Fénix, los Dos

Por José Fox

Ese deseo tuyo de volver a mí con la intención de rematar mi corazón y destrozar lo poco que logre reconstruir de sus paredes.
Esa necesidad mía de ser mártir del amor nuevamente.
Esa arrogancia mutua de creer que estamos más allá de los sentimientos, que somos inmunes a sus efectos.
Esa falsa seguridad de afirmar que podemos pasar tiempo juntos sin desear nuestras bocas, sin buscar nuestras miradas.
Ese tiempo que pasamos mordiéndonos los labios, imaginando que son los dientes del otro, los labios del otro.
Esas condiciones tuyas, todas las necesarias para hacerme feliz durante diez vidas seguidas y más.
Esa posibilidad de adueñarte de mis latidos, mi vida y mis sueños.
Esa certeza de saberme capaz de hacerte feliz ahora y siempre, esa capacidad de dibujarte las sonrisas más lindas del mundo, ese deseo de conocerme a mí mismo, para conocerte a vos, para conocernos mutuamente.
Ese silencio infernal en el cual me duermo solo todas las noches esperando una llamada o mensaje tuyo que lo interrumpa.
Ese cielo que me pierdo cada vez que no estoy a tu lado.
Esa soledad insondable que nos envuelve diariamente cuando lo único que deseamos es la compañía del otro.
Esa soltería inevitable en la que nos sumergimos en contra de nuestros deseos, que a la larga disfrutamos, pero no nos llena.
Ese dolor y ese sentimiento de pérdida que inunda con océanos de lágrimas nuestras almohadas.
Esa pena que sienten los demás al vernos deshechos, esa lástima que lastima.
Ese sinfín de pensamientos que se esparcen como estrellas por nuestras cabezas, dibujando graffitis en nuestros cerebros.
Ese recuerdo de un amor que para unos fue eterno y para otros fue momentáneo e iluso, para Dios fue Fugaz.
Esa ilusión que entre ambos dibujamos.
Ese sueño que entre ambos tejimos.
Ese hueco o agujero que ahora llevamos, es un indicio de lo grande y sincero que fue lo que sentimos, y cuanto significó para nosotros.
Esas mañanas en las que despierto sin tu voz.
Esas mañanas en las que me faltan tus sonrisas.
Ese sabor de vacío que dejás en mi boca cuando alejás tus labios.
Esa sensación de disfrutar las cosas pero no vivirlas, de sonreír pero no reír, de sentir pero no vibrar, de tragar aire pero no respirar, de tomar agua pero no beber.
Esa tristeza tan efímera para la vida como la vida misma.
Ese deseo de desaparecer envuelto en llamas, de amor y perdón, de olvido, y renacer entre lágrimas y cenizas.
Al fin juntos nacer, aunque sea en un sueño, aunque sea en una pesadilla.
Mientras sea Juntos.
Solamente Juntos.
Fénix, los Dos.
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