Felicidad compartida



Manuela Pereyra es hija de Claudia Gorry y el pehuajense Martin Pereyra, nieta de nuestros convecinos de Olga y Carlos Pereyra. La joven participó exitosamente representando a Argentina en el sudamericano de tenis de mesa disputado en Colombia. Impresiones de una niña con mucho futuro ligada a nuestro Pehuajó. El perfil de su hermano Tobías y la felicidad de Martín, su padre y profesor.

Vive en Catriel (Río Negro) y practica este deporte desde los 7 años porque “me gusta, me divierte, salvo cuando papá me reta”, quien además de padre es su profesor. “Manu” representó al país y por primera vez festejó su cumpleaños fuera de su casa. “Me sentí bien pero un poco nerviosa”. Ahora, más tranquila, afirma: “Estoy contenta porque era mi primera vez que viajaba en avión, porque representaba a la Argentina y me hice amigas de nenas de otros países, porque me reía con mis compañeritos y compañeritas y entrenadores, jugábamos y compartimos muchos días lindos”.

Esta experiencia la estimula aún más. “Tengo ganas de seguir con tenis de mesa” sostiene y considera que “lo más importante es divertirse, pasarlo bien y aprender”. La llegada a su pueblo fue inolvidable. Felicitaciones en la calle, entrevistas en radios y el reconocimiento en la escuela. “Me hicieron pasar al frente y me aplaudieron, a mí me da vergüenza pasar al frente”, acota tímida pero feliz.

Cristian Carlos Pereyra (45) se radicó en Catriel “en septiembre del año 2000, porque tengo una hija llamada Renata nacida en esta localidad y por razones laborales, acá comienzo a ejercer la docencia como profesor de Biología y Física en las distintas escuelas secundarias, hasta la actualidad. Luego, en el año 2002, formó pareja con Claudia Patricia Gorri (40) y de ese gran amor, nacen, el día 29 de abril del 2006, Tobías y Manuela, los “mellis”.

LA ATRACCIÓN POR EL TENIS DE MESA
El tenis de mesa se afianzó en Catriel a través de la escuela municipal. Primero comenzó a jugarlo su hijo Tobías, Manuela iba a patín artístico. Un día los atrajo el tenis de mesa. Martín para acompañarlos empezó a interiorizarse. “De a poco aprendí, realicé una capacitación en el CENARD y me recibí de profesor. Fue entonces cuando me propusieron abrir una escuelita de tenis de mesa, también municipal, en el salón de una escuela secundaria. Con el miedo que eso implicaba invité algunos chicos del barrio y con el miedo que fueran pocos invite a Manuela, y a dos de sus amigas de curso Priscila y Luzmila”.

Y el miedo se superó y la escuelita creció. Alcanzó a tener 40 chicos y jugar en turnos en las tres mesas que disponían. Al poco tiempo, Carlos se dio cuenta que “Manu” empezaba a sobresalir, no sólo entre las nenas sino también entre los varones. Luego abandonó Luzmila pero Manuela y Priscila siguieron. Y lo hicieron con mayor intensidad.

Llegaron los torneos internos, los regionales y el provincial. “Manu”, Tobías y Priscila se destacaron en sus categorías. Manuela y Tobías clasificaron primeros y fueron al nacional de Santa Fe. Aquí Manuela perdió en cuartos con solo 8 años. Pero siguieron los torneos y los triunfos. Viajaron a Córdoba y jugaron el segundo nacional. Manu le ganó la final a su amiga Priscila y Tobías terminó 2º. Rotundo éxito para la escuela y la comunidad de Catriel.

PREMIO Y EXPERIENCIA
Y el pasaporte al sudamericano de Lima (Perú) para “Manu” integrando la selección argentina de tenis de mesa. Si bien no logró podio en tierra peruana, obtuvo una enriquecedora experiencia. “Fue como un premio al esfuerzo compartido de horas de entrenamiento y dedicación”, dice su padre y profesor, quien confiesa que en algún momento percibió el nivel alcanzado por Manuela. “Con el correr de los meses mi ilusión de llegar a jugar algún torneo en el orden provincial y nacional siempre rondaba en mi cabeza, en cambio la madre, recuerdo muy textual sus palabras , “para qué la haces jugar si apenas sabe pasarla”. Yo en ese momento sólo atiné a reírme”.

Ahora, ambos comparten la inmensa alegría. Coinciden en señalar que la experiencia internacional fue importante y consideran que la niña “tiene un gran futuro y un excelente presente ya que llegó a la selección Argentina, con tan solo 9 años, y eso no es poca cosa. Aunque falta mucho por aprender de este hermoso deporte”.

ALEGRÍAS COMPARTIDAS
Manuela es simple, sencilla. Vive con naturalidad el especial momento. Se ríe y saluda a la gente que se acerca para felicitarla. Cristian revela una anécdota “antes de viajar a Perú, al contarle al tachero que nos llevó al Cenard que iba para incorporarse a la selección le pidió un autógrafo y ella entre dientes me dice “papá yo no tengo una firma…”.

A la distancia, los abuelos Olga y Carlos comparten la inmensa felicidad que deparó Manuela. Cristian vive lejos pero siente cerca a Pehuajó y a su querido “Defe” donde jugó siendo adolescente. “Soy un afortunado, como tantos, de haber nacido en mi querido y amado Pehuajó”.

Claudia comparte la alegría y ambos valoran que la noticia se haya difundido en nuestro medio. “Todos aquellos que nos fuimos por diferentes motivos guardamos en lo más profundo de nuestros corazones a Pehuajó”, concluye Martín.
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