“Cada momento que Dios nos regala es maravilloso”

Así se manifiesta Gustavo Alejandro Báez, en referencia a la maravillosa experiencia vivida en aldeas de pueblos originarios, en Misiones, junto a un grupo de pehuajenses que participaron del programa “Docentes por los niño”. La felicidad de dar y compartir.


Gustavo Báez, titular de GA Pelukero, perseverante auspiciante de “Mirá”, formó parte del grupo de convecinos que en las últimas vacaciones invernales viajaron a aldeas radicadas en la provincia de Misiones, para hacer realidad otro gesto de solidaridad para con nuestros hermanos en esa zona del país.

“Todo surgió -cuenta- por una invitación de mi amiga Sofía que me provocó mucho entusiasmo y sentí una felicidad de poder ir. Sin dudarlo dije que sí y me conecté con Gilda Falcone que es la organizadora de la misión”.

Gustavo ha tenido otrora activa participación en otros grupos de ayuda y reflexión. En este caso decidió sumarse “porque hacía ya varios años que no hacía ninguna misión y de poder experimentar “el dar” y ver además las comunidades originarias, su cultura y su gente”.

Las impresiones de Gustavo son elocuentes en cuanto a los habitantes de las aldeas y sus costumbres. “Ellos son muy diferentes en realidades y culturas. Los niños andan descalzos, no por no tener calzado, ellos son libres con el contacto con la tierra. Algo maravilloso que nos pasó fue que nos dejaron compartir su oración en su lugar sagrado, una cabaña echa de cañas y adobe donde las niñas tocaban un instrumento y elevaban su oración a Dios. Fue maravilloso”.

Y entre otras actividades, Báez aportó sus conocimientos profesionales en favor de aquellos hermanos, que al mismo tiempo recibieron alimentos obtenidos solidariamente por el grupo en el partido de Pehuajó. “Realicé aquello que podía dejar una pequeña semilla como maestro peluquero: me junté en unas de las aldeas con jóvenes que cortaban el cabello y les di una sencilla clase como aporte de esta misión”, señaló.

Luego de compartir momentos tan gratificantes dolió partir para regresar. “Sí la partida siempre cuesta, uno siempre quiere más tiempo para seguir dando aquello que llamamos solidaridad”, remarca Gustavo y con emoción reafirma: “Pienso que cada momento que Dios nos regala es maravilloso y poder hacer de estos, felicidad plena. Es un deber como ser humano darse y compartir lo que sabemos. Me llena de alegría”.

Al concluir el diálogo, Báez hace público su agradecimiento al grupo con el cual compartió esta experiencia de amor, a los docentes y demás componentes del grupo que priorizó trabajar y hacer algo por los niños y sus familias que viven en aquellos lejanos parajes argentinos.

Compartimos la alegría que lo embarga y un sentimiento muy especial de sana comprensión y solidaridad que está predispuesto a repetir, claro que “con mucho más para dar”…
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