Reencuentro feliz

Un día alguien se propuso celebrar los 50 años de su barrio. Se sumaron otras voluntades y el festejo se hizo realidad. Fue solidario y participativo, como cuando se originó el barrio hecho por las manos de los propios dueños. Una iniciativa con matices y connotaciones muy especiales.

El barrio ATEPAM (Asistencia Técnica, Esfuerzo Propio y Ayuda Mutua), celebró de manera particular el cincuentenario de su fundación, cumplidos el pasado 26 de marzo. El acontecimiento tuvo lugar el “Pase de las madres”, plazoleta que forma parte del aludido barrio delimitado por las calles León XIII, Pio XI, Rojas, Encina, Isabel La Católica y Rafael Hernández.

Allí estuvieron presentes adjudicatarios, hijos, nietos y bisnietos. Algunos aún viven en el barrio y otros aprovecharon la convocatoria para reencontrarse y revivir lo que fue un verdadero desafío de solidaridad, participación y esfuerzos compartidos, porque los hacedores fueron los 50 adjudicatarios, quienes bajo la supervisión de profesionales de la construcción y la ayuda de familiares y amigos construyeron su propia casa.

Fue un hecho relevante, significativo e integrador. Una experiencia de comunidad que vale la pena analizar y por qué no, tener en cuenta para emprendimientos habitacionales. La emoción dominó la celebración, hubo descubrimiento de placas conmemorativas, invocación religiosa y una almuerzo a la canasta en la misma plazoleta.

Ricardo Bernal, impulsor de la iniciativa, presentó ese mismo día “Barrio ATEPAM, nuestro orgullo”, publicación que relata la experiencia de aquellos laboriosos convecinos, que trabajaron intensamente, quitando horas al trabajo y al descanso, para construir su techo propio, fuerte y robusto, usando buenos materiales pero poniendo mucho amor.
“El ATEPAM, de paredes blancas y cenefa gris, y sus palos de cemento con cuatro hilos de alambre dulce, que nos delimitaba nuestros terrenos, quedaba lejos del centro, o parecía muy lejos. El ATEPAM de la bomba verde, con la cuál subíamos el agua al tanque. Estaba rodeado por el gran barrio Obrero y casi en el campo, casi hasta la feria “de la Ganadera”, afirma Berrnal en el libro mencionado.

“Las calles de tierra angostas, y sus formas modernas para esos años, confundía a los amigos y familiares que nos venían a visitar y hasta a los carteros, que por supuesto conocían a Pehuajó como la palma de su mano. Para colmo había dos Hernando, dos Bernal, dos Gilarducci, un Vivas y un Vives, un Branchesi y un Bracheti. Y aún hoy a 50 años, en el 2018, la gente no nos encuentra y cuando nos encuentran nos dicen: “qué lindo barrio”.

Un barrio con hermosos espacios verdes y donde estaba el galpón del obrador, se construyo una plazoleta. Siempre entre todos. Lo llamaron el paseo “De las Madres”, en homenaje a las estoicas esposas. La placa en el monolito lo dice: “En el día de la madre. Octubre de 1969”. Y los árboles allí plantados, guardan nuestros secretos y son testigo de nuestras vidas. Tienen 50 años.

Lo eran ferroviarios, empleados públicos, bancarios, sombrerero, sastres, correo, vialidad, molineros, gráfico, albañil, empleados, telefónicos,etc. Pero casi nadie era albañil. Hombres que nunca habían agarrado una cuchara o un nivel. Pero ahí estaban, prestos al sacrificio. Y las esposas acompañando firmes, y los hijos expectantes. Casi todos de muy corta edad. Eramos un semillero de pibes, en un almacigo de familias”.
Cabe acotar que de las 50 familias originarias, actualmente conservan la casa tres matrimonios,pero esas familias dieron 134 hijos continúan el legado y también nuevos propietarios se sumaron al ATEPAM.

Bienvenida la celebración barrial. Los buenos recuerdos y las buenas acciones siempre hacen bien y mucho más cuando se traducen en ejemplos aún posibles de poner en práctica.

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