La alegría de vivir y crear

Joven, talentosa creativa. Observadora de la vida. Apasionada y enamorada de su trabajo que comparte y disfruta. Alimenta hermosos sueños y aspira a “rutear” con sus creaciones para enriquecer su alma y la de sus semejantes.

«No estoy segura de poder identificar un momento de “llegada” al arte. Podría pensar en mis años de secundaria cuando pintaba prendedores, los cargaba en una valija vieja y los vendía en el piso de la plaza Dardo Rocha. O en los años de adolescencia en el TIP. De alguna manera, ya había decidido cómo y de qué vivir la vida», expresa Cielo Páez (25) cuando se refiere a su incursión en el mundo artístico.

Cursó el Profesorado de Artes Visuales y el Profesorado en Teatro en la Escuela de Arte Carlos Tollardona. Ha desarrollado diversas actividades como artista plástica, artesana y actriz. A propósito, señala «En este momento estamos en pleno armado de un espectáculo que se presenta en breve, junto con Julieta Passols y Orlando Moro. Música, Teatro, Literatura…
buscando romper los límites de los géneros y entremezclándolos en algo entretenido».

«A su vez -añade- produciendo objetos, creando, pintando y vendiéndolos en el taller que tenemos instalado en casa (junto con mi compañero, también artesano), que le gente visita, conoce el espacio de trabajo, el proceso, los materiales que usamos, y se llevan piezas únicas hechas desde el amor».

¿Cómo fue el proceso que transitaste hasta llegar a lo que hacés actualmente?: «Tengo la suerte de estar rodeada de gente talentosísima, amigas y amigos grosos y con mucha pila que me acompañan en cada idea y me suman a proyectos que nos hacen crecer. Obras, muestras, exposiciones, eventos, ¡hasta una revista! Ninguno de esos delirios los podría haber llevado a cabo sola… se construyen en colectivo».

LA VALORACIÓN DEL TRABAJO ARTESANAL

Al consultarle si considera que el pehuajense va tomando dimensión de la importancia de un trabajo artesanal, Cielo es contundente: «Totalmente. Es un proceso, y es tarea nuestra que eso se dé a conocer. Si a mí me hablas de física cuántica, no voy a tener idea, porque no es lo mío. Si a una persona que no conoce sobre técnicas artesanales le mostrás un objeto chino, hecho en serie y del cual existen millones, y uno hecho a mano, único en el mundo, con el detalle y la expresión de quién lo realiza y no sabe distinguir uno del otro, es normal y entendible. Somos nosotros los responsables de valorar antes que nadie nuestro trabajo y contagiar el amor que le ponemos».

En tal sentido, agrega que «todas las semanas alguna persona nueva visita el taller y elige nuestros objetos. Se toman el tiempo de hacer cuadras de más, ir a nuestra casa, escuchar lo que tenemos para contarles… Eso no tiene precio. Somos inmensamente agradecidos por la oportunidad que nos dan».

Todo artista define una búsqueda que luego intenta transmitir en sus creaciones. Páez está segura de de ese propósito y sus obras lo evidencian. «La alegría de vivir. La magia de las pequeñas cosas. La poesía de lo cotidiano. Contrarrestar la violencia con armonía y color. Hablar de la pobreza, del hambre, del odio, desde el compartir, desde el disfrute, desde el amor».

UN MONTÓN DE SUEÑOS
Sus impresiones transmiten con claridad su manera de sentir y de hacer. ¿Con qué Cielo nos encontramos hoy, y con qué Cielo nos encontrábamos en tus inicios?, le preguntamos. Y responde: «Creo que con menos (u otros) miedos y más aventurera. Con ganas de andar y descubrir nuevos espacios, nueva gente, nuevas herramientas. Con un montón de sueños y metas cumplidas. Con un montón de sueños y metas por cumplir».

Todo el universo es atracción e inspiración para Cielo. Sus ideas surgen «de la vida, de la calle, del mundo. De todo lo que nos falta aprender como seres humanos. De todo lo que ya descubrimos y nos hace bien. De las necesidades de los que no pueden hablar… de los corazones de los que lo gritan. De grandes poetas que admiro y me inspiran, de nuevos poetas que conozco y me llevan a dibujar».

Está feliz con lo que hace y proliferan proyectos, sueños... «Planeamos un futuro de mucho viaje… Recorrer ferias, ciudades, pueblitos nuevos… aprender técnicas, intercambiar costumbres, encontrarnos con otros viajeros… »
Al final del encuentro, Cielo revela: «¡Estamos terminando de armar La Poderosa, nuestra casita rodante para salir a rutear y enriquecer el alma!».


El éxito de trabajar de lo que amás 
tiene muy poco que ver con el dinero

No te imaginás la satisfacción que es poder trabajar de lo que realmente te gusta. Y poder hacerlo desde tu casa, compartiendo con los tuyos los procesos mágicos de la creación. Y no sé si te imaginás, tampoco, lo que se siente poder ofrecer tu producto a las personas y lograr que ellas también se enamoren del objeto. Contarles cómo lo creaste, por qué se te ocurrió, dónde aprendiste...

¿Y la emoción que da cuando alguien para a observarlo y te hace una devolución, aunque no pueda comprarlo? Compartir, conocer y aprender de compañeros y compañeras. Viajar por lugares. Participar de y HACER ferias. Intercambiar...

No depender de nada ni de nadie. Si un día llueve y preferís quedarte un rato más, podés hacerlo, ningún jefe te va a llamar para que te presentes urgente al trabajo. Manejar TU economía. Descubrir que no siempre está el dinero de por medio: podés intercambiar con otros artesanos. Cambiar de paño cuantas veces quieras; cuando te aburrís un poco, te reinventás y producís algo distinto. Enriquecerte constantemente. Nunca dejar de aprender...

Y... no te voy a mentir. También hay días en que quisieras que la plata te sobre un poquito más (porque, tenés que saberlo: los artistas y artesanos RARAMENTE somos millonarios), quisieras que la gente valore más todo el tiempo y dedicación que le pusiste al objeto y no te pelee tanto el precio, que la sociedad nos vea como productores de cultura y no como vagos no laburantes...
PERO CREEME: la felicidad con la que transitás la vida, ¡no se cambia por nada!

No me quiero poner goma contándote experiencias todos los días ni tratando de convencerte de nada, pero quizá vos, o un amigo, o alguien que está leyendo necesita ese empujoncito para animarse...y volar.
Cielo Páez
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