Por la música, la familia y la vida

El músico José Boses concretó un tributo muy especial. Generó una velada plena de emociones. Celebró su cumpleaños rindiendo homenaje a su padre junto a familiares y músicos amigos. Imborrables recuerdos calaron muy profundo.

Hacer realidad objetivos, cumplir sueños acunados en silencio, es un privilegio que enaltece a quien los logra y enriquece a quienes lo comparten. José Félix Boses, talentoso músico pehuajense, ostenta ese particular privilegio. Cada vez que se propuso algo lo logró. Su trayectoria está impregnada de hechos que alimentan su alma y por lógica consecuencia a su entorno.

Hace pocos días, justo cuando cumplía un año más de vida, se dio el enorme gusto de rendirle tributo a su padre, a través de un concierto compartido con familiares, también amantes de la música, y un grupo de amigos, varios de ellos discípulos del experimentador profesor de guitarra.

No es fácil descubrir lo que un ser humano siente ante un homenaje de esas características. Y tampoco es fácil traducir en palabras el sentimiento interior que lo invade. “Fue un hermoso recuerdo”, nos dijo José y añadió dubitativo “Tal vez algo por demás afectivo y con recuerdos imborrables de mi padre y ahora míos por los años caminados”.

Sólo él sabrá que sintió la noche del pasado 29 de junio, cuando dejó atrás otro almanaque. No fue un cumpleaños más, tuvo un matiz muy particular. Junto a sus seres queridos, que lo acompañaron siempre durante más de 50 años, y junto a sus amigos guitarristas, la mayoría ex alumnos, le rindió homenaje a su padre.

José María Boses fue un brillante cultor de la guitarra. Tuvo la satisfacción de compartir muchas experiencias con su hijo. Don José formó parte del grupo estable de músicos de Radio Nacional. Durante un memorable ciclo denominado “Las dos caratulas”, teatro para la humanidad, José María y José Félix compartieron una obra especialmente creada.

“Ir a Buenos Aires y a radio Nacional en aquellos tiempos fue algo maravilloso”, señaló José y esa actuación, “en vivo porque nada se grababa en esa época, fue una de las primeras actuaciones muy grandes para mí”, reafirma.

Y seguramente la noche del tributo se reencontró con esa actuación como con tantas otras protagonizadas por padre e hijo. Como con la primera guitarra de plástico que siendo niño le compró su madre en Bragado. Siempre dice que “Era un juguete pero yo la hacía sonar. Tenía la influencia de papá”.

Seguramente revivió los apasionados momentos con la vieja guitarra de su abuelo, también usada por su padre. Tenía clavijas de madera, era pequeña, pero con ella comenzó a estudiar en la Escuela Municipal y dio los primeros pasos.


Y seguramente renacieron en su mente las muchas veces que actúo en público con su padre. Y los numerosos encuentros familiares y de amigos, a pleno dúo, allá en la casa de la calle Castañeda. Se entendían con la mirada y tenían la capacidad de tocar diversidad de ritmos con un impecable calidad interpretativa.

Nos asociamos a los sentimientos que desbordaron el corazón de José Félix en la reciente noche cumpleañera. Y nos congratulamos de significar el feliz reconocimiento y damos “Gracias a la vida” al vivir y compartir sus cosas simples con simpleza y naturalidad.

Fue una velada memorable. José María y su hijo José Félix, rodeado de sus afectos, rindieron tributo a la música, a la familia y a la vida.

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