Más de 50 años a puro pedal

Casi tienen la misma edad, solo unos meses de diferencia. El ciclismo los unió hace más de medio siglo.Si bien hubo paréntesis, el vínculo no se rompió. Hoy veteranos siguen tallando en distintos escenarios ciclísticos.Vivencias y recuerdos de dos pedalistas cuyo accionar es un ejemplo para imitar.

Mate por medio, apretando los labios y con los ojos llenos de brillo por momentos, Pedro Cantarini (72), jubilado de Vialidad, y Valentín Rodríguez (73), retirado de la Policía, evocan los inicios de un deporte que los atrapó y que hoy cultivan con la misma intensidad de los primeros tiempos.

Cantarini nació en Madero y a los 16 años se afincó en Pehuajó. “Era chico y un día me llamó la atención una bicicleta que llevaron los Galeano. Era una bicicleta de media carreta, mi hermano se la compra. No veía la hora de que llegará el sábado para que mi hermano viniera con esa bicicleta, había un campito y agarré la asada y un hilo largo e hice un redondel y lo pelé todo, cuando venía mi hermano andaba en bicicleta ahí adentro. Era la locura”.

La travesura en el suelo natal marcó a “Pachanga”. Recuerda que en ese tiempo empezaron a correr los hermanos Moya. “Eso me llamaba la atención también pero después se me borró porque en el campo todo era andar a caballo. Y cuando vine a Pehuajó me reencuentro con el ciclismo”.

“Vine a Pehuajó en el año 59 y en el 60 me hice amigo de Zuccari, Villabrille, entre otros. Coco Citerio, que trabajaba conmigo, me entusiasmó y empecé. No se hacían muchas carreras. Entonces entrenábamos abundante. Me conseguí una Durifour que habían dejado en lo del Negro Martínez, la había arreglado muy bien. Con esa empecé, la primera carrera la corrí a los 17 años, en una pista de tierra que había donde ahora está la cancha de KDT. Ahí corrían los Coronel, Villabrille, el flaco Lorenzo, Duberti, el negro Pérez...”.
Rodríguez nació en Chivilcoy, y a los 5 años se vino a Pehuajó. Hijo de padre ferroviario, vivió varios traslados. “Estuvimos en Luján, Bragado, Catriló, Cuenca. Cuando se estaba por jubilar se radicó acá, compró una quinta de dos hectáreas cerca del cementerio.

Aprendí a andar en bicicleta a los 17 años. La primer bicicleta se la compré al negro Martínez, una Hispano France. Mi viejo me preguntó por qué la había comprado. ‘Porque me gusta ir a entrenar’, la dije. La cuestión que al año ya corría. A los 4 años tenía lo mejor en la bicicleta y el viejo me decía que me gastaba la plata del sueldo en la bicicleta. ‘Pero papi’ -le contesté- ‘yo no fumo, no tomo’. ‘Ah, en eso tenés razón’, me contestó”.

Y los recuerdos brotan a flor de labios. Imposible citar a todos. “Siempre me gustó tener una buena bicicleta -dice Valentín-, la primera carrera fue en Plaza Italia, que tenía media parte de asfalto y media de tierra. Después hubo otra en la escuela 48 que también corrió Cantarini. Se formó un lindo grupo y todos los domingos salíamos a entrenar. A veces nos íbamos hasta Trenque Lauquen y nos quedábamos a dormir en la estación. Otras veces en la casa del Negro Didoménico. Al otro día volvíamos”.

“Un día me fui con piñón fijo, se me hizo una bola en la pierna por calambre, y seguí despacito, aflojé las piernas, hasta que se me aflojó. Pero éramos jóvenes. Saltábamos la vía que cruza yendo para Madero. Veníamos a 80 kilómetros atrás de un camión y pegábamos un golpe al manubrio y a los pedales, subíamos unos 50 centímetros y caíamos a los tres metros”, dice Rodríguez. “Teníamos la juventud a pleno”, acota Cantarini, y Valentín añade: “Sacábamos la pintura a los paragolpes al rozar con la rueda y después pensábamos, si había una esquirla de una soldadura eléctrica rompés todo”. Y remarca Pedro: “Cuando uno es joven no piensa, hace cualquier cosa...”.

LA PRIMERA CARRERA NO SE OLVIDA

Cantarini: “La primera la gané un 25 de mayo, en la plaza Italia, mitad tierra y mitad asfalto. Ahí corrió y conocí al Negro Belén que ya tenía más de 60 años. Recuerdo que tenía a un metro gente y gente. Era impresionante la gente que iba en esa época. A Pascua, que llegó segundo, le saqué dos vueltas. Gané la primer copa que aún la tengo”.

Rodríguez: “La primera mía fue en un circuito alrededor de la Escuela Normal. Yo en la ruta andaba una barbaridad pero en circuito no. Me acuerdo que le dije a Landi porque no hacen una crono. Y así fue alrededor de la escuela. Saqué más de media vuelta y corría el negro Bri, quien me rozó y me caí. Me pelé todo. En ese tiempo andaba de novio, mi señora lloraba cuando me vio. Me recuperé, enderecé el manubrio, seguí y gané. Fue una de las mejores carreras”.

