Bailar para ser feliz

Es bailarina, coreógrafa, actriz. Ama lo que hace y lo transmite con particular naturalidad. Se capacitó en el estudio de Flavio Mendoza. Afirma que bailar cambia la vida. La experiencia en Pehuajó es significativa. Libre acceso para sentirse feliz.

El espacio está vacío, el sol que se mete por las ventanas confiere matices especiales. Fondo musical suave secundan la mano extendida de la inquieta y talentosa bailarina acercando un exquisito mate amargo. No hay sillas. Sentados sobre el impecable piso donde numerosos pehuajenses descubren el encanto y la magia de la danza, recogemos las impresiones de Maricel Celeste Agostini (30), encantadora bohemia que llegó a Pehuajó hace dos años e impulsó un emprendimiento transformador, que apuesta a que todos se sientan felices.

“Nací en Tapalqué, a los 3 años y medio mi familia se fue a vivir a Salliqueló. Ahí hasta los 23 años. En Salliqueló hice la escuela primaria, la secundaria y allá tuve mi primer estudio de baile. La primera clase la di a los 13 años, enseñé a bailar rock, a los nenes de primer grado de una maestra que yo había tenido. Ahí arranqué”, dice Celeste que no define un por qué concreto de su entrega al fascinante mundo de la danza.
“La verdad no sé, pero mi afecto por la danza lo tengo desde que era super chiquitita. Empecé a bailar danzas clásicas a los 6 años, acobardaba a todo el mundo en mi casa. Pero siempre me gustó bailar, miraba todos los programas para chicos. Cuando pasaban óperas en la tele quedaba estática mirando todo. Mi mamá decidió llevarme a estudiar baile y así arranqué y no paré”.

UN DÍA LLEGÓ A PEHUAJÓ
Y la pregunta obligada: ¿Por qué llegaste a Pehuajó?. “Por familiares que tengo acá. Estaba en Buenos Aires tomando clases en el estudio de Flavio Mendoza. Por un par de lesiones tuve que dejar y mi tía precisaba una empleada y me vine a vivir acá. Estaba medio día haciendo algo y mediodía sin hacer nada. Con casi 30 años y después de vivir sola muchos años, dije que me tenía que independizar”.

Y enseguida comenzó a tocar timbres. “Me acerqué a la Municipalidad y me dieron lugar en “el galpón” donde empecé a dar clases de gimnasia y acrobacia. También daba en clubes, gimnasios, hasta que centré todas mis actividades en un ámbito propio. Alquilé un espacio, junto con 6 profesores más, tres de Trenque Lauquen y dos chicas de acá”.

Y así comenzó una etapa muy fructífera para los objetivos de Celeste y quienes la acompañan. “Dijimos que era un espacio integral porque la realidad es que integramos a todas las personas. Tenemos alumnos desde 3 años hasta gente de más de 60 y de todos los géneros. De hecho, una de las profesoras es transgénero, porque muchas veces creemos que tenemos la mente abierta, pero a la hora de… hay muchos prejuicios. Hasta por ahí no les abren las puertas a los jóvenes, los chicos de Trenque Lauquen son muy jóvenes y talentosos”.


TODOS PUEDEN APRENDER A BAILAR
Habla rápido, pero con suma claridad. Sus gestos y su mirada transmiten el sentimiento de una vocación que adora. “La vida del bailarín es así. Capaz que no tenemos para comprar un kilo de carne, pero vamos a un estudio y pagamos una clase. La idea es que la gente aprenda a bailar de todo, desde lo fácil hasta lo redifícil, con el único motivo de sentirse feliz”.

Y en su espacio todo es integración, participación y ayuda mutua. “Todas las clases comienzan desde lo básico “de derecho a izquierdo si no te caes”. Y de a poco le vamos dando las herramientas para que vayan adquiriendo nuevos movimientos, más pasos, más coordinación. La idea es que entre todos aprendan. Nosotros aprendemos a ser profes, instructores, maestros, con los alumnos y ellos aprenden a ser alumnos con nosotros. Entonces vamos marcando cosas y vamos viendo quienes tienen dificultades y quienes no”.

Trabajar en unidad y cultivar la paciencia es una de las claves. “Como estamos casi siempre todos juntos, por ejemplo, en bachata mientras uno da la clase el resto de los profes asistimos a los que más le cuesta, así se nivela más rápido y todos van a la misma vez. Y si en la clase siguiente hay que repasar todo, se hace. Somos muy pacientes porque la idea no es que sean super bailarines, sino que sepan bailar lo suficiente como para ir a un lugar y gozar lo que hacen, o poner música en la casa y divertirse sin lastimar el cuerpo, haciendo lo que le gusta”.

LA GENTE DE VA FELIZ
“Todos dicen que acá es un mundo aparte. No creo que sea el espacio, para mí es la danza lo que provoca todo. Ni siquiera me lo adjudico como profesora. Cuando la gente viene y me dice “me cambiaste la vida”, siempre les digo lo mismo: “Yo no te cambie, te cambió el baile, la danza. El hecho de poder conectarte con vos mismo. De que dejes de pensar en todos los problemas del día, los chicos, la casa, el trabajo, las cuentas… te desconectás un segundo de todo y ese segundo logra estar conectado con uno y con el todo. Entonces te sentís completo, felicidad plena, que nada te falta, te conectás con la música y te olvidás. La gente sale de acá feliz. A veces se van a la casa y mandan videitos porque siguen bailando. Es lo mejor que nos puede pasar”.

Celeste está gratamente sorprendida por la respuesta de la gente que concurre y es evidente que se experimenta una especial sensación al ver que quedó algo positivo en el otro. “No sé si es realizada. En mi caso me siento super conforme con lo que hago, con lo que amo hacer. A veces decís que bueno es vivir de lo que amás, pero está bueno hacerle bien al otro. Si uno viene a enseñar y solo me hace bien a mí, es un pensamien
to egoísta”.

“El hecho de decir me levanto de la silla de mi casa y vengo a dar clases al estudio, o me gasto hasta el último centavo perfeccionándome en algo para que venga un alumno y se sienta realizado y feliz. Que te diga es lo que toda la vida quise hacer, gracias por darme una oportunidad. Nos ha pasado con gente de 50 años al subir a un escenario, o de bailar con su hija. Es una satisfacción enorme que genera emoción y te hace sentir pleno, felicidad total”.

TODO DESDE EL CORAZÓN
Y al hacer una evaluación del camino transitado, Celeste es contundente: “Super positivo, hace dos años que estoy en Pehuajó y de todos los lugares donde he estado dando clases, Salliqueló, Bahía Blanca, Neuquén, Buenos Aires, nunca tuve una experiencia tan positiva como en Pehuajó y de la zona. Trabajar en equipo no es fácil, en la mayoría de los lugares se pelean, nosotros nos llevamos bárbaro. Todos apostamos a lo mismo, le metemos fuerza para adelante, nos contenemos los unos a los otros”.

“Saber que han pasado más de 350 personas y que le hemos hecho bien, es reconfortante. Tal vez con una sola clase, un movimiento, un mensaje, un algo, les hizo clic en la cabeza que transformó su pensamiento y vino un desenlace en su vida para mejor. La verdad estoy súper agradecida a Pehuajó y a la gente que confía en mí. Que sabe que todo lo hago desde el corazón, con todo el amor”.

Fue muy grato compartir sus experiencias. Fue un acierto de nuestra colaboradora, la brillante “Bochy Lo” que nos acercó la foto de Celeste para la tapa de la edición anterior de “Mirá” y nos sugirió la entrevista consciente de encontrar a un ser humano muy especial.

Qué más se puede decir. Qué se puede acotar. De pronto Celeste te deja sin palabras. Su entusiasmo y sus convicciones contagian buenas ondas y mejores sentimientos. Esa energía que cada día nos hace más falta para seguir peregrinando por la vida, sorteando obstáculos y superando dificultades, tan solo para “sentirnos felices” y “hacer felices” a los demás.


PING PONG
¿Un deseo?: “Felicidad”.
- ¿Un recuerdo?: “Viajes”.
- ¿Una gratitud?: “El amor de la gente”.
-¿Una ingratitud?: “La envidia”.
-¿Una esperanza?: “El amor”.
-¿Un amor?: “La danza”.
-¿Una frustración?: “Ser testaruda con cosas que quiero lograr”.
-¿Un libro?: “La reconexión”.
-¿Un ídolo?: “Michael Jackson”.
-¿Salliqueló?: “Mi niñez”.
-¿Pehuajó?: “Un gran amigo”.
-¿Un rencor?: “No tengo”.
-¿Un amigo?: “El universo”.
-¿Un enemigo?: “Yo”.
-¿Celeste Agostini?: “Un extraterrestre feliz”.


Mensaje a quienes quieran bailar:

“La danza es como una religión, una adicción, y más allá de todo eso es el lenguaje primitivo del ser humano. No hay que tener vergüenza, porque todos no movemos, para caminar, para hablar, para respirar. Ahí nacen todos los movimientos del baile, perfeccionado se convierte en danza. Quien quiera acercarse que lo haga y deje que la danza le transforme la vida para bien. Que se anime, es un camino de ida y todo lo demás es sumamente mágico”. Conectate con Celeste, Balcarce 680, TE 011 1521676170.
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