El TIP y la lucha de Oscar Pérez

 Han pasado los años y el Teatro Independiente de Pehuajó es una de las entidades culturales sobresalientes de Pehuajó. Su formación tuvo vaivenes diversos y el logro de la sala propia tuvo matices de toda índole. Vueltas y contramarchas. Discusiones, desencuentros, broncas. Pero siempre prevaleció la actitud y el empeño de un hombre que se jugó con todo para que el grupo tuviera su propia sala. Compartimos el testimonio de Pérez, revelaciones de una historia que los cercanos al TIP seguramente conocen pero gran parte de la comunidad la ignora.


“A fines del 79 aparece Panchi Ananía. Estaba estudiando en Buenos Aires con la Boero y nos propone juntarnos, hacer algo. Es muy difícil en verano, le dije. Y me pidió si me animaba a juntar la gente. Dije que sí. Hicimos una reunión en casa, había gente que se conocía pero no se veía asiduamente. Y ahí surgió el TIP. Él propuso hacer “Mateo” y no hubo oposición.
Tuvimos algunas diferencias. Conseguimos el club Atlético para ensayar. Allí estrenamos Mateo, El Reñidero, Los expedientes. Panchi volvió a seguir estudiando y nos mandó a Ignacio Alonso, por recomendación de la Boero. Fue muy bueno. Panchi y él tenían otra visión del teatro independiente.
Más tarde apareció el tema del galpón de calle Varela. Provocó un conflicto y una separación del TIP. Hubo gente que se opuso a ocupar el galpón. Hubo un choque más que nada ideológico. Yo no soy un tipo nada fácil. Teníamos la oportunidad de tener algo para manejarlo nosotros y cómo lo íbamos a desperdiciar. Al final me quedé solo, me pelee con todos mis compañeros”.

LA COMPRA DEL GALPÓN
“Teníamos un grupo de colaboradores pero todo era difícil, recién entraba la democracia. Había cosas muy feas, acusaciones de zurdos, asique chocamos y nos abrimos.
Después compré yo el galpón y después me lo pagó el TIP. Lo compré con dinero que me dio la madre de mis hijos, que había vendido un pedazo de campo que tenía de herencia. Silvia puso la mitad y la otra mitad la juntamos con una rifa. El boleto de compra-venta decía Joaquín Saporta vende a Jorge Oscar Pérez. Era indivisa porque estaba integrado a todo el terreno, cuando se haga la subdivisión se va a escriturar. No sé cuántos años pasaron y se hizo.
Ahora estoy más que satisfecho estoy orgulloso. Más allá de todas las diferencias que pudo haber, el TIP tiene su sala propia gracias a la locura de un tipo y un grupo de colaboradores.
En realidad en el 83 quedamos distanciados, peleados con algunos. En el 87 después que habíamos comprado el galpón, Pancho terminaba su carrera en Buenos Aires y se venía. En el 89, yo ya vivía en Buenos Aires con Fabiana, Panchi dijo que quería hacer una obra pero necesitaba convocar actores y actrices. Le dije que yo personalmente no quería hablar pero si era para el bien del TIP que convocara a los que se habían ido, pero con la condición de ser actores invitados. Así se hizo, tal vez una pelotudes, y con el tiempo dejaron de ser invitados y se instalaron. Y en buena hora porque la aportaron a la institución.
Estas son las realidades del TIP. Puede haber otras versiones. Yo entiendo que soy un tipo difícil pero esta es la verdad. Yo choco con la gente porque digo lo que pienso”.

MÁS DETALLES
DEL POLÉMICO GALPÓN
“Cuando en la época de la dictadura se formó en el país un movimiento por la reconstrucción cultural nacional, estaba integrado por gente de izquierda y en ese tiempo te marcaban. Nosotros, con gente ideológicamente de izquierda, como Víctor Delgado, Jorge González, Anita Francia, Manolo Vicente, Daniel Errecart, formamos un grupo y nos adherimos a ese movimiento.
Cuando yo descubro ese galpón, yo estaba sin trabajo. En el diario aparece un aviso pidiendo representante del molino de Chivilcoy, condición tener auto propio (yo tenia uno) y disponer de un galpón. Me postulo y me aboco a buscar galpón. José Laserre publica que tiene uno para alquilar, me lleva a lo que hoy es el TIP. Cuando lo abre y lo veo, dije ‘no, qué fideos, esto es para hacer una sala de teatro’. A la miércoles los fideos. Llamé a los chicos del grupo y decidimos. Lo alquilé yo y Daniel con la garantía de Víctor, con la idea de hacer un espacio, centro cultural adherido a aquel movimiento nacional, traer charlas, cursos, etc.
Cómo hacemos, porque era un galpón, había sido gimnasio pero no tenía nada. Había que armarlo. Empezamos a hacer conferencias, exposiciones. Y dijimos vamos a proponerle al TIP, yo era el presidente pero a la vez transitaba con este grupo (éramos los zurdos). Le proponemos que vengan a ensayar, a dar sus obras, con  los elementos que tenía comprados gracias a una tómbola. Había 21 spots de iluminación, telones, etc. Hablamos pero nos decían que no, que estaban bien. Yo seguía insistiendo.
Un día lo invito a Norberto Lobato a ver el galpón. Me dijo que como ese había a montones, pero como este no, en el corazón de una manzana sin ruidos externos. Al final, un día me dijeron que esa agrupación donde estaba son todos de izquierda. Y se armó el quilombo. No entendíamos como un teatro independiente no acepte ser independiente”.

