Trabajo y deporte: claves de una buena vida

Cuando llegue el próximo invierno cumplirá 87 años. Es nacido en Pehuajó, desciende de la segunda generación de familias que se radicaron en los orígenes de la ciudad. Fue alumno de la escuela Sarmiento y su vida tiene dos signos distintivos: trabajo y deportes. Cultivó el oficio de soldador con calidad y capacidad. Hizo fútbol, fue pelotaris, boxeador y colombófilo. En todo, rindió tributo a su nombre, simplemente “Eminente”.



Eminente Pérez disfruta los años mozos a su manera. Tranquilo y dichoso. Ha recorrido un largo camino pleno de trabajo y cultivo de deportes. Es común verlo sentado en la vereda de su casa, en calle Ascasubi, saludando a amigos, conocidos y desconocidos. Una tarde se nos ocurrió visitarlo e hilvanar recuerdos. Claro que le interrumpimos el partido amistoso de la selección argentina de fútbol que miraba por TV. El encuentro fue una placentera inversión para el espíritu.

Eminente trabajó ocho años con el soldador Quiñones y después pasó a la Industria Molino, formando parte de la fábrica que estaba en la Sociedad Francesa. “Ahí trabajé hasta el año 1954, y después fui uno de los primeros empleados de Corbo”, recuerda el pehuajense. Allí trabajó hasta 1964 como soldador eléctrico y autógeno. “Después me puse solo y trabajé hasta que me jubilé, en el local en calle Balcarce”.

Y la tarea independiente fue fructífera y son numerosos los recuerdos. Con su actividad, hasta alcanzó trascendencia regional. “Tenía trabajo de todos lados, de toda la zona. Me traían trabajos difíciles, tapa de cilindros, de todo, era lo más bravo que había. Venían de Bolívar, Trenque Lauquen y hasta de Junín. También tenía mucho trabajo por los coches de carrera”.

Tiempos de esfuerzos y sacrificios que Pérez asumió con ahínco y responsabilidad. Se lo ve feliz, satisfecho, convencido de la importancia del trabajo en la vida. “Estoy muy contento, hice todo lo que me propuse. Trabajé mucho. Si no se trabaja no hay nada”, afirma de manera contundente y con la autoridad que confieren los años vividos y el camino recorrido.

DEPORTISTA ÍNTEGRO
Conoce la ciudad como pocos. Es que la calle ha sido su universidad permanente, tanto por su trabajo como por su amor al deporte, donde también hizo honor a su nombre. Fue emitente en distintas disciplinas.

“La vida de deportista empezó en la sexta de Estudiantes, hasta llegar a cuarta. Después me llamaron de Defensores porque yo era muy amigo de Tito Irigoyen, y como habíamos muchos jugadores en Estudiantes me fui para allá”, rememora y explica que en el azulgrana pehuajense jugó durante las temporadas 47 y 48, hasta que “me tocó la Marina en La Plata y ahí encontré a muchos jugadores”.

Si bien recuerda con afecto el paso por “Defe”, su corazón está en Estudiantes Unidos, su club barrial ya que nació a media cuadra de la cancha. A propósito del club de sus amores: “Fui subcampeón del 53 y campeón en 54”, afirma y sus ojos se iluminan al recordar aquella etapa plena de amistades y muy buenas ondas. “El fútbol de antes era muy distinto. Era más técnico, hoy son todo atletas. No había interés por la plata, jugábamos por una naranja”, acota sonriente.

¿QUIÉN LE QUITA LO BAILADO?



Lejos han quedado las épocas activas de futbolistas e hincha. Pero nadie le puede quitar lo bailado a Eminente. “Sigo mirando fútbol. Soy hincha de Independiente. Conocí a todos los jugadores, a De la Mata por ejemplo, y a todos esos… en el año 49. Allá iba a todos los partidos, y teníamos muchos amigos en Banfield”.

Y sobre el rojo de Avellaneda, remarca: “Me acuerdo cuando le ganó al Santos en Brasil 3 a 2, después de ir perdiendo 2 a 0. Después acá le hizo cinco. Iba siempre a la cancha, pero estaba más cerca de la cancha de Banfield , ahí iba domingo por medio y lo conocí a Di Stefano, a Labruna, a Lousteau…”.

Son muchísimos los recuerdos que ratifican experiencias inolvidables. “Cuando jugaba en quinta en Estudiantes fuimos invitados a Casares y ahí lo conocí a Cherro y a Varallo, me dieron un beso cada uno”, acota con inocultable emoción.

PELOTA A PALETA, BOXEO Y PALOMAS



En el año 1957, Eminente contrajo matrimonio con Margarita Yaconis y una afección de psoriasis hizo que abandonara el fútbol, pero no el deporte. Surgió entonces su inclinación por las bochas, pelota a paleta, colombófilas y boxeo, campos donde también cosechó satisfacciones.

Por ejemplo, en su actividad como colombófilo Pérez ostenta un halago muy especial: “Fui el primer campeón colombófilo de Pehuajó en el año 1958 con el palomar El Roperito”. En pelota a paleta compartió numerosos encuentros y también incursionó en la faz competitiva, mientras que en al hablar de boxeo también proliferan lