Pedro Biagioni ¡Qué buena madera!

Inmigrante italiano, carpintero desde niño. Transita la década hacia el centenario de vida. No se achica, no se detiene. Disfruta y hasta goza de las noches pehuajenses, en la medida de sus posibilidades. Ejemplar actitud de vida. Recuerdos y vivencias que emocionan.


Inquietudes y requerimientos planteados por lectores de nuestro portal, al celebrarse el día del carpintero, hacen protagonista una vez más al apreciado convecino Pedro Carlos Félix Biagioni (96), por su vida ejemplar, por su empuje, sus buenos sentimientos y por esa eterna juventud que exhibe en forma permanente.

Complace, en consecuencia, revivir relatos compartidos en su casa de la calle Zuviría y el asombroso impacto de sus paseos noctámbulos por el centro de la ciudad alternando con otras generaciones, sumidas en asombro y admiración por Pedro, el laborioso tanito que dejó Italia desde niño y se radicó con sus padres en la pampa húmeda bonaerense.

Biagioni es el carpintero pehuajense de mayor edad. “Va cumplir 90 años y todavía trabaja”, nos dijo en el año 2013 el recordado Tito Arive de maderera “La de Gajos”. Pedro nunca se alejo de la madera y el aserrín. En su casa tiene su improvisada carpintería y en la medida de lo posible atiende requerimientos de clientes y amigos.

“Tenía cinco años cuando empecé a trabajar en la carpintería de mi padre. A los ocho agarré la máquina. Iba a la escuela, dejaba los libros y me iba a la carpintería que estaba en mi casa, en Rivera Indarte 750”, afirma Pedro acerca de sus inicios en el oficio.

“Estuvimos en esa casa -agrega- hasta que fui a tercer grado porque la vendimos para ayudar a un amigo. Y el problema era adónde ponía mi padre la carpintería. Con la ayuda de mi tío conseguimos un permiso municipal y pudimos ponerla en la esquina, más tarde se trasladó a calle Encina”.

TAMBIÉN PEÓN DE CAMPO Y ALBAÑIL
En plena adolescencia un buen día dejó la carpintería y optó por otros rumbos. “Tenía 17 años le dije a mi padre: “papá, me voy. El que quiere una puerta que se la haga, por veinte centavos no trabajo más”. Me fui a trabajar de peón de albañil, apenas sabía agarrar la pala. Después de trabajar con unos constructores me fui con mi tío y ahí agarré la cuchara. Ya era albañil”, rememora feliz.

Posteriormente se va a la zona rural. “Me fui al campo, a la Estancia El Trío, que era de Campión. Porque en el año 1941 habíamos ido con mi papá hacer un tinglado y el viejo que era encargado de toda la obra me quería muchísimo. Estuvimos dos meses ahí”.

Pero evidentemente no se identificó con el aire campesino y volvió a la ciudad. “Volví a trabajar con mi tía y cuando me recibí de perito contable empecé a trabajar en la mueblería de Steiner, donde además de lustrar y limpiar le cobraba las cuentas, hasta 660 cuentas tenía que cobrar.

Después me fui a Galver, donde habían trasladado al carpintero y necesitaban uno. Yo estaba cobrando 90 y el encargado de Galver me dijo acá vas a cobrar 120. Era un jueves y tenía que empezar el sábado siguiente. Ese mismo día le dije a Steiner que me iba a Galver. Me preguntó cuánto te van a pagar. 130 le dije y me contestó porque no me lo dijiste yo te los pagaba. Le dije si antes no me los dio es porque no los merecía y hasta los libros llevaba ahí. El sábado ya estaba trabajando en Galver”.

Así es Pedro. Decidido, siempre activo y nunca se alejó del noble oficio de carpintero. Con esfuerzos y mucha garra superó adversidades y siguió adelante. Firme ímpetu e inquebrantable voluntad, haciendo honor a su estirpe italiana.

RECUERDOS DE SU ITALIA NATAL

A propósito de su tierra natal, el recuerdo de sus orígenes siempre florece a flor de labios. “Vivíamos en un valle donde hay más de 60 pueblos, todos de 3.000 habitantes. La provincia es Lucca, mi pueblo es Pieve Fosciana. Allí cruzamos la calle y estamos en otro pueblo”, evoca con natural emoción.

Felizmente, hace unos años Pedro pudo volver a la tierra que lo vio nacer y revivir con intensidad los lejanos tiempos de la niñez. “La casa donde nací era toda de piedra, ya debe tener 750 años”, rememora y se entremezclan vivencias familiares, algunas poco gratas, como el regreso de su padre de la guerra con las secuelas que ello implicó.

Su padre, como tantos otros italianos, llegó solo a la República Argentina. “Primero estuvo en San Telmo donde trabajó como carpintero. Y el tío Angelini, hermano de mi mamá, -acota- trabajó en Guanaco en el año 1908”.

Cumplida una etapa retornó a Italia. “Nosotros teníamos hambre y miseria. Pero en el mismo barco decidió pegar la vuelta. Cuando llegaron a Barcelona se intoxicó con sardinas, porque le gustaban mucho. La pasó mal, el barco en Canarias se rompió, después se hundió y murieron 1400 personas. Mi padre zafó y pudo volver a la Argentina”.

EL MEJOR PUEBLO DEL MUNDO
Recuerda que en Migraciones lo derivaron a Pehuajó. Vivíó en la calle Estrada. Padecía las secuelas de la intoxicación y lo asistió el prestigioso Dr. Artigas. “Lo vamos a sacar Biagioni”, le dijo. Él mismo iba a la estación a buscar el hielo porque no había en Pehuajó. A los 6 meses pudo levantarse, empezó a andar. Este pueblo es el mejor del mundo y no me voy más”.

“En esa época Pehuajó tenía alrededor de 3000 habitantes, 1690 eran italianos y 1630 argentinos. Primero vivimos a una cuadra de acá (Zuviría 235) en la casa que después fue de los Mansuelo”, señala Pedro entre un cúmulo de recuerdos que se entremezclan con sus vivencias, las de sus padres y las de sus abuelos.

Los recuerdos son innumerables. Pedro es gran medida un testigo viviente del aquel incipiente Pehuajó. A modo de síntesis, extractamos de su extensa exposición:

-”Llegamos acá un 15 de agosto de 1927. Todo era viento y tierra, mi madre quería volverse. Nosotros salimos de Génova, en el barco Julio César, venían 4500 personas”.

-“Cuando llegué a Pehuajó tenía cuatro años. Me hice amigo del hijo de un tal Sauco, que también tenía 4 años. Yo tenía 4 centavos y le dije al pibe vamos a comprar caramelos. Fuimos hasta Zanni al “boliche de los parao” y no tenía caramelos. Seguimos y llegamos al boliche de Tallarico, que estaba a una cuadra de la Sociedad Italiana. Era un viejito y tampoco tenía caramelos. Pero tengo 4 nueces nos dijo, la llevamos y nos jodió porque cuando las abrimos en la calle estaban podridas”.

*Era todo baldío. La casa, en la calle Rivera Indarte, tenía 750 metros de terreno. En Italia con 2 metros hacen quinta. Acá los yuyos tenían dos metros de alto. A los tres meses, mi padre lo transformó, y en lugar de yuyos había lechuga, perejil, zapallos, de todo”

- “Mi familia llevó la luz al barrio porque en ese momento terminaba en la Escuela 9, en Gutiérrez y Del Campo, y como mi papá precisaba la trifásica para hacer andar la máquina que había comprado. Entonces habló con el gerente de la usina y le dijeron que tratara de conectar a diez vecinos entonces llevaban la luz hasta la Rivera Indarte. Conseguimos gente pero tenía miedo que se les prendiera fuego la casa. Decían que era peligrosa”.

En la vida institucional de Pehuajó también lo tuvo como protagonista, Integró la Asociación Bomberos Voluntarios, cuando se construyó el cuartel. Hizo su aporte al Colegio San José, Sociedad Italiana de Socorros Mutuos, club Defensores del Este, cooperadora de la Policía Caminera y Club de pesca “Las Mellizas”.

En la actualidad, camino al centenario de vida, no se detiene. Sigue su ritmo. Y con la particularidad se sentirse un pibe. Si hasta frecuenta con amigos la atractiva noche pehuajense. Los años acumulados además de generar experiencia son un ejemplo de envidiable juventud. Alterna con amigos mucho menores que él y hasta disfruta de recitales musicales. Entre otros, los de Claudio “Pipi” Córdoba, siendo un entusiasta seguidor de su exitosa banda.

LA EDAD: UN NÚMERO, UN ESTADO DE ÁNIMO

Junto a amigos en la noche pehuajense

Cuando hay actitud positiva todo es superable. Para el nonagenario carpintero la edad es apenas un número. La amistad es una riqueza invalorable. La vida es demasiado corta y merece ser disfrutada. Es un regalo con la fecha de vencimiento invisible.

Imitar a Pedro es una inversión para tener en cuenta, más cuando muchos con menor edad suelen achicarse y preocuparse demasiado cuando los invade el atardecer de la vida.



IMPRESIONES

-“Qué gran persona mi amigo Pedro, 96 años, siempre presente en mi show”. (Claudio “Pipi” Córdoba).

-“Para vivir la vida no hay límite de edad”, (Francisco Precopio, músico de la banda de “Pipi”.

-“La vida es como la quiere vivir cada uno. Yo prefiero vivirla como mi papá, un orgullo”. (Cristina Biagioni).

-“No digas por favor que con 22 ya viviste todo. No digas que con 35 sos vieja/o. No digas que con 40 ya fue todo. No digas que después de los 50 no hay nada. En 50 recién comenzás. Tomate 5 minutos y pregúntale a Pedro que con 96 sigue y sigue”. (Ricardo Bernal).

- “Feliz día para el carpintero con mas historia en Pehuajó. A la gran persona, al personaje noctambulo que demuestra que pasado los 90 años también se puede ser feliz. ¡Salud Don Biagioni! (Miguel Guzmán)
Compartir en Google Plus

0 comentarios:

Publicar un comentario