Como señalamos antes hubo un parate en la actividad de ambos, por problemas o prioridades familiares, pero volvieron a encontrarse y hasta la actualidad el “pedaleo” es compartido.

Valentín paró 30 años: “Cuando enfermó mi señora en 1980, tuve que vender todo. Se hizo la pista acá, yo estaba a 4 cuadras y nunca fui. Todo vendí, hasta las herramientas. Después cuando me jubilé, me dije: ‘¿Qué hago ahora?’, Paso por lo Fallico y veo en la vidriera una bicicleta de carrera armada. La compré y empecé otra vez”.

Y enseguida añade, jocoso y feliz: “Al primer campeonato me llevó Pachanga con la señora, a Chilecito, La Rioja. 400 kilómetros de entrenamiento. Estaba arriba de la tarima donde te largan y decía: ‘¿Qué estoy haciendo acá arriba?’”, recuerda entre risas.

Y el caso de Pachanga es parecido. “Cuando compré el terreno para hacer la casa, vendí la bicicleta. Gracias a Dios donde hoy vivo. Fue pasando el tiempo, me armé de otra bicicleta y empecé otra vez. Cuando me casé, formé mi familia, estuve parado otro tiempo. Pedaleaba pero no competía.

Un día lo encontré y empezamos a pedalear, charlamos y nos juntamos. Antes estábamos medio separados por el trabajo. Yo dejé de trabajar y no conocía Pehuajó, porque siempre era de casa al trabajo y del trabajo a casa. Me levantaba a las 5 de la mañana y trabajaba hasta las 2 de la tarde. Pocas salidas, solo el sábado un rato, el domingo había que dormir temprano.

Gracias a Dios, me jubilé y no quería correr más, pero mi señora insistió y me mandaron a hacer una bicicleta a medida, que vino con el nombre de mi hija Sofía, porque el fabricante le ponía el nombre de cada nieto a las bicicletas y justo le tocó el nombre de mi hija. Ahí la tengo, junto con la rutera”, exclama complacido.

La amistad y el amor por lo que hacen sigue vigente. Valentín afirma: ”Él, si va a algún lado, me invita y vamos. Una de las carreras que más me gustó fue cuando me dijo ‘vamos a correr a Gral. Alvear’. Primero no quería porque era lejos pero cuando me dijo que era de ruta dije que sí.

Y nos encontramos con una sorpresa. Vamos allá y nos dicen ‘son los únicos en la categoría E, van a tener que largar con los mayores de 60’. Nos vamos a anotar y nos dicen ‘no pagan inscripción porque son los más viejito’s. Él salió primero y yo segundo. Vamos al podio y nos dan medalla de oro él, medalla de plata yo. Además un trofeo para cada uno, al ganador también una camiseta y encima un sobre, con 1000 para él y 500 para mí. No lo podíamos creer”.

PODIO Y CONSEJOS

Son sensaciones muy especiales, no se olvidan y estimulan. “Es un premio al esfuerzo, más con la gente de afuera, que te mira, te levanta el ánimo, bajas y te saludan, hace muy bien”, dice Pedro. “La gente te grita, es el mejor premio, el mejor reconocimiento”, agrega Valentín.

Andar en bicicleta es saludable, por eso estos dos experimentados veteranos, aconsejan tanto a jóvenes y adultos: “Agarrar una bicicleta es bueno, siempre que la bicicleta esté en condiciones y a medida. El que sale a pedalear si vas bien sentado, cómodo, te hará bien. Pero si vas mal sentado vendrás lleno de dolores. Andar en bicicleta es salud”, sostiene Cantarini mientras que Rodríguez sugiere: “Tenemos la suerte ahora de tener la pista en Pehuajó, es prudente recordar a quienes vayan que lleven casco y una botellita de agua. Uno lo hace porque le gusta y además a nuestra edad hay que hacer algo, sino te atrofias. Y el encierro no hace bien, te trabaja la cabeza. Vos agarrás la bicicleta y es una descarga, una terapia”.

Como no puede ser de otra manera, el balance es muy positivo. Los dos transmiten su entusiasmo y su pasión por el deportes de las dos ruedas. Están contentos y agradecen el apoyo de la familia, que es fundamental, y además el reconocimiento estimulante de gran cantidad de amigos. Y destacan los dos, el apoyo del actual Intendente de Pehuajó y de todos los anteriores que siempre dieron una mano a este deporte.

Fin de la mateada, rica en matices y buenas ondas, de dos jubilados que aprovechan el tiempo sin compromisos laborales apostando al deporte y la buena salud. El atardecer es atrapante, aún queda un rato de sol, buen motivo para terminar un día con un entrenamiento moderado, pensado seguramente en el próximo compromiso, nada menos que el campeonato argentino.

Pedro y Valentín cultivan un pasión que nació hace más de medio siglo. A los dos los anima un deseo compartido: seguir pedaleando por muchos, muchos años más…
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