Formación para el trabajo y la vida

Durante 25 años condujo los destinos del importante centro de capacitación regional. Tenía apenas 24 años de edad cuando asumió el desafío. Trabajo incesante y compartido para afianzar una casa de estudios que enorgullece a Pehuajó. Una siembra con frutos inimaginados. Una experiencia que enaltece y enriquece espiritualmente.



María Teresa Iraguen Pagate (74) fue la primera Directora del Instituto de Formación Docente nº 13, una institución educativa que movilizó y transformó a Pehuajó como centro regional de capacitación. Hoy, relajada aún de las emociones vividas en la reciente celebración del cincuentenario fundacional, Teresita, como todos la llaman, rememora: “En ese momento éramos egresadas de la primera promoción. Por promedio delante mío estaban Angelita Gómez, que no aceptó la dirección del Instituto, Silvia Piccolini que tampoco aceptó. Y seguía yo, me lo ofrecieron y acepté. Ahí empezamos”.

La joven Teresita era consciente del desafío que asumía pero nunca imaginó la trascendente labor que alcanzaría el nuevo servicio educativo. “Comenzamos a trabajar el 1º de marzo de 1966 en los altos de la Escuela Sarmiento. Ahí hicimos la pre inscripción de alumnos que dio para dos divisiones. No había los medios de comunicación que hay ahora. Igual se hizo una promoción en la zona y venía la gente muy interesada.
En los únicos lugares que había Instituto era en Nueve de Julio y Junín, entonces el resto de los partidos vecinos optaron por Pehuajó. Y a todos les quedaba cómodo por los medios de comunicación para trasladarse. Siempre Pehuajó fue equidistante, por eso se hizo un polo importante de desarrollo educativo”.

NO PODÍA FRACASAR
“Se trabajó muy bien. Se armó un buen equipo y todos fuimos aprendiendo. Había que hacer camino al andar”, remarca la Sra. Iraguren Pagate de Bolognesi y enseguida añade: “Yo tengo una experiencia lindísima de esa etapa. Sabíamos que teníamos que sacar las cosas bien. Era una oportunidad que se había dado y no debía fracasar. No podía fracasar.

Trabajar con gente grande es tan gratificante. Era un intercambio, nosotros dábamos pero recibíamos mucho. Sobre todo porque vino a estudiar gente grande que ya tenía experiencia, les faltaba el título habilitante. Nos enseñaban muchas cosas ellos a nosotros”.

En cuanto a las carreras iniciales, manifiesta: “Empezamos con maestra jardinera. Después se incorporó primaria y luego servicio social. Y más tarde los distintos perfeccionamientos de las tareas docentes, hasta que llegamos a educación física que fue un boom. Una matrícula importantísima. Y ahí se produjo una transformación. Si bien las chicas son alegres y joviales, el alumno de educación física tiene otra característica muy especial, traen toda la energía puesta y en conjunto toda la actividad docente es muy linda”.

CENTRO REGIONAL EDUCATIVO



Como queda expresado, los primeros pasos del Instituto fueron en la histórica Escuela Sarmiento. Una vez definidos los trámites en La Plata con la confección de los listados de profesores y alumnos, hubo que buscar un lugar para dictar las clases. “Lo encontramos en la escuela 13, Alem y Godoy. Y allí compartimos hasta que la escuela 13 tuvo su edificio y se trasladó, lo que permitió que el Instituto pudiera tener tres turnos, mañana, tarde y noche”.

La convivencia con primaria fue muy buena y el movimiento del Instituto fue cada vez más intenso. El crecimiento era notorio. “Llegó un momento que la carrera de técnico en administración agropecuaria se tuvo que dictar en la escuela 20 porque no había lugar. Había que trabajar. Había que estar mañana, tarde y noche. Pero todo fue muy gratificante”.

No era suficiente de lunes a viernes, los sábados también había actividad. “Se dictaban para los no residentes. Nos dábamos todos los gustos. También venían de toda la zona. En ese tiempo, se generó un centro de educación muy importante en Pehuajó, pero al mismo tiempo se tradujo en fuentes de trabajo en varios aspectos. Recuerdo que teníamos un listado de pensiones. La gente se anotaba para recibir gente. Muchos venían de Trenque Lauquen, Pellegrini, Tres Lomas, Salliqueló, además de las ciudades cercanas a Pehuajó”.

FORMAR PERSONAS



Teresita cruza sus manos y siempre sonriente rememora aquellos años de esplendor en el accionar educativo, movilizante para toda la ciudad. “Y hubo chicas estudiantes que se quedaron a vivir acá. Consiguieron trabajo, marido y formaron familias. Otros se recibían y volvían a su pueblo, ya con trabajo. Y ni hablar con los que se iban al sur porque tenían trabajo asegurado”.

