Promesa cumplida y un encuentro lleno de amor

Ricardo Bernal, luego de una conmovedora experiencia en la cordillera de los Andes y a partir de una señal en su salud, prometió ir a Luján en bicicleta. Lo hizo realidad a fines de noviembre, no exento de avatares climáticos. Llegó y cumplió, pero jamás imaginó que al llegar lo esperaban su hermana y su madre. Emoción imposible de traducir en palabras.



Llueve intensamente en la ciudad. En el prolijo barrio Atepam nos encontramos con Ricardo Bernal (58), su mamá Manuela Aguilar (82) y su hermana Norma. Manuela hace un alto en la preparación de unas empanadas, y juntos rememoramos el viaje de Ricardo en bicicleta desde Pehuajó hasta la Basílica de Luján, para cumplir con una promesa.

Manuela es hermana de Alonso Aguilar, aquel ejemplar no vidente que generó la organización de ciegos y ambliopes en nuestra ciudad. El recuerdo es ineludible porque siempre está presente en la familia. “Fue sostén nuestro y era tan inteligente que nos ayudaba a todos”, acota Manuela.

Luego de evocar actitudes y acciones de Alonso, que tenemos en cuenta para una futura edición de “Mirá”, Manuela con su sonrisa a flor de labios relata la experiencia asumida de ir a esperar a Ricardo cuando llegara a Luján:

“En las otras elecciones que vinieron los tres hijos. Comimos todos juntos y Ricardo los invitó a los chicos para ver si podían ir a reunirse en Luján y esperarlo. Pero por problemas de estudio y trabajo era imposible. Entonces, ahí dije acá va estar la mamá, pero no les comenté. Y fue así que decidí ir a esperarlo”.

“LO PASAMOS EN LA RUTA PERO NO NOS VIO”



La decisión fue importante para Manuela. “No siempre podemos hacerlo, porque yo debo adaptarme a las necesidades de mi hija que requiere atención. Tal es así que Marisa, que iba en auto de apoyo, sabía… Vamos a estar las dos, me decía, y yo voy sola. Pero no, como debo adaptar los tiempos con mi hija, dije vos hace lo tuyo y yo hago lo mío”.

Y así fue, Manuela y Norma se fueron en remis hasta Luján. “Cuando íbamos lo pasamos en ruta, pero no nos vio. Fue tan lindo y todo salió bien. Llegamos y nos encontramos con Marisa al toque. Parecía que nos estábamos esperando…”.

Frente a la majestuosidad de la basílica de la santa patrona de los argentinos, Ricardo Bernal, el viajante, el aficionado de las fotografías, el inquieto hacedor de actividades comunitarias, miraba el tope de las torres, contemplaba la inmensidad que todo lo atrapa y daba gracias al Altísimo, con lágrimas en sus ojos, porque había cumplido su promesa de llegar en bicicleta, para agradecer, invocar y pedir por la salud de dos niños pehuajenses, Ciro y Michelle, a quienes no conoce, pero sintió la necesidad de rogar por su sanación.

Así se hace el bien, sin mirar a quien. “En medio de ese trance –dice Ricardo- saco las fotos de los niños que llevaba. Puedo asegurar que sentí que llegaron hasta las puntitas de las cruces de la basílica. Y en medio de ese trance emocional, me tocan el hombro, me doy vuelta y estaban ellas dos, mi madre y mi hermana. Y bueno ahí, se me cayó todo. No hay palabras”.

El silencio y la mirada de Ricardo son emocionantes. Interviene Manuela. “Lo abrazo y le digo ‘Oh Ricardo, buen día, cómo te fue en el viaje’”. La emoción revive, los ojos de Manuela brillan de felicidad. Los de Ricardo se humedecen otra vez. No se puede explicar.

EMOCIÓN IMBORRABLE



Pasan los días y la emoción persiste. Y se realimenta por efecto del eco logrado en las redes sociales y con el encuentro cara a cara con los pehuajenses que compartieron la experiencia. Y el momento culminante se renueva en las retinas. Manuela remarca: “El encuentro fue hermoso. El qué más lo sintió fue él. En el momento para uno es todo natural, pero después uno se da cuenta que eso no se repite nunca más”.

Ricardo no imaginó ese encuentro. “Sinceramente no. Pero en la familia somos bastantes particulares y viajeros. Mi primera intención era invitarlos a que vayan, pero por ahí podía resultar pesado”.

“Yo organizo, me organizo todo hasta el mínimo detalle. Programo todo con mucho tiempo. Ya estaba previsto que quien me acompañara me debía esperar en determinado punto. A este viaje lo planifiqué con tiempo, por tierra, viajé 15 días antes. Recorrí todos los pueblos, estaba planificado hasta el último detalle”.

Y al aportar más detalles, señala: “Al viaje lo hice con mucha alegría, muy suelto, muy liviano de espíritu. Gente que no conocía, de Bragado y Chivilcoy, se asombraba que ni cansado llegaba. Me reía, como jugando con la bicicleta.

Cuando llego a Luján, esas ocho o diez cuadras cuando vez el imponente edificio de la basílica, te atrapa y la carga emocional que llevaba aflora. Me acordé de las fotos que llevaba en los sobres y largué a llorar y me dejé llorar. Dejé que salga todo de adentro y no me podía consolar y al día de hoy (5 de diciembre) todavía no puedo”.

“Estoy fascinado y feliz porque lo logré, y porque todo el mundo participó, sobre todo mis amigos. Y gente que no conocía”, afirma al final de la charla. Y Manuela remarca: “Fue todo muy emocionante. Cuando regresamos acá no alcancé a entrar a casa, que los vecinos me llamaban. ‘Vení Manuela, ¡llegaste!’. Habían visto todo por la compu”.

Manuela, Norma y Ricardo nos despiden afectuosamente. Una sensación muy especial nos invade. Ya casi no llueve, miramos el “paseo de las madres”, frente a la casa de los Bernal, y nos hace pensar que en esa plazoleta, entre otros, late el corazón de Manuela, madraza por excelencia.

MAS IMPRESIONES
-“Es una experiencia magnífica que ahora trato de explicar a mis amigos. Yo lo voy a volver hacer, porque se puede. Hay que prepararse”.

-“En el camino sucedieron muchas cosas. Algunas muy risueñas con animales silvestres. Por ejemplo, dos lagartos en la zona de El Salado, que van a cruzar y como esperan que pase para hacerlo”.

-“El acompañamiento de los amigos, que me esperaron en Bragado y Chivilcoy. Y la gente por efecto de las redes sociales que ahora veo la dimensión que esto tiene. Fue como un reality el que se generó. Esa fuerza, ese apoyo, lo percibí e iba embalado. Gente que te saludaba desde los autos cuando te pasaban y después ese saludo era volcado en las redes sociales de Pehuajó”.

-“Tuve muy presente el viaje que hice a la cordillera. Tal es así que un sobreviviente de allá, me siguió en el viaje y hasta lo comentó. Son gestos muy fuertes”.

-“Cuando hizo ese viaje -dice Manuela- yo quede mal porque salió solo hasta Mendoza. Quédate tranquila que tenemos guía, me decía. Y cuando vi el video, le juro que me hubiera gustado prepararme para hacerlo. Por eso, que ahora cuando se originó esto, me dije cómo no lo voy acompañar en esto”.

-“Todo tiene que ver con la necesidad de un cambio de vida que tuve que asumir. Hace poco más de un año apareció un problema de diabetes. Lo corregí enseguida con un cambio de calidad de vida. Se puede. Hay que animarse, ponerse una fecha, un objetivo. Mentalizarse, hacer vida sana”.

-“No se puede describir lo que se siente al llegar. Es muy particular. Son dos días muy intensos los vividos en el viaje. Vas con la cabeza alta pero suelta. Tenés muchas horas para reflexionar, para pensar, para acomodar patitos. No te tenés que caer. Llegué con una fuerza mental muy fuerte. Te encontrás con vos mismos. Llegar es indescriptible.

-“Todos tenemos nuestra montaña. Está en uno cómo subirla, cómo pasarla. Alguien la va a encarar por el frente, alguien por atrás, alguien la va a dar vuelta, alguien no va a subir nunca y alguien ni siquiera lo va a intentar. Está en uno cómo encarar esa montaña. Esta reflexión de Pedro Alcorta, sobreviviente de Los Andes, la tengo sumamente presente y todos en nuestras vida tenemos montañas, más grandes o más chicas. En nuestra vida, en nuestra familia, tenemos montañas muy grandes. Estuvo muy presente mi papá en todo el viaje”.

-“La otra parte del viaje era encontrarme con la peregrinación en bicicleta que venía a Luján. Mi intención era llegar antes y encontrarme con ellos. Lo logré. Se calcula que había más de 10 mil bicicletas. A lo largo del día iban llegando. Veías a todos contentos. Ya está programada la nueva peregrinación en bicicleta para el 27 de noviembre de 2016. Hay que animarse y prepararse”.
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