Virgen de la Medalla Milagrosa en barrio Pehuajó Chico

La Virgen de la Medalla Milagrosa, es también conocida como la Medalla milagrosa de la Inmaculada Concepción, tuvo en Pehuajó un oratorio que durante muchos años concitó la devoción de muchos fieles. Fue construido por iniciativa particular.


Está ubicado en la calle Francisco Ramirez, entre Méndez y Naón, jurisdicción del barrio “Pehuajó Chico”, Hace años, fue construido por los convecinos, ya fallecidos, Martín Frelliaro y Gerónimo Pellegrini, propietarios del inmueble que abarca toda una esquina y era utilizado habitualmente como casa de fin de semana.

Hubo épocas de intensa actividad y coparticipaba la comisión de fomento del citado barrio. Se realizaban oficios religiosos periódicamente, reuniones vecinales y cada 27 de noviembre la festividad alcanzaba mayor magnitud.

El oratorio en barrio Pehuajó Chico

La parroquia San Anselmoi brindaba apoyo a las actividades del oratorio, que aún se conserva pero está inactivo. El padre Mariano Cortés, párroco pehuajense, ratiticó a nuestro portal que el lugar surgió por iniciativa ajena a la parroquia y confirmó que en su interior aún están imágenes religiosas y elementos usados cuando estaba en plena actividad.

Seguramente muchos lectores desconocen la existencia del aludido ámbito de fe, así como otros recordarán el rol que cumplió en su momento.

A modo de adhesión a la festividad de la Virgen de la Medalla Milagrosa, es oportuno señalar que es una fiesta en honor la Virgen María en relación a una medalla, cuyo elaboración fue implementada por Santa Catalina Labouré siguiendo las indicaciones que la misma Santísima Virgen María le dio a conocer en una aparición en Rue du Bac, París, Francia.

“La tarde el 27 de Noviembre de 1830, sábado víspera del primer domingo de Adviento, en la capilla, estaba Sor Catalina haciendo su meditación, cuando le pareció oír el roce de un traje de seda que le hace recordar la aparición anterior.

Aparece la Virgen Santísima, vestida de blanco con mangas largas y túnica cerrada hasta el cuello. Cubría su cabeza un velo blanco que sin ocultar su figura caía por ambos lados hasta los pies. Cuando quiso describir su rostro solo acertó a decir que era la Virgen María en su mayor belleza.

Sus pies posaban sobre un globo blanco, del que únicamente se veía la parte superior, y aplastaban una serpiente verde con pintas amarillas. Sus manos elevadas a la altura del corazón sostenían otro globo pequeño de oro, coronado por una crucecita.


La Santísima Virgen mantenía una actitud suplicante, como ofreciendo el globo. A veces miraba al cielo y a veces a la tierra. De pronto sus dedos se llenaron de anillos adornados con piedras preciosas que brillaban y derramaban su luz en todas direcciones, circundándola en este momento de tal claridad, que no era posible verla.

Tenía tres anillos en cada dedo; el más grueso junto a la mano; uno de tamaño mediano en el medio, y no más pequeño, en la extremidad. De las piedras preciosas de los anillos salían los rayos, que se alargaban hacia abajo; llenaban toda la parte baja.

Mientras Sor Catalina contemplaba a la Virgen, ella la miró y dijo a su corazón:

Este globo que ves (a los pies de la Virgen) representa al mundo entero, especialmente Francia y a cada alma en particular. Estos rayos simbolizan las gracias que yo derramo sobre los que las piden. Las perlas que no emiten rayos son las gracias de las almas que no piden.

Con estas palabras La Virgen se da a conocer como la mediadora de las gracias que nos vienen de Jesucristo.

El globo de oro (la riqueza de gracias) se desvaneció de entre las manos de la Virgen. Sus brazos se extendieron abiertos, mientras los rayos de luz seguían cayendo sobre el globo blanco de sus pies”, expresa el sitio web de ACI prensa.


Oración a la Virgen de la Medalla Milagrosa


“Postrado ante vuestro acatamiento, ¡Virgen de la Medalla Milagrosa! y después de saludaros en el augusto misterio de vuestra Concepción sin mancha, os elijo, desde ahora para siempre, por mi Madre, abogada, reina y señora de todas mis acciones, y protectora ante la majestad de Dios.

Yo os prometo, Virgen purísima, no olvidaros jamás, ni vuestro culto, ni los intereses de vuestra gloria, a la vez que os prometo también promover en los que me rodean vuestro amor.

Recibidme, Madre tierna, desde este momento y sed para mí el refugio en esta vida y el sostén a la hora de la muerte.

¡Oh María sin pecado concebida! ¡Ruega por nosotros que recurrimos a Ti!
Amén”.

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