¡Hola, Viterbo!



No fue un día más. El martes 10 de mayo no lo llamamos para pedirle un dato, para consultarle o confirmar algo de los tiempos idos. Lo llamamos para decirle “¡Felices 80 años!”. Lo fuimos a ver para darle un abrazo. Darle las gracias y desearle lo mejor, implorando a tata Dios para que lo ampare y lo proteja.

El ahora octogenario escritor e investigador histórico, con la simpleza y la humildad que lo caracteriza, agradeció y acotó en voz baja: “la verdad que en el algún momento pensé no llegar a este día...”.

Un vago pensamiento como tantos que suelen invadir íntimamente el laberintico espacio de la memoria emocional. Ya fue. Ahora comenzó el tránsito de una nueva década, quizás sin el énfasis de los años mozos, pero con los mismos principios y convicciones. La misma coherencia, ayer como hoy.

Siempre en la defensa de la identidad lugareña. Siempre en la valoración de hechos y personas, que hicieron y hacen por su amado terruño. Siempre en la exaltación de los auténticos valores de nuestra cultura.

La misma que empezó a mamar desde la niñez allá en el paraje Fuentes, cerquita de la escuela 6, en el solar natal donde leyó por vez primera el “Martín Fierro”, mientras su hermano desgranaba maíz y su madre preparaba la comida.

Si bien es autor de varios libros y numerosas publicaciones, no se manifiesta totalmente satisfecho. Queda mucho por hacer. Dispone de material de imponderable valor relacionado con la rica historia cultural de Pehuajó, fruto de años de perseverante investigación y consecuente estudio. Siempre con el único deseo de saber quiénes somos, qué hemos hecho y para qué.

Por todo eso y por muchas cosas más, este modesto homenaje. Ferrer sigue su ritmo con su andar cansino por las calles de su querido Pehuajó, sumando conocimientos, aferrado a sus sentimientos, a su gente y a sus sueños.

¡Gracias, muchas gracias Viterbo!
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