En Palma de Mallorca con nostalgia pehuajense

Es hijo del recordado mozo de “La Bruja”. En 1992 se fue de Pehuajó. Trabajó en Mar del Plata y Buenos Aires. Y ahora vive en Palma de Mallorca (España) luego de vivir en Italia. Fue alumno de la escuela técnica. Jugó al rugby en Estudiantes y vivía en el barrio “25 de mayo”. Recuerdos y emociones, plenos de nostalgias.

Las experiencias y sensaciones son similares a las exteriorizados por otros pehuajenses radicados en distintos lugares del mundo. Me fui de Pehuajó en el verano de 1992. Las razones, las tipicas, no había trabajo y tenía familiares en Mar del Plata por lo que aproveche el verano para probar”, explícita Marcos Piccolomini al referirse a su alejamiento de nuestra ciudad. Enseguida añade:
“Trabajé de vendedor, mozo (como fue mi padre “Picco”) y jugaba al rugby en el Club Pueyrredón, pasión que comencé en Estudiantes Unidos de Pehuajó. Después de algunos años en Mar del Plata, comencé a trabajar en una empresa la cual me llevó a Buenos Aires. Fueron tres años, recorrí distintas sucursales, hasta que regrese a Mar del Plata, donde me reencontré con un amigo que me ofreció venir a probar suerte a España. Después de un año que no encontraba mi sitio laboral, en agosto 2001, viajé a Mallorca, un poco antes de que caigan las torres gemelas”.
“A partir de ese acto terrorista, septiembre de 2001, todos los inmigrantes sin permiso de trabajo éramos casi como delincuentes, se hacia muy dificil trabajar y sobre todo cobrar, al no tener un contrato no podías reclamar. Después de un par de años difíciles emigre a italia.
A modo de conclusión, Piccolomini sostiene que “Fue una gran experiencia en lo personal y en lo profesional, pero jurídicamente estaba siempre en la cuerda floja: Es muy difícil entender y aceptar que un país como el nuestro que siempre tuvo las puertas abiertas para todo el mundo, en Europa a nosotros nos lo complican tanto. Y después de un par de años volví a radicarme en Mallorca”.

PAZ Y TRANQUILIDAD
Y evidentemente se afianzó junto a su familia, en esta ciudad española. “Soy comercial inmobiliario, por lo cual mi vida acá es bastante entretenida. Tengo tiempo para todo... rugby, gimnasio, amigos, familia.. pero sobre todo la tranquilidad y paz que te da una isla como Mallorca”.
Adaptarse no fue para nada fácil. A propósito acota Marcos: ““La adaptación no fue fácil, por la cantidad de cambios que vivi, el isleño es mucho más cerrado de alguna forma en el buen sentido, el idioma es bastante diferente, los alimentos y todo lo que implica otro país a 12000 km del tuyo siendo ilegal con una familia a cargo y sin ninguna ayuda económica. Con el tiempo te vas adaptando y haciendo la isla tu refugio, es un lugar muy tranquilo y pequeño”.
Al consultarle si tenía contactos con otros pehuajenses radicados en Europa, nos dice: “La verdad no tengo contacto con nadie, sé que hay algunos en la península obviamente pero lo sé de terceros. Cuando vino Belasteguin, fui a verlo pero no pude hablar con el”.
Ahora con su tierra natal, de una u otra forma, el contacto es permanente. “Si, por medio de las redes sociales, contacto con amigos de la infancia y de secundaria. Este último verano me visito un amigo Nelson Hoyos”, afirma con inocultable satisfacción.

OLOR A TIERRA MOJADA Y MANZANILLA
El desarraigo sin duda tiene diversas connotaciones y los sentimientos de extrañeza son propios de cada uno, aunque aparezcan similitudes.“Si.. se extraña y mucho, pero en mi ADN tengo el gen del emigrante parece, (Pehuajó, Mar del Plata, Buenos Aires, España, Italia..) por haber recorrido tanto y haber conocido tantas personas se siente pero de otra forma "Me encuentro por Facebook alguien que no conocía, pero que escuchaba cuando yo tenia el programa de radio Magica, que alguien te diga yo soy fulano de tal..y que te escuche en la radio, no me lo podia creer yo”.

Y la sana melancolía es una constante y hace bien sin duda alguna. “Siento mucha nostalgia. Se siente ese olor a tierra mojada que te alimenta cuando volvi a Pehuajó, se siente esa brisa que me acariciaba cuando me bajaba en la Terminal y caminaba hasta mi barrio”25 de mayo” a las 5 de la mañana por la calle Varela. Las canciones de los perros que aqui no existen, la plaza Italia, el parque, la laguna, las calles de tierra, las mariposas del verano, los boys scout, mi vieja escuela técnica en calle Del Valle, el rugby en Estudiantes, Toskos, la Bruja donde trabajaba el viejo Picco, el olor a manzanilla, simplemente…”
Y los recuerdos invaden a Marcos. Entre tantos: ““Huff, las caminatas y campamentos de los boys scouts, las clases en la escuela técnica, los partidos de futbol en el potrero frente a casa, los tostados en la Bruja, los partidos de rugby, mi programa de radio 2 años en Magica, ir de compras con mi padre a la Ardillita y miles de recuerdos que se agolpan en mi cabeza que no los puedo sacar”.

Hermosos, elocuentes y sinceros. Así pasa la vida de este pehuajense y su familia, en la bella Palma de Mallorca. Los caminos de los hombres muchas veces son impredecibles, responden a realidades y necesidades, pero siempre está presente el suelo que lo vio nacer.
“Si lograra expresar lo que siento sería muy simple”, afirma Marcos al resumir sus vivencias. “Pero de simple mi vida no tiene nada. Es un orgullo tener donde pertenecer y yo pertenezco al “estero profundo”, concluye.
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