Cuando atrapa el olor de la madera



Desde la niñez siente y disfruta el noble olor a madera. Sus actividades laborales las alterna con el atrapante oficio de tallar maderas. Jorge Jamar aspira jubilarse en poco tiempo y dedicarse con mayor intensidad al quehacer artesanal. A través de él, nuestro tributo a todos los carpinteros y artesanos.

Su identificación con el oficio viene des de la niñez. “Desde chico, como los pollitos, empecé a trabajar en la madera. Comencé con DACA, con los Del Valle. Abandoné el colegio secundario, le dije a mis viejos que quería trabajar. Después fui al servicio militar, fui, volví y empecé a trabajar con otros carpinteros y más tarde terminé laburando por mi cuenta”.

Siempre fue acumulado experiencias y al mismo tiempo conocimientos. “Me ha ido muy bien, he ido aprendiendo mucho. El área de carpintería es muy amplia, tenés carpintería de aberturas, rural, de muebles, etc.”, afirma y es evidente que cada uno determina su opción.

La posibilidad de transmitir sus conocimientos no estaba inicialmente en sus planes. “Un día, un compañero, Tito Cardone, que falleció, me dijo de hacer un curso de instructor. Me pareció interesante probar. Lo hice, me recibí y al año siguiente ya estaba dando clases en un centro de formación profesional. Esto me alejó un poco de la carpintería pero después surgió el cargo de secretario, accedí al cargo y seguí de profesor, pero abandoné un poco la carpintería”.

UN MUEBLE DESPERTÓ LA PASIÓN



La llama interior seguía latente. Y un día surgió la pasión por el tallado. “Me acordé que en una estancia donde había ido a trabajar, había un mueble tallado muy bonito. Hice una réplica exacta de ese mueble. Y tallar me atrapó de una manera muy especial, eran las 4 de la madrugada y estaba tallando. Descubrí un cable a tierra tremendo”.

Ahí se manifestó el perfil artesanal y creativo de Jorge Jamar. “Empecé a ver otras cosas, mirar maderas, descubrí problemáticas en el tallado y me siguió atrapando que terminé dedicándome a esto. Hice infinidad de trabajos. Carteles, muebles, de todo. Hice una serie de cuadros mapuches, los verdaderos dueños de la tierra, como una conmemoración en 12 o 14 cuadros”.

Si bien en la actualidad no dedica el tiempo necesario, la tarea persiste, “Estoy trabajando en una serie del vía crucis, pero ya agiornado con pintura, porque hice un curso y entonces fusioné el tallado, la pintura, las alegorías del tema”, sostiene y acota: “Espero jubilarme el año que viene, hacer otro tipo de trabajos y dedicarme de lleno a esto. Ya estoy viendo cosas, busco en internet, guardo diseños y voy acopiando. Ya llegará el día de hacerlos”.

UNA BÚSQUEDA PERMANENTE
Al indagar acerca de los materiales preferidos y estilos creativos, destaca: “Particularmente, busco maderas viejas, porque así como se contrae el vidrio y se dilata, la madera tiene movimientos. Y la madera nueva está casi verde, y me ha pasado que al hacer un tallado se dobla, cosa que no pasa con la madera estacionada. Y ahora se usa otro material, un IMC o un fibrofácil. No tiene nudos ni vetas y es muy fácil de tallar. Sigo incursionando en lo nuevo, sigo viendo, inventando”.

Su búsqueda prioriza un estilo personal. No usa herramientas eléctricas, todo es manual. “Si me dicen hacer un espejo pìchindale, hago la réplica. Pero de alguna manera, se trata de darle un estilo propio. Por ahí tomas una idea de algo y la adaptas a tu gusto, siempre con la intención de hacer algo distinto. Si a algún cliente le interesa un trabajo, se llevará algo exclusivo. No habrá dos iguales”.

Lleva 17 años en la actividad. Las tallas de Jamar han sido motivo de atracción en varias muestras de la Sociedad Rural y han participado con marcado éxito en eventos de diversas ciudades. Ha hecho trabajos de todo tipo y entre sus creaciones hay muchos motivos religiosos. A propósito, expresa: “Tengo desde la cara de Jesús hasta la última cena. Había hecho un Cristo, que estaba en la calle Dean Funes, eran maderitas unidas que de acuerdo a cómo se miraba se iba formando la imagen. Tuvimos la mala de suerte que vino un tornado y lo rompió. Algún día lo recuperaremos. Siempre me gustó hacer cosas religiosas”.

Aclara: “Si me piden hacer determinada cosa digo no. Yo tengo que pensar el tema, madurarlo y cuando surge la inspiración lo hago rápido. He hecho la cara de Jesús en un ciprés, la regalé, hice otra y no me salió igual. No es lo mismo”·.

VOLAR, IMAGINAR, CREAR
El taller lo sumerge en un mundo muy especial. “Cuando tallas vas volando, vas imaginando, y dentro de lo que te permite el material vas creando. Es un cable a tierra. Prendo la radio, que no la escucho pero el ruido está, después el mate y el olorcito a madera”.

Jorge, es consciente de que hay un camino de largo recorrido. Se siente satisfecho con sus logros. “Es bárbaro ver cómo la madera me fue llevando, además de tallar, llegue a ser profesor de carpintería, hasta pude llegar a Brasil. Cuando un oficio se prolonga en el tiempo, cuantas actividades desarrollas. Me fascina y voy a seguir”.

PING PONG

¿Un deseo?: “Jubilarme y viajar”.
¿Un recuerdo?: “Viajes en moto con amigos”.
¿Una esperanza?: “Recuperar mi salud”.
¿Un rencor?: “No tengo”.
¿Una gratitud?: “A la vida”.
¿Una ingratitud?: “Los políticos ( No valoran el Pueblo ni respetan la democracia).
¿Un ídolo?: “No tengo”.
¿Un Amigo?: “Quien está en la buenas y las malas”.
¿Un amor?: “Mi pareja”.
¿La madera?: “Mi oficio”.
¿Un hobby?: “Filatelia y numismática”.
¿Pehuajó?: “Mis raíces”.
¿El futuro?: “Mis nietos”.
¿Jorge Jamar?: “Un ser con errores y virtudes”.
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