Una bella y tierna familia

Suman medio centenar. Un reciente nacimiento motivó nuestra inquietud por esta familia tan especial. Numerosa, elegante, colorida, mansa, cariñosa. Es la familia de llamas del payaso Santiago, un progenitor muy particular, pleno se sanas intenciones y buenos sentimientos.

La historia comenzó con “Luchy”, aquella llamita que acompañaba los paseos del payaso Santiago por la ciudad. Fue muy conocida y hasta la dedicó un tema musical en su honor. “Luchy” marcó el inicio de una gran familia. Al no tener en la ciudad un ámbito cercano, Santiago Ranciari las llevó a campo. Hoy tiene 49 ejemplares. Conviven en un ámbito natural, colorido y agradable. La reproducción ha sido notoria. Llegó a tener 53 ejemplares divididos en 4 familias, tres de hembras con su padre de familia y una familia numerosa de 23 machos solteros.

Hay de varios colores y de diversos temperamentos. Y Santiago les pone nombre a todas. Las conoce a todas y las identifica al pasar. Al respecto, dice: “La mayoría tiene nombres de persona. Y tiene su explicación. Cada llama que nace lleva el nombre del santo del día y así es que algunas tienen nombres muy singulares, como Telesforo, Benedicto (este un macho blanco nació el día que renunció el Papa Benedicto XVI); otra se llama Natividad (nació un 8 de diciembre). Hay otro que se llama Ariel que era justo un día que pasó por el campo el nuevo obispo de la Diócesis, para dos minutos a saludar dada su gran humildad y por eso le pusimos su nombre”.

“SON CASI HUMANOS”
Santiago conoce en profundidad el mundo de esta especie de camélidos. “Ellos no molestan, conviven sin problemas con todos los demás animales. Su delicadeza me atrae y su mansedumbre cuando los crías guachos es casi humana. Los recomiendo siempre para criar junto a los chicos, porque ya lo he probado con las niñas mías, cada una de ellas crio una y por ejemplo Gloria, mi hija más grande, de 9 años, crio a Ema y hoy cuando va al campo, Ema se separa de la manada y viene caminar con Gloria largas horas”.

Suelen enojarse y escupen, solo “si es agredido en último de los casos usa esa arma. Pero antes tiene dos avisos, primero mira feo, después agacha las orejas y por último si lo sigues agrediendo escupirá si no te alejas”.

El apego del payaso Santiago es absoluto. “Cuando me preguntan por su carne, pongo cara de pocos amigos. Yo solo vendo algunos para mascotas y si me entero que andan queriendo carnear a alguno veo si lo puedo comprar y lo sumo. Nunca he comido un llamo mío, sería muy difícil para mí procesar un animalito tan dulce, que seguro en el corral antes del sacrificio, capaz que vino y me rozo el oído con su hocico”, acota con angustia.

LA PARICIÓN, UN REGALO DE DIOS. LA ESQUILA, UNA FIESTA
Otro momento muy especial es la parición. Es incierto pronosticarlo pero es “muy gratificante para mi ver el llamito recién nacido ponerse a mamar. Una vez que se para ya se dirige a la teta y como todo mamífero ese primer trago lo habilita para la vida completa”, señala Santiago y añade, feliz y emocionado: “Varias veces asistí a semejante regalo. Es como ver en pocos minutos la potencia del Dios creador tallando en su obra maestra, la naturaleza”.

Se hace cada dos años. “La hago con Martin Ortellado y sus hijos. Dos días de mucho calor lleva la esquila. Hay asado, payadas y algún vino. Y la fibra empieza a gestar un futuro tejido. La lana es muy buena para tejidos artesanales y lleva la primera mano de obra. El hilado lo hace la Sra. Carlina Giménez, después vienen los ponchos, chalecos y demás, pero eso ya para mi es harina de otro costal”, dice Santiago.

LA GRAN FAMILIA
Hoy, la llama más antigua es Catalina. Tiene casi 20 años y es abuela de varias y bisabuela de algunas. Hace pocos días se sumaron dos. “Nació una hembra de color gris y cara blanca que se llama “Ceniza” y otro que nació el día de mi cumpleaños (8 de Marzo) que se llama “Juan de Dios”. Es probable que sean las ultimas pariciones del año y luego del invierno empiecen otra vez a aparecer los nuevos retoños de esta producción animal que solo tiene por resultado obtener el beneplácito para mis sentidos”.

El cariño de apreciado payaso Santiago es inconmensurable. “Huelo su lana húmeda, escucho su relincho cuasi al de un bebé humano, toco el hocico curioso que me viene a olfatear cuando llego, y saboreo al ver su finura y elegancia en los diversos y caprichosos colores que como un pintor avezado, Dios pone a cada uno para que sean muchos pero diferentes cada uno”.
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