Siempre apuntalando lo nuestro

Pehuajense, vive en la misma casa donde nació hace 64 años. Fue alumno de la escuela 15. Aprendió artesanías en cuero, fue transportista y desde chico se identificó con las costumbres criollas y tradicionales. Hace 12 años conduce un exitoso programa radial y anima festivales y jineteadas, exhibiendo estilo simple y campechano.

El movimiento es permanente. El mate pasa de mano en mano. Las visitas llegan y participan. El Chango Celiz se regocija de placer y da riendas sueltas desde el micrófono a sus claros sentimientos de amor y respeto por lo nuestro. Se respira folklore, aromas de cosas criollas. Se honra a la amistad y todos son protagonistas.

Cada uno aporta algo, los oyentes adhieren a través del teléfono. Una amplia región se encuentra, se saluda, peticiona, participa. Y los que llegan personalmente, además de mate son convidados con exquisitas masas y sabrosos chorizos secos, que hacen llegar seguidores del programa.

«Apuntalando lo nuestro», se emite por FM City, con marcado y sostenido éxito. Es una especie de fogón de puertas abiertas a todos los amantes de las cosas nuestras, donde cada mañana de sábado y domingo se renueva la amistad y el sentimiento de argentinidad. Lo fundó el recordado cantor sureño, oriundo de Juan José Paso, Carlitos Paiuzza. Ante su muerte, lo siguió el hendersonense Santiago Petrucci y finalmente y hasta nuestros días, Osvaldo «El Chango» Celiz.

LA SIEMBRA INICIAL
Quien fuera alumno de la escuela 15, dio sus primeros pasos con las expresiones nativas cuando vivía en Beruti, donde cultivó su oficio de artesano en cuero: «Todo empezó cuando me juntaba con Miguel Heuguerot, de los antiguos Kcocho Massi de Trenque Lauquen. Yo vivía en Beruti donde estuve 12 años. Ya desde chico me gustaba escribir algunas cosas y Miguel me conectó con Luis Raúl Bardón, presidente de la Sociedad de Escritores de Trenque Lauquen. Me publicó mis versos en el primer poemario de esa Sociedad de Escritores. Y ahí me empezó a gustar», rememora el Chango.

«Anduvimos mucho con Miguelito -añade- él tenía el programa radial «Mateando» por LU11 y me llevaba. Además íbamos ir a escuelas del partido de Trenque Lauquen donde Miguel cantaba canciones de distintas regiones del país para enseñarles a los chicos. Yo lo acompañaba con un bombo. Y cada vez me gustaba más».

LA COSECHA EN EL SUELO HERNANDIANO

De regreso a Pehuajó, ya alejado de las artesanías, manejó un camión de la empresa Luque y el camino se convirtió en una rutina y una fuente de conocimientos, que serían vitales para fortalecer su afecto por las cosas nuestras. «Cuando vuelvo a Pehuajó, hace 24 años, empecé a tratarme con muchachos que le gustaba el folklore, hasta que se me dio la posibilidad de estar en radio. Con Tito Cánepa, pusimos al aire en la City el programa «Guitarra, amigos y canto», los miércoles de 21 a 23. Con David Aranda hacíamos el programa un día de cada pueblo, Madero, Chiclana, Guanaco y Juan José Paso. Era un gran sacrificio porque yo trabajaba en el transporte y venía tarde, pero salía para el pueblo donde estaba previsto hacer el programa».

Una huella muy especial se había abierto en la vida de Celiz. «Y la llamita se fue encendiendo de a poco. Y después, había fallecido Carlitos Paiuzza, que hacía el programa «Apuntalando lo nuestro». 8 meses lo hizo Santiago Petrucci y al no poderlo atender me llaman Juan Aranda y Petrucci y me proponen hacerlo. Acepté, le cambié la cara al programa. Deseché hablar de la temperatura, leer el diario Noticias, y lo hice más campechano.

Al tener tanta gente conocida, porque en el camión andaba por todos los campos y pueblos vecinos, empecé a mandar saludos a fulano, mengano o sultano. Y estos al sentirse identificados me llamaban. Así hice una audiencia que gracias a Dios la mantengo».

SENCILLITO Y CAMPECHANO
La repercusión de «Apuntalando lo nuestro» es notoria. Se percibe al escuchar la radio y en el estudio donde se realiza, como en los tiempos originarios, como en la inolvidable LT22, sin publicidad envasada ni grabaciones premeditadas. Todo es en vivo y en directo. Un viejo tandero de avisos, la mayoría escritos a mano, se posan al pie del micrófono.

El lugar es chico, ajustado, pero pleno de calidez y naturalidad. El Chango se acomoda en un banco de hierro artesanal con un asiento de tractor. Dialoga con los oyentes y disfruta de visitas que nunca faltan. Ya lleva 12 años en el programa y con éxito sostenido. «Yo jamás fui a buscar una publicidad, porque me parece que si vos sos mi amigo, tenés un negocio y te pido publicidad por compromiso me la das, aunque no necesites hacerla. No me gusta molestar a la gente y estoy saturado de publicidad».

Todo tiene cabida, todos son bienvenidos. La temática es clara y contundente. La gente participa y se entusiasma. Cuando una determinada necesidad requiere ayuda, se apuntala y más de una vez ha sido posible extender una mano a una institución o algún convecino de la amplia zona donde se escucha el programa.

«El programa de radio es todo improvisado, porque mi trabajo en el camión era imposible preparar algo. Y tomé la costumbre de improvisar todo y así sigo. Y anda bien, llega gente a todos los programas, hasta profesionales», afirma el Chango con innegable satisfacción.

FESTIVALES Y JINETEADAS
 Además de la tarea en radio, Celiz incursionó en la conducción de espectáculos folklóricos llegando al Festival del parque. Recuerda: «Siendo intendente Peña, María Pía Biafore me llamó para conducir, no era lo mío pero me animé. Después me convocó la Sociedad Rural alguna vez. Y cuando en el municipio estaban Juan Carlos Mascheroni y Armela, me llamaron para conducir el festival. Fue un halago para mí.

Yo tengo solo la escuela primaria, pero lo hago con sinceridad, con un lenguaje simple, el que la gente entiende. Siempre con seriedad, responsabilidad y educación. Yo agradezco a los distintos gobiernos que me llamaron y me llaman. Ahora sigo y trato de hacerlo lo mejor posible. Una vez no me gustaba cómo venía la cosa y me retiré de este festival. Estuve tres años sin ir y el propio Intendente me fue a buscar. Aclaramos los tantos y listo».

La referida actitud evidencia la manera de ser y de sentir del Chango, que por otra parte un día fue estimulado para el relato de espectáculos de destreza criolla y también se atrevió. «En Henderson, tuve la suerte, que la gente del Centro Tradicionalista La Porteña me llamó y me pidió que estuviera en el escenario de jineteadas. No era lo mío y me animé, siempre con respeto a los demás, entendidos como Omar Profumo, Daniel Fassi (animador de Jesús María), como los payadores que venían. Me fui metiendo despacito, me dejaron meter algunos bocadillos y me salieron contratando para animar jineteadas».

Y la tarea no se interrumpe. De distintos lugares de la zona lo llaman para la animación de jineteadas, ambiente que ahora conoce bien y comparte con grandes de la especialidad. Qué más puede pedir el criollo. A los 64 años, pronto a jubilarse, centraliza su esfuerzos en la actividad que abrazó con verdadera pasión, desde el momento que recitaba sus versos en Radioemisora del Oeste o cuando acompañaba a Miguel Heuguerot a mostrar y enseñar a los alumnos de las escuelas, los ricos matices de la música popular argentina.

El artesano que como dice Larralde «con tientos se teje una esperanza». El conductor de camión, ahora sin viajar, goza de las huellas abiertas y disfruta las amistades conquistadas. El padre, esposo y abuelo, agradece los dones compartidos a su familia. El decidor, el verseador, el animador, siente el afecto de su gente y cada día ama más el inconfundible e inalterable encanto de las cosas nuestras.

PING PONG
 -¿Una esperanza?: «Ver a mis nietos realizados».
-¿Un rencor?: «No tengo».
-¿Una gratitud?:«Tener el hijo que tengo».
-¿Una ingratitud?: «Cuando alguien que crees amigo te traiciona».
-¿Un recuerdo?: «Mi padre, siempre».
-¿Un amigo?:«Mi hijo. A él le confío todo»:
-¿Un amor?: «Celia, 45 años juntos».
-¿Un ídolo?: «Don Víctor Velazquez».
-¿Dios?: «El que me ayuda a levantarme todos los días».
-¿Beruti?: «Un tramo de mi vida».
-¿Pehuajó?: «Mi lugar».
-¿Chango Celiz?: «Sencillo, amigable, respetuoso».
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