Un constructor del fútbol

Fue pieza fundamental en la obtención de la estrella número trece de la institución albinegra. Desde su pie derecho se edificó el nuevo campeonato de Atlético Calaveras. La historia futbolística del capitán del campeón.

La premisa es clara, y siempre se cumple: construir es más difícil que destruir. Generar, fabricar y producir requiere de una planificación, un proceso y una ejecución que puede llevar meses, años y hasta décadas pero que nos deja la satisfacción final del trabajo terminado, el sueño cumplido. En todo ámbito de la vida es así, y el fútbol nunca será la excepción.

Todo éxito se construye. Todo anhelo se planifica. Todo triunfo es resultado de un trabajo. Y Maximiliano Coronel (28) lo sabe. Así lo vivió y de esa manera edificó su sueño. Paciencia, esfuerzo y perseverancia. Ni más ni menos. Una construcción que comenzó de pibe, en su barrio, y que terminó en el Esteban Garré, con la diez del Cala, y abrazado a su familia bajo el grito de campeón, en la cima de la torre del fútbol.

Después del potrero y con los valores y cimientos firmes, Coronel comenzó su historia en los clubes de la ciudad. Primero pasó por la escuelita de fútbol del Club Atlético General San Martín, hasta llegar en 1996 a Deportivo Argentino incentivado por un vecino, siendo entrenado por Daniel Del Arco y Carlos Palacios.

Su pasión por el fútbol iba aumentando, y su constancia y sacrificio fueron fundamentales para continuar su ascendente carrera infantil. Pero hubo un proyecto que lo marcó para siempre: la Escuela de Fútbol “Santa Catalina” de la Cooperativa Eléctrica de Pehuajó, que conducía también Palacios.

Con la “Santa Catalina” participó de diversos torneos regionales con ambiciosas actuaciones y resultados. Fue así que en 1997, después de tener la oportunidad de jugar en la ciudad de Nueve de Julio en un campeonato, donde también formó parte el club Atlético River Plate de Capital Federal, recibió el Premio “Revelación” categoría 88 en la fiesta del deporte de la escuelita, por sus condiciones futbolísticas destacándose como marcador central.

Los éxitos fueron en aumento, y en 2002 llegó al club de su vida. Calaveras le abrió sus puertas y le puso a disposición todos los elementos para que continuara con su construcción, con el proceso para llegar a su sueño: ser campeón en primera división.

En la entidad del Matadero, comenzó a jugar en la sexta división donde se consagró campeón, para tres años después llegar al banco de suplentes de la máxima división bajo la dirección técnica de “Bartolo” Palacios y Miguel Lamanna. Esa temporada logró su primer campeonato de primera en la Liga Pehuajense de Fútbol.

Pero aquel título de 2005, festejado y celebrado por Coronel, no cumplía su anhelo principal. Él quería ser protagonista principal de la película, quería ser uno de los constructores primordiales del éxito. Once años después lo concretaría.
En 2006 se convirtió en jugador titular de la primera división del Cala, pero luego de siete temporadas con suerte dispar buscó un nuevo desafío en su carrera convirtiéndose en jugador de Gorra de Cuero de Carlos Tejedor dirigido por Omar Erramuspe en 2014. Volvería a su casa para ser campeón.

El retorno se dio un año después. Maximiliano se sumó al proyecto futbolístico que encabezó Aníbal Folgar, llegando a la semifinal de la LPF 2015 tras perder en la definición por penales ante Atlético Maderense. Allí la gloria estuvo a un paso, y el fútbol le dio revancha meses después.

Fue el 4 de diciembre de 2016. Con la 10 en su espalda y la cinta de capital en su brazo izquierdo, Coronel fue pieza clave en la gesta calaverense de la mano del DT Gastón de Antón. Se hizo dueño de la mitad de cancha, distribuyó el juego y como si faltara algo para cerrar una jornada magnífica clavó un golazo de penal (sí, existen golazos de penal) para abrir el marcador y quedar a un pasito del título, que conquistaron minutos después.

Esa tarde Maxi entró para siempre en la historia de Calaveras. Esa tarde Maxi ratificó el valor del esfuerzo y la perseverancia. Esa tarde Maxi culminó una construcción que le llevó más de veinte años cuando de pibe fabricaba los arcos en la canchita del barrio y diseñaba su futuro en el fútbol. Esa tarde calurosa de diciembre Maxi colocó el último ladrillo en la construcción de uno de los sueños de su vida.

“SALUD, AMOR DE MI VIDA”
“Conocí a Maxi en el año 2009, recuerdo que recién nos habíamos conocido y no quiso ir a una fiesta porque al día siguiente jugaba a la pelota. Así fue siempre, responsable en todo, pero cuando de fútbol se trata, aun más todavía.

Antes de cualquier partido le gusta estar los sábados temprano en casa para descansar y poder dar lo mejor de él en cada partido. Como persona, qué decir, lo elegí y lo volvería a elegir una y mil veces más. Compañero, solidario, respetuoso, cariñoso, de pocas palabras, humilde y de un corazón enorme.

De mi parte, siempre tratando de apoyarlo y acompañarlo en cada campeonato. Frío, calor con lluvia pero siempre firme en la cancha.¿Difícil ser la mujer de un jugador? ¡Sí, difícil! Pero verlo feliz como lo ví el día de la final contra Deportivo, no tiene precio.
Todo sacrificio tiene su recompensa y él, junto con todo el plantel, lo merecían más que nadie.Salud, capitán. Salud campeón. ¡Salud, amor de mi vida!”
Eugenia, esposa de Maximiliano.

ORGULLOSOS POR TUS LOGROS
“Hoy recordando toda tu niñez y tu trayectoria en el fútbol, podemos ver tu pasión por este deporte. Estamos orgullosos por tus logros y por la gran persona que sos. Gracias por dejarnos disfrutarte y siempre tenernos presente.
Siempre te acompañaremos, porque donde ruede una pelota de fútbol, sabemos que allí te vamos a encontrar.
Te amamos infinitamente”
Tu familia
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