TARJETA ROJA PARA OSCAR
“Se encendió la mecha. Con el tiempo Ignacio Alonso me dijo vos no obraste políticamente. Está bien le dije, no soy político. Cuando le cuento a Víctor Delgado, que nos hacía los afiches al TIP, Manolo Vicente los comentarios para el diario, Errecart las fotos y Jorge González, la escenografía, nos dijimos ‘¿asique ahora somos esto? Queremos hablar con la gente del TIP’. Fuimos un domingo al club Atlético y pedimos hablar, porque considerábamos que lo que hacían era una falta de respeto y ponernos a nosotros, en este momento de historia argentina, como que somos subversivos o qué sé yo, es muy feo y nos puede perjudicar. ‘Nosotros no dijimos eso’, dijeron, ‘son cosas de Oscar’. Lo negaban delante de mí y se armó un quilombo, quilombo.
Me pidieron que me vaya. Dijeron que había armado un lío descomunal. ‘Yo no me voy’, les dije. No falté a la verdad. Y con la verdad me paro. Una noche, Penedo me llevó a mi casa y me dijo ‘vos sabes que te quiero mucho, pero vos te tenés que ir por el bien de la institución’. ‘Yo también te quiero, pero no me voy’. Con la verdad encaro una pared.
Y no me fui. Me quedé solo en el TIP, con dos alumnos de Ignacio Alonso, Oscarcito Bethouart, Alfredito Canepa y su novia Alejandra Martín, nos instalamos en el galpón. Y ahí nos atrincheramos, no teníamos nada, empezamos a tirar como un cielorraso con bolsas de arpillera. Laburamos muchos, Víctor y Daniel también le pusieron el hombro. Empezamos a laburar pero no pasaba nada, era difícil. Ensayábamos una obra “El día de los colores”.

“UNA CHICA EN UNA FIESTA”
“En setiembre se hacía la fiesta del maestro. Silvia, la mamá de mis hijos, me dice ‘hay una chica que vino hace poco de La Plata, tenés que ver lo que hizo anoche’. Un mes después, yo tenía una vinería en calle Varela, voy a llevarle vino a Olga Errea. No estaba Olga, entro a la casa y había una chica ahí. ‘Te dejo el vino y me voy’, le digo. Y ella me dice,: ‘¿Ud. es el señor que enseña teatro?’. ‘No’, le digo, ‘hago teatro pero no enseño’. ‘Ah, porque yo estuve en La Plata estudiando teatro y me gustaría hacer acá’. Era Fabiana Continanzia, novia de Juan Eduardo, el hijo de Olga. Preciosa ella. Le dije que nos reuníamos todos los días en el galponcito. ‘Mañana voy’, me dijo.
  Les comento a mis compañeros que iría. Vino, en el medio de la sala había 3 sillones viejos. Ahí se sentó Fabiana y empezó hablar. Acá podemos hacer tal cosa, porque si ponemos eso para acá podemos hacer esto. Guaaau, una tromba. Se metió de lleno, empezó a convocar gente, a hacer talleres para niños, jóvenes y adultos. Trajo los amigos, toda su familia”.



EL TEATRO VIVIÓ Y EL AMOR FLORECIÓ
“El TIP se transformó, voló con su impulso. Fabiana fue un motor, una inyección. Contagiaba. Y se reavivo todo. Después hubo inundaciones y un poco se apagó, y después una historia un poco privada pero es una realidad.
Empezamos a tener cierto acercamiento. No queríamos saber nada. (absorbe el mate y piensa). Yo tenía mi familia, peleábamos entre los dos para que no pasara nada. Ella estaba por casarse.
Después le apareció un trabajo en Buenos Aires y dijo ‘me voy’. Acá había poca movida, inundaciones. Se fue y después me fui yo. A los 6 años volvimos y seguimos con el TIP. Fabiana creó la escuelita de artes y oficios, generó las cenas de Las Tipazas, entre tantas cosas”.

El motor se apagó, la inyección no hizo efecto en la alicaída salud de Fabiana. Un día nos dejó. Hoy, la sala del TIP la honra con su nombre. Su lucha, como el empecinamiento de Oscar no fueron en vano. El TIP va rumbo de la cuarta década y un ícono de la vida cultural pehuajense. Y es cierto, los seres humanos pasan, las obras quedan…
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