaba preparada, después empezaron a traer vehículos especiales, lanchas, botes. Y había que salir y aguantar. Éramos un grupo parejo, teníamos que enfrentar situaciones todos los días. Salíamos todos los días, a las 7 de la mañana y por ahí regresábamos a las 12 de la noche.

Había que cruzar por muchas tranqueras, el canal Jauretche no estaba hecho y teníamos que cruzar por adentro de los campos. Era esforzado. Había que pasar a veces por 30 tranqueras, ir por Inocensio Sosa, Chiclana o Guanaco. La inundación generó una bichos de agua bárbaros que cortaban los cables. Había que hacer un trabajo impresionante. Levantar los cables sin escaleras, todo con trepadores, los palos con agua estaban podridos y podías caer. Muchas veces nos salvamos de no caernos pero otras veces nos caímos”.


Y se reviven episodios compartidos en aquellos años de esfuerzos e incertidumbre, felizmente superados. “Todo era dentro del agua. Ibas a hacer una maniobra y tenías que meterte al agua y con la pértiga realizarla, con el agua hasta el cuello. Hicimos de todo, con riesgo siempre. Subíamos muchas veces sin protecciones porque estaban ocupadas o se disponía de una sola en ese momento.

Después de trajeron más protecciones, detectores, etc. Pero en los primeros tiempos había que salir a pelearla, a puro coraje nomas. Había que salir no quedaba otra. Terminábamos a las 7 de la tarde, había que ordenar herramientas, cargar y cruzar de noche las lagunas. Se tardaba en volver, por eso llegábamos a las 12 de la noche. Era tremendo y arriesgado. Hubo gente que la pasó mal. Elpidio Martínez perdió la vida cuando estaban salvando ganado, nosotros andábamos siempre por esos lugares”.

TRABAJO MANCOMUNADO
La situaciones vividas forman parte de los recuerdos que no olvidarán jamás. “Lo primero que me viene a la mente cuando recuerdo esto, es lo unido que éramos nosotros para cuidarnos y protegernos durante las dos inundaciones. Era natural, salía de adentro. Continuamente cuidándonos las espaldas. Si uno subía ya estaba otro mirando a ver qué pasaba alrededor. Era así, del grupo que andábamos juntos, entre otros Padulo, el Pilo Acevedo, Raúl Echeto, Roberto Hernando, Lulú.
Un alto en las tareas para posar y documentar grupo del año 2000

Podíamos tener diferencias pero cuando íbamos a hacer algo, la unidad surgía naturalmente. Nos hemos salvado pero nos cuidábamos. Cuidado que se cae esto, cuidado el cable que se corta, cuidado que salta aquello, cuidado que se viene un palo. Siempre nos cuidamos, la verdad que es lo más lindo que recuerdo”.

LIGADO SIEMPRE AL MUNDO 
DE CABLES Y CONEXIONES
Siempre realizó actividades en forma particular, obviamente ligadas al oficio. “En los años 90 hice algunos trabajos particulares de tarde, pero poco, además no había dinero y muchas cosas debía hacerlas sin cobrar. Me dedique de lleno la Cooperativa, que nos amplió tareas en horas de tarde a varios. Debíamos completar 60 horas semanales y hacíamos trabajos acá y en los pueblos, salía con la grúa a hacer montajes o reparaciones.

En los últimos años empecé a equipar mi taller particular, compré equipos y elementos. En el 2005 comencé con electromecánica, refrigeración eléctrica, heladeras. Después hice un curso de reparación e instalación de aires acondicionados, tarea que continúo”.

Finamente, con natural nostalgia, remarca: “El último año en la Cooperativa me esforcé para cumplir siempre, ni resfriado faltaba. Los últimos tiempos entraba solo a marcar y pensaba que antes estábamos como una bandada para entrar. Todos mis compañeros ya se habían ido, estaba solo. Un especial recuerdo para el vasco Oroz, gran compañero, un pingazo. Trabajábamos muy bien, habíamos aprendido de los viejos empleados, ellos nos enseñaron”.

Celebración de trabajadores eléctricos

Ahora, a cuatro años del retiro, Tedeschi no para. Su amor por el trabajo y la electricidad siguen intactos, si bien sus días cambiaron. “Es más relajado o con menos exigencia, pero a la hora de ir a hacer un trabajo, quiero hacerlo y cumplir con la palabra. Tengo mucha gente conocida, me llaman y no puedo decirles no. Y en verano, con el tema de los aires acondicionados, el trabajo es impresionante. Siempre tengo. Hasta que me de el cuerpo sigo. Cosas pesadas ya no hago”.

Al concluir el encuentro, Miguel destaca su agradecimiento a la Cooperativa Eléctrica de Pehuajó. “Todo lo que tengo se lo debo a la Cooperativa y a mi esfuerzo. Agradecido por todo, por los momentos lindos vividos, por la gente que conocí. Me fui súper contento. Cuando nos juntamos con otro retirados abundan los recuerdos, de todo tipo. Y nos hace bien recordarlos”.

SALUDO
A través de los testimonios de Miguel Tedeschi adherimos a la conmemoración del día del trabajador eléctrico, que este año como consecuencia de la pandemia causada por el Covic19, no habrá mesa servida en la sede de Luz y Fuerza, pero igualmente a la distancia y por los medios tecnológicos estarán juntos.
Un afectuoso saludo a todos, tanto a quienes cumplen tareas en entes estatales o entidades de servicio, como a los numerosos electricistas que brindas asistencia permanente a necesidades de la comunidad.


PING PONG

-¿Un deseo?: "Ser libre".
-¿Un recuerdo?: "son tesoros en nuestra mente".
-¿Una gratitud?: "Reconocer lo que he recibido".
-¿Una ingratitud?: "No. Lo lindo es reconocer al otro".
-¿Un rencor?: "Siempre me alejé de todo rencor. Daña, lastima".
-¿Un amor?: "Es lo más fuerte que hay en la vida".
-¿Una esperanza?: "Es buena creer en la esperanza. Siempre 
te levanta el ánimo".
-¿Un reproche?: "No. Reprochar es malísimo. Hay que mantenerse alejado. 
Hay que evitarlo".
-¿Un ídolo?: "No creo en los ídolos. Solo admiro personas".
-¿Un amigo?: "Es como si fueras vos. Hay que tener muchos".
-¿Dios?: "Nuestro creador. Es todo, lo máximo. 
No hay nadie más grande que él".
-¿La Cooperativa Eléctrica?: "Lugar donde pasé gran parte de mi vida".
-¿Pehuajó?: "Siempre dentro de mi corazón".
-¿Miguel Tedeschi?: "Sencillo y honesto".
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