“Al trabajo hay que quererlo, vivirlo, respetarlo”

Desde la adolescencia se aferró al trabajo y jamás se apartó de los valores inculcados por sus padres. Responsabilidad y perseverancia fueron sus aliados. Cincuenta años de permanencia en un mismo lugar, el Colegio de Médicos Distrito VII, institución que siente como propia y ama entrañablemente.

Puntual como siempre, nos recibe en su casa, donde brilla orden y pulcritud y se percibe una energía muy especial, esa misma que cultiva desde la niñez en todos los ámbitos. “En 1966 me vine desde Timote porque no había trabajo. Entonces decidí buscar en Pehuajó y conseguí en el Hospital. Me dijeron tenemos trabajo de mucama. No importa, contesté, no lo sé hacer pero lo aprendo”, rememora, y añade: “Luego me pasaron a la parte administrativa y en 1968 se va una empleada que tenía el Colegio de Médicos, que funcionaba dentro del mismo hospital. A partir de mañana no vengo más dijo esa empleada. Me paso al Círculo Médico que también funcionaba en el Hospital”.

Ese alejamiento no le hizo dudar en absoluto. “Yo digo, lo pido a ese trabajo. Al otro día, tempranito, veo al Dr. Raúl Hansen, secretario de Colegio, y le pido si puedo probar. ‘Pero cómo no, ya queda en el Colegio Médico’, respondió. A los pocos minutos llega una chica, pide hablar con el Dr. y le dice vengo por el trabajo y le contesta “hace 5 minutos que termino de tomar a la señorita, ya está cubierto el trabajo”.

Y así empezó el vínculo de Elsa con el Colegio de Médicos. “Tuve que aprender todo porque para mí la actividad del Colegio era chino puro. Y así empecé con la tareas administrativas, inscripción de médicos, etc. No había tecnología, solo un escritorio, una máquina de escribir, dos o tres sillas y un armario”.

ESFUERZO Y COLABORACIÓN
Tiempos distintos a los actuales, donde era necesario imaginación y esfuerzo. “Había que hacer mucha documentación que se mandaba a la zona y los boletines. Las nuevas generaciones que se criaron con la tecnología dirán que esta mujer vivía en un iglú, tipeábamos el stencil con la máquina de escribir sin la cinta para que perforara y después lo envolvíamos en el rodillo del mimeógrafo y durante horas hacíamos copias para enviar a toda la zona”.

El Colegio funcionó muchos años en el Hospital Arámburu, luego pasó al Círculo Médico conocido como la casa del médico. “El Colegio iba creciendo muy lentamente -acota Elsa- y se fue organizando mejor hasta que alquilaron en Del Campo y Zanni. Decidieron que tenía que tener casa propia, hicieron malabares para lograrla en Zanni y Adolfo Mitre. Todos colaboramos. Se iba a Olavarría para conseguir materiales más baratos”.

Hay detalles que demuestran su tarea y su amor por la entidad. “Teníamos una estufa, había que salir en bicicleta y hacer las colas porque escaseaba el kerosene. Traer los bidoncitos. Llenar la estufas, preparar las reuniones, limpiar el salón y esperar a los delegados. Había que ir al banco, al correo, todo sola durante 20 años, hasta que pusieron una señora para hacer la limpieza y más tarde tomaron una empleada”.

EL COLEGIO PARA MI FUE TODO
Su relato, sus gestos, la pasión que transmite es elocuente. “Siempre estuve junto al Colegio como tomada de la mano. Al trabajo hay que quererlo, si no lo querés no sirve. Hay que quererlo, vivirlo, respetarlo. Tuve la suerte de tener jefes que siempre pedían las cosas, no ordenaban, siempre pedían. Respetuosos, buenos, que terminaron siendo compañeros. Al pasar tantos años es como ser parte de sus familias”.

La afirmación es contundente: “El Colegio para mí fue todo. 11 años trabajé en el Colegio y en el Hospital, hasta que un día renuncié al hospital. He caminado siempre al lado de Colegio que en abril cumple 60 años y yo también en abril 50 años en el Colegio”.

Elsa insiste: “Hay que cuidar el trabajo, no solamente ocuparse del lugar donde estás sentado. Querelo de afuera, quererlo de adentro. Quererlo todo, entero. Compartir todo. Ser buenas personas, compartir, todo lo que uno sabe enseñarselo al otro. Nada se regala todo se gana. No podés decir “no sé”, lo voy aprender debes decir”.

