Una buena enseñanza

Siempre le atrajo la tarea bomberil. Cuando surgió la posibilidad, ingresó. Ya hace 20 años que forma parte del Cuerpo Activo. Hay hechos que quedaron marcados en su vida. Cada intervención lo reconforta. Exhorta a los jóvenes a que se animen, porque ayudar a tus semejantes hace bien.


Julio César Vallejos (48) hace un alto en la atención de su pollería. Unos amargos bien cebados secundan el encuentro. Enfrente, el movimiento cada vez más intenso de la avenida Dean Funes.

Un rápido recuerdo a la niñez, cuando hizo la primaria en la Escuela 13 y la secundaria en la escuela Técnica, en el viejo edificio de calle Goyena. “Siempre me intrigaba ser bombero. Me llamaba la atención, me gustaba”, hasta que un día, en forma inesperada, surgió el ingreso.

“Trabajaba en Laporta y Villamor. Vamos a arreglarle un lavarropas a Ramón Trejo, quien era miembro de la comisión de Bomberos. Salió el tema y le pregunté cómo había que hacer para entrar. Me dijo que fuera a ofrecerme de parte de él. Y al poco tiempo ingresé y sigo hasta hoy”.

Y enseguida, agrega: “Una vez que entrás si te gusta el entusiasmo es mayor. Ya han pasado 20 años y sigo, gracias a la buena voluntad que pongo y la voluntad de la familia que te tiene que bancar. He faltado a fiestas, cumpleaños de los chicos o estar un fin de año afuera. Pero se acostumbraron y me comprenden”.

HACER LAS COSAS BIEN
Y al calificar episodios vividos en dos décadas, Julio sostiene que “son más los momentos malos que los buenos que enfrentás siendo bombero. Las satisfacciones se dan cuando algo sale bien, siempre se trata de hacer las cosas bien pero no siempre salen como uno quiere. En un incendio, en un accidente, se pierden cosas y se pierden vidas. Hay que convivir con el dolor ajeno”.

Valora de sobremanera las amistades que se generan y considera que los amigos junto a la satisfacción de hacer las cosas bien, “es lo que uno se lleva del cuerpo de bomberos”.

Como todos los bomberos se vive pendiente de la sirena. “Queda una sensación rara cuando por ahí no podés salir, por ejemplo aquí cuando estoy en el negocio. Ahora cuando llaman de noche no fallo. Ahí estoy. Y mi señora que ayuda, abre el portón, pone el auto en marcha, mientras me cambio. Ahí aparece también el apoyo de la familia”, remarca sonriente Julio y reensilla el mate amargo.

SENTIRSE RECONFORTADO



Considera que para la comunidad el bombero es prioritario, y exhorta a los jóvenes: “A todos los que les guste ser bombero, tienen que acercarse. Hoy cuesta muchísimo llevar juventud. Ha cambiado todo un montón en la manera de vivir. Y cuesta sobrellevar la tarea de bombero, algunos se van por estudio, otros porque se cansan. Ahora, el que tenga ganas que se arrime. Ser bombero es una enseñanza muy buena”.

Por momentos piensa cuando llegue el momento del retiro pero su propósito es seguir en Bomberos ayudando de alguna manera. Y haciendo balance, Vallejos se siente contento. “Me gusta mucho lo que hago y en cada acción me siento reconfortado”.

Una clienta llega a la pollería. Concluye la charla y a modo de síntesis, el solidario bombero, padre de tres hijos, cuatro hijos del corazón y tres nietos, afirma: “Poder ayudar a los demás, me gusta...”.

“Haciendo el ingreso al cuerpo, tuve la pérdida de mi papá. Jugando al fútbol tuvo un ataque al corazón y falleció. Yo estaba ahí y hasta hoy ha sido lo más fuerte que enfrenté. Se descompuso, lo asistí y se murió en mis brazos. Eso me marcó y me duele. Después he afrontado otras cosas, pero como ese episodio no”.

-“Me tocó ir a Luján en las últimas inundaciones que hubo. Nunca imaginé estar caminando con un metro y medio de agua acumulada. Acá había asistido problemas así pero no tan grandes como en Luján. Fue tristísimo”.
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