Aguacil: custodio de la calidad ambiental

Otro conocido habitante de nuestra región. Es prehistórico y ha cumplido diversos y notorios roles. Lo asociaron a prosperidad, armonía y suerte, además de contribuir al ecosistema.

Autor: Luciano Echeto / Foto: Lily Homs

OTROS NOMBRES: libélula, caballito de diablo, señorita.

DESCRIPCIÓN: insecto prehistórico que posee grandes ojos con estructura compleja, visión de 360º, 2 pares de fuertes alas que lo hacen muy veloz, abdomen alargado segmentado. Grandes mandíbulas y patas robustas con espinas para cazar al vuelo. 6 patas, no pica.

ALIMENTACIÓN: consume mosquitos, abejas, mariposas y demás insectos.

HÁBITAT: vive en cercanías de lagos, lagunas, ríos y pantanos, donde puede reproducirse.

REPRODUCCIÓN: el macho se exhibe para cortejar, luego le sujeta a la hembra la cabeza con unas pinzas especiales ubicadas en su abdomen. Ella pone los huevos en el agua, que eclosionan en ninfas que se alimentan de larvas de mosquitos.

COSTUMBRES Y CURIOSIDADES: los machos poseen un órgano que tiene como función retirar el esperma que la hembra pudiera tener de la fecundación de otros machos. Puede batir sus alas anteriores y posteriores de forma simultánea o alternada. La mayor parte de la vida vive en forma de ninfa, debajo del agua.

VALORES Y CREENCIAS: para los nativos americanos era símbolo de pureza, transformación, victoria, felicidad y velocidad. Lanzaban libélulas en el agua para controlar mosquitos que causaban la fiebre amarilla. Los japoneses la utilizan como emblema de poder y agilidad. En China la asocian con la prosperidad, armonía y suerte.

CONSERVACIÓN: no se encuentra en peligro de extinción. Su población está equilibrada ambientalmente.

IMPORTANCIA: es indicador de la calidad del ambiente, humedad y tormentas. Controla la población de insectos, moscas y mosquitos que pueden transmitir enfermedades. Mantiene el correcto funcionamiento del ecosistema.


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