Llegó la edad jubilatoria pero no claudicó, prosiguió aferrada a su segunda casa. “Debo agradecer a Dios darme tanta salud para poder trabajar tantos años. Y un agradecimiento especial al presidente actual. Dr. Cardus, quien cuando me jubilé hace 10 años, me preguntó si quería seguir trabajando, que no me fuera tan de golpe, porque había una apego muy especial, un enamoramiento, uno se siente parte. Y acepté seguir con algunas condiciones, menos horas, menos tareas. Me dijo que era por un año, ya hace diez años que estoy jubilada y sigo trabajando”.

Reflexiona y se emociona. “A veces me parece que es un sueño. Haberme venido de Timote, un pueblo de 600 personas, a Pehuajó, fue como irme a Buenos Aires. No conocía a nadie. Vivía sola en una pensión. Muchas veces pensé en volver pero reflexionaba si me vine fue porque no quería aquello, Me quedé, tenía que hacer algo”.

“DESPACITO, ME ESTOY YENDO”
Y el recuerdo de su familia es ineludible: “Mi padre vino de Polonia, para él trabajar era sagrado. De parte de mi madre vinieron de Alemania después de la guerra. Vinieron a trabajar pero no nos decían tenés que trabajar, porque lo que veíamos de ellos lo aprendíamos, lo hacíamos, no nos tenían que obligar. Esa es la escuela que recibí y la puse siempre en práctica. Trabajar es hermoso”.

La experiencia adquirida por Elsa y el camino recorrido en las relaciones laborales se traducen en sabios consejos. “Queré lo que tenés y no quieras lo que tenga el vecino.

Dios quiera que un día nos abracemos todos, para trabajar juntos, no por una idea sino por un país, por este hermoso país que tenemos, poner todos un granito de arena y ser felices”.

La primeras sombras de la noche marcan el final del encuentro, saludamos a Jorge, su esposo, compañero de toda la vida, que ha sabido secundarla y comprenderla, en las buenas y en las malas. Y nos vamos, pensando que no debe haber muchas trabajadoras incansables y responsables como Elsa Saulevich. Ejemplo de vida, de lucha y perseverancia.

Nos despedimos. Fue un encuentro gratificante, esperanzador. Nuestra homenajeada se siente “feliz y contenta”. Ha cumplido 50 años en el mismo trabajo, en su querido Colegio de Médicos. “Me siento feliz de ser un ladrillo de la casa -concluye- 50 años en el mismo lugar. Me parece mentira, pero despacito me estoy yendo. El día que diga basta, me voy sin saludar, diré chau, hasta mañana, hasta luego, porque sino me traicionan los sentimientos”.



Secuencias familiares. Su madre y tres generaciones posteriores. Su esposo y sobrinos. Elsa y sus firmes afectos: “Soy una mujer que hasta hoy tiene la suerte de compartir con amigos la charla, el matecito, una reunión. Quiero a la familia, a mi marido y a los amigos. No tengo hijos pero disfruto mirar la luna y las puestas de sol. Me gusta leer y escuchar música. Me gustan las plantas y amo las flores. En otoño, me encanta caminar sobre hojas caídas y escuchar su crujir».


Los amigos presentes
-”Nacida en Timote, adora su pueblo, feliz por su vida en su comienzo, recuerda cada cosa que debía pasar junto a su familia. Mujer de carácter, pero servicial con todo el mundo, siempre con una sonrisa o una buena palabra. Amiga de la cocina (dulces, escabeches y todo lo que se pueda imaginar), hacedora de regalos naturales (plantas). Sus sobrinos son su debilidad. Una amiga “la polaca”.
Mercedes y Miguel

-”Gran persona, gran amiga. Compartimos charlas, cenas y viajes. Siempre dispuesta a ayudar. Va y viene sin parar, rapidito, debido a eso le pusieron un apodo (ella lo sabe) el cual no digo porque no es mío… Felicitaciones, amiga. A descansar, te lo merecés”.
Mabel y Miguel

-”Elsa, al llegar a las bodas de oro en tu trabajo, queremos felicitarte por ello y conociéndote sabemos el compañerismo, las ideas y el buen humor que habrás repartido en estos 50 años, con el corazón que tenés y lo servicial y dispuesta a todo lo que sos. Queremos compartir con vos estos momentos y decirte que estamos orgullosos de la amistad que hemos compartido y que seguirá creciendo porque así lo apreciamos y vos te lo mereces. Muchas felicidades Elsa en este aniversario y un beso grandote”.
Dorita y Manolo


Compañeros de trabajo
-”Conocí a Elsa en el año 1983 cuando entre a trabajar en el Colegio. Hoy mi deseo es que en esta nueva etapa siga cumpliendo sus deseos personales y agradezco el tiempo dedicado a enseñarme, en su momento, la actividad de Colegio. Me quedan muy lindos recuerdos. ¡Muchas Felicidades en sus bodas de Oro!
Marta Ortellado

-”Es una persona que a la hora de enseñarme nunca tuvo reparos y no se guardó nada. Envidiable su dinamismo y sus ganas de hacer cosas. Deseo que siga siempre con ese espíritu que la caracteriza, jovial y enérgico. Sin dudas una gran maestra para mí. Me quedan los mejores recuerdos, muchas charlas y enseñanzas compartidas”.
Verónica Borrego

-“Que decir de una persona que se brindó al trabajo como es, entusiasta, tenaz, capaz, buena compañera y nunca faltó poner el oído para dar un buen consejo, como compañera y hasta como madre. Admirable y difícil de acompañar e igualar por su espíritu de trabajo. Mi deseo: Que continúes en cada instancia de tu vida de la misma manera”.
Christian Génova.


-”Tu sabiduría y tus palabras justas siempre. Hoy está todo cubierto.… de mi parte”.
Gustavo Trinitario



PILDORITAS
-”No había lugar en el hospital para hacer las reuniones y se pedía prestado el club Atlético. Habría 300 o 400 matriculados en aquellos primeros diez años y en la actualidad hay más de 1000”.

-”Cuando se hizo la primera elección de las autoridades del Colegio, se le ofreció la presidencia al médico más antiguo que había en ese momento, que era el Dr. Erraíz de Pehuajó. Conservo gratos recuerdos de todos los presidentes, todos ejercieron los cargos con responsabilidad. Hay mucho trabajo en el Colegio, y todos trabajan bien, son buenos, respetuosos”.

-”Cuando decidieron comprar casa me pidieron que saliera a averiguar. Me recorrí todo Pehuajó preguntando hasta que se consiguió el terreno en Adolfo Mitre y Balcarce, donde se construyó el edificio. Ese lugar para mí era lo más. No podía creer que era la casa del Colegio, una cosa maravillosa. Y ahora me parece hasta mentira venir a la calle Mitre a una casa hermosa. Cómo creció, lo conocí tan pequeñito…”
- “Aún están cortinas que se usaron 20 años en la otra casa y ya llevan 13 en la nueva casa. Me ocupé de lavarlas, conservarlas, cuidarlas. Yo miro el Colegio de adentro y de afuera como si fuese mi casa. Cuido todo, desde la planta, la flor, el pasto que esté cortado, si hay que limpiar un bronce. A veces se peca por exigente, se me sube el “polaco” y digo no vieron que ese bronce estaba sucio, pero bueno me sale de adentro.

Me gusta que todo esté bien, reconozco que soy muy exigente, una adicta al trabajo”.


PING PONG
-¿Un deseo?: «Un país unido, donde todos pongamos un granito de arena».
-¿Una esperanza?: «Llegar a tener muchos años más, sana y vital como hoy».
-¿Un recuerdo?: «Muchos, no puedo elegir uno».
-¿Una gratitud?: «A las autoridades del Colegio Médico».
-¿Una ingratitud?: «No tengo».
-¿Un amor?: «La vida, que es hoy, ayer ya pasó, mañana no llegó».
-¿Un rencor?: «Ninguno. No lo conozco».
-¿Una frustración?: «Ninguna».
-¿Pehuajó?: «Mi segundo hogar, donde conocí gente muy buena».
-¿Timote?: «Mi corazoncito. Ahí nací, ahí me formé».
-¿El Colegio Médico?: «La segunda casa, la casa dos».
-¿Un ídolo?: «No tengo».
-¿Dios?: «Lo más».
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