¡Que te garúe finito!


Vieja expresión de uso frecuente por argentinos y uruguayos, equivalente a decir “chau” o “adiós”, pero en muchos casos con marcada ironía. “¡Que te garúe finito!” también depende del destinatario, no siempre puede ser en tono jocoso y burlón.


Su origen se atribuye a la voz quichua “garuana”, pero también la vinculan con el portugués y el vasco. Ahora, los rioplatenses afirman su afianzamiento en el lunfardo y en el tango de Enrique Cadícamo y Aníbal Troilo titulado “Garúa”, una pincelada poética carente de ironía, al sostener que la fina lluvia se acentúa y hasta el cielo se ha puesto a llorar.

Para muchos el dicho es apropiado para despedir a quien ha molestado o ha resultado “pesado” y agobiante. Como un dejo de ironía de tono burlón, despreciativo. Otros consideran un deseo leve, que caiga garúa finita no un chaparrón.
Y no falta el campesino o agricultor que toma la garúa finita como una bendición del cielo, porque su persistencia favorece la humedad de las capas profundas de la tierra y se facilita el hundimiento de las raíces más largas que benefician el desarrollo de la plantación.

Si garúa finito resultan más saludables las cosechas y se aplaca el rigor del verano. En definitiva, cualquiera sea la intención que motive su utilización, el dicho está aferrado a nuestra gente, y bienvenido tanto para fustigar alguna actitud desagradable o molesta, como para valorar sus efectos como una bendición.

Todo vale. No es agradable la garúa pero muchas veces, aunque molesta, no es motivo para quedarse en casa. Ver siempre lo positivo, es fruto de inteligencia.
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