A propósito del sur y la trascendencia alcanzada por el Instituto, la Sra. de Bolognesi señala: “Estando en Tierra del Fuego me he encontrado con gente que estudió en el Instituto. Caminando por la calle, que te griten ‘¡Teresita!’, es muy gratificante. Emociona. O estar en otro pueblo y que te llaman para presentarte sus hijos. Es lindísimo”.

“Nunca imaginé que el Instituto pudiera tener tanta trascendencia, tanto alcance. Pero en educación es así. Esa era la base y no se sabe hasta dónde se llega. Lo que da el ser humano. En la formación de una persona nunca se sabe hasta dónde llega. Uno les da el andamiaje, después el trabajo y la vida dan lo demás”.

Y es innumerable la cantidad de profesores que surgieron el Instituto 13. Es reconfortante la satisfacción que se experimenta, por el sentido de pertenencia y por la trascendente proyección del producto concebido. “El balance de mi labor es muy positivo, muy enriquecedor. No hubo cosas feas, siempre mucho trabajo. Y aún hoy sigue siendo enriquecedora. Uno dice que responsabilidad, porque estaba formando personas. Pero sin duda es hermoso ayudar. Y a esa edad es lindísimo. La gente se brindaba mucho”.

Y los ecos de esos logros se revivieron en los festejos recientes. “La celebración fue preciosa. De lo más emotiva. Nos sentimos todos muy acompañados por todos. Cuando se valora así, uno ve que valió la pena”.

LA FAMILIA ACOMPAÑÓ

Sólo con imaginar la intensa actividad, más aún en los inicios cuando Teresita dijo ‘sí’ al desafío, la participación y apoyo del entorno familiar, es imprescindible. En tal sentido, reflexiona: “Pienso que no sabría hacer otra cosa. Yo me hice ahí, en el Instituto. El apoyo de la familia fue importante. Me ayudó mucho Victor, mi esposo; mi mamá y mi suegro Don Ivo. Yo estaba todo el día en el Instituto”.

“Mis hijos, primero decían abuela y después mamá”, acota jococamente y agrega: “Ellos estaban siempre con ella, desde que nacieron. Yo me casé a los dos años de estar en el Instituto, en 1968. En 1969 nació Gustavo de manera que los chicos lo vivieron a la par mía”.

La pausa en la habitual actividad que realiza Teresita en la tradicional Joyería Bolognesi, nos enriqueció el espíritu, ensanchó el corazón de una mujer que abrazó la tarea educativa con verdadera pasión, cuando todo implicaba esfuerzo, creatividad, ingenio y voluntad por doquier.
Teresita agradece a toda la comunidad. Y agradece a la vida las experiencias que enriquecieron su alma. Nos vamos y uno de sus hermosos nietos corre a abrazarla. Ella lo disfruta feliz, seguramente con el mismo amor que su madre ofrendó a sus hijos, cuando la vida le deparó exigencias a pura “tiza y pizarrón”.

TIZAS SUELTAS

“Fueron 25 hermosos años”

- “Si habré despedido promociones, si habremos llorado juntos. Además como tenía horas cátedra de literatura infantil, el contacto mío con los alumnos fue continuo. Trabajé muy bien esos 25 años y tuve la suerte de tener excelentes asesores docentes que nos enseñaban a trabajar, no tanto técnicos como hay ahora”.

-”Empezamos sin teléfono. Destinábamos un día a la semana para hablar con la gente de enseñanza superior e íbamos a hablar desde el Consejo Escolar. Nos manejábamos a tiza y pizarrón. No como ahora con tan hermosa máquinas. Lo que hubiera sido tener esto...”.

-“Otra cosa, el frío que se pasaba ahí. Era importante. En un momento cuando no había querosene, las chicas lo llevaban para las estufas. Daban olor, se apagaban, se prendían fuego. Pasamos de todo. Había que hacer cola para comprar querosene. Íbamos con los chicos que no tenìan clase y daban diez litros nomás, que se consumían en un ratito”.

-”A veces se rompía una ventana y no se podía reponer. El trabajo de la Cooperadora era impagable. Los chicos vivían al Instituto como su propia casa. Pasaban más horas ahí adentro que en sus casas. Las jornadas solidarias que hacíamos eran hermosas. Cada uno hacìa lo que sabía y llevaban lo que tenían. Algunos hacían de albañil, las chicas sabían pintar, otros atornillaban bancos, acomodaban sillas de madera”.

- “Cuando presentábamos los trabajos prácticos de maestra jardinera y de trabajo manual, iban padres, madres, hermanos, novios, todos a llevar las cosas y ayudar. Fueron 25 hermosos años”.

-”En la celebración de los 50 años, me emocionó cuando el padre Francisco (oriundo de Treinta de Agosto) bendice la bandera nueva, y dijo que lo llenaba de orgullo bendecirla, porque su madre y su madrina habían venido al Instituto a estudiar”.
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