Cuando se esfuma una sonrisa

Hondo pesar causó el fallecimiento del convecino Eduardo Mascheroni, acaecido en el día de la fecha, a los 65 años de edad. Su temprana partida consternó a diversos círculos sociales, en virtud de su actuación comunitaria en ámbitos institucionales, comerciales y educativos.


Se desempeñó como martillero público y durante años, en calle Esteban Zanni, administró un negocio dedicado a la compra venta de inmuebles de diversa índole.

En el quehacer educativo desempeño tareas de profesor y llegó a conducir el Centro de Formación Profesional, donde volcó múltiples esfuerzos y trabajó con ahínco para su proyección y sostenimiento, convencido de la importante misión que caracteriza a ese servicio educativo como medio idóneo de capacitación con salida laboral. Condujo intensas gestiones para superar naturales dificultades y obstáculos en defensa del objetivo alentado en beneficio de numerosos jóvenes y adultos que concurren a las aulas y talleres del centro instalado sobre la avenida Juan Lavarden.

Hombre de carácter y firmes convicciones, cultor de las buenas costumbres y de sano buen humor que se traducía en aprecio y afecto de quienes solían ser depositarios de sencillas ocurrencias “cargadas” de muy buena onda. Una sonrisa a flor de labios siempre allanaba tropiezos y abría vínculos de reciprocidad amistosa, que nunca dejó de cultivar.

En este doloroso momento, muchos conocidos y amigos expresan en las redes sociales esas características de su personalidad, optando por el recuerdo permanente de momentos compartidos y disfrutados en la vida comunitaria pehuajense que lo tuvo como protagonista y hacedor.

Un sábado de abril, uno más de un período de aislamiento social impuesto por la apabullante y temerosa pandemia, nos dejó Eduardo Mascheroni, “Negro” o “Negrito” para la mayoría. No pudo superar los achaques de su salud. Sólo Dios sabe por qué. Al circular la noticia, el silencio que invade desde hace un mes fue mayor y las expresiones de pesar proliferaron.

Su sonrisa siempre estará presente. Su lucha por la vida y sus logros comunitarios son el mejor tributo para su señora madre, su esposa, hijos y nietos, a quienes abrazamos a la distancia, o de manera virtual como se estila en este tiempo de cuarentena y aislamiento.

Eduardo descansa en paz. Sonríe y habla con Dios.

Compartir en Google Plus

1 comentarios:

  1. Impecable nota a Eduardo.Mascheroni...de revista digital MIRA.Abrazo!!!

    ResponderEliminar