Testimonio de amor

El pasado 6 de abril de 2018, nos sorprendió el aviso parroquial. “Falleció hoy, en Pehuajó, Elisa “Chucha” Garre, laica consagrada del Instituto Cristífero, incansable catequista y servidora de la comunidad parroquial”. Un mes atrás, había sido homenajeada en la Municipalidad, con motivo del día de la mujer. Hace años había sido distinguida como “buena vecina”.

Hace tres años, Mirá compartió en hermoso encuentro con ella, justamente el 8 de marzo. Habíamos pactado la entrevista por el día de la mujer. Cuando terminó el diálogo, nos pidió que no la publicáramos, prefería pasar por desapercibida y forma anónima y silenciosa rezar por sus semejantes.
Respetamos su pedido y limitamos la entrevista a destacar su manera de ser, sus bienaventuranzas, su actitud de vida y su preferencia de hablar de las cosas positivas de la vida, no de ella y de los demás.
Hoy, ante su retorno a la Casa del Señor, es justo valorar su accionar y su obra de bien. Había nacido en Capital Federal, bautizada en una parroquia del barrio Balvanera y confirmada en la Catedral de Buenos Aires. Luego, con sus padres, se radicó en Pehuajó, ciudad que amó e hizo entrañablemente suya.
Fue maestra recibida en la Escuela Normal. Ejerció la docencia en ámbitos estatales y privados, además estudió filosofía y letras, llegado a jubilarse como Inspectora de Psicología. Desde joven se consagró a Dios, como discípula del Instituto Cristífero de Azul, a fin de “dar testimonio del amor del Padre para y desde el mundo”.
Trabajó intensamente en favor de instituciones comunitarias y de asistencia, como Caritas Pehuajó. Fue impulsora y activa luchadora para la creación y afianzamiento de OBROIN, como para la construcción de la capilla San Cayetano, en el barrio Don Domingo, que se concretó .nos dijo- tal como la había soñado.
Aquella tarde de marzo revivió momentos de su accionar evangelizador por las capillas Santa Teresita, Fátima, San Cayetano, Nueva Plata y Chiclana. Recordó al monje Monterrosa (Bolívar), el padre Aluchi, el educador Estanislao Gauna, el Dr. Samuel Steimberg, los sacerdotes Keegan, Mateos y Torres. Y la emoción indescriptible que la embargó el día que un argentino, monseñor Jorge Bergoglio fue designado Papa.
Tenía 96 años. Vivió siempre actualizada. Sabía lo que sucedía en en su pueblo, en su país y en el mundo. La consternaban y le dolían la crueldad de hechos deshumanizantes. Le costaba entender, en los últimos años, el mundo de hoy y le angustiaba que la gente viva confundida y confunda a los demás.
En su casa de la calle Echeverría seguía el oficio de la misa por televisión. Tenía sus espacios de rezo y reflexión. Amigos y creyentes solían acompañarla en sus oraciones y se reunían para rezar. Sostenía que “el Señor la ama de una manera especial, sino no se hubiera dedicado a lo que se dedicó toda su vida”.
Así era “Chucha”. En aquel atardecer nos sumamos a sus ruegos y plegarias. Y al retirarnos, nos dijo que se sentía “conforme y feliz” pero que más de una vez se preguntaba a sí mismo: “¿Señor, me habrá quedado algo por hacer?”...
Descansa en paz.
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