Un lugar distinto para sentirse bien y disfrutar



Comenzó con la elaboración de vinagres saborizados en 2008, cuando una planta de ciruela dio una producción muy grande. Investigó qué hacer y obtuvo recetas específicas. “Elaboré unas 10 botellas –dice Alberto Pascual- y dejé macerando alrededor de 2 meses. Los entregué a algunos amigos, con la condición de que me respondan qué les pareció. Al tiempo todos coincidieron en lo mismo: muy buenos”.

Así empezó la producción para presentarla en los actos del aniversario de Pehuajó del 2009, pero la aparición de la gripe A motivó la suspensión y recién los presentó en la Expo rural de ese año. Se iniciaba una etapa muy significativa.

¿Por qué "El Refugio de Antonino"?: “El refugio nació como consecuencia de algunos amigos, que cada vez que venían me expresaban que lo sentían como tal. Un lugar tranquilo, relajador, adonde nadie te molestaba, no se sentía nada, ya que la principal construcción se encuentra en el centro de la manzana, impidiendo sentir ruidos y alejados de la calle. Lo consideraban un lugar apacible, que llevaba a descansar y relajarse plenamente, y sin ganas de salir de él”, manifiesta Pascual, y añade que Antonino es su segundo nombre y proviene del abuelo paterno.

Los resultados del emprendimiento son “más que óptimos” ya que los objetivos fijados se cumplieron. “Generalmente se miden en períodos de 5 años, y uno de ellos era la construcción del laboratorio para la elaboración de los vinagres y aceites, cumpliendo con todas las normas de bromatología. Se logró a los 3 años, y en estos momentos siguen en pie otros objetivos, como por ejemplo introducir modificaciones en la elaboración de otros tipos de vinagres, como los mediterráneos o con miel, que aún no he logrado elaborarlos. Así mismo mantener siempre el nivel de artesanal que fue su comienzo”.

En cuanto al consumo destaca que “lo usan mucho aquellas personas que no pueden consumir sal en las comidas. O aquellas personas que les gusta cocinar e introducen modificaciones en sus comidas”. También se atiende una demanda ajena a la ciudad, motivada por visitantes a la ciudad, quienes “realizan el pedido con anticipación ya sea vía Facebook o por teléfono para que les prepare los pedidos con distintas variedades”. Aclara Alberto que “no es un producto que se haga en muchos lugares, eso provoca el interés y la forma también de llevar un recuerdo de la ciudad. Que es también uno de los objetivos planteados en el inicio, lograr llegar a otros lugares”.

Desde hace tres años el “refugio” brinda servicios personalizados, con la intención de que los asistentes “sienta como en su casa”. Al respecto, Alberto señala: “Generalmente lo usan para cumpleaños, encuentros familiares, reuniones de promociones, empresas, bautismos, comuniones. Se reciben de 10 hasta las 22 personas por evento. Se trata de darle absolutamente todo, desde la recepción hasta la finalización, utilizando el lugar como si fuera propio y disfrutando de cada una de las opciones que se presentan”.

Muchos radicados fuera de Pehuajó, contratan a través de la fan page El Refugio de Antonino. Se trata de exconvecinos que tienen familiares en la ciudad y eligen El Refugio para el lugar de encuentro, donde se atiende solo a un  grupo por vez, para preservar la intimidad, calidad y calidez. Todo lo que se cocina es elaborado artesanalmente y mucho se obtiene de la huerta propia.

Alberto Pascual, cara visible del Refugio pero que cuenta con la colaboración de Malena, Silvia y Graciela, se siente satisfecho y transmite el sentimiento que lo embarga al poder brindar “algo distinto, algo que le permita a las personas sentirse no solo cómodas, sino además disfrutar de cada espacio y lugar. Desde una comida artesanal, un dulce casero, un licor, un jardín amplio, un banco que los invite a sentarse, a compartir un café, un té o simplemente una charla. Una sobremesa extendida, una comida distinta, y tantas cosas que hacen a la felicidad de las personas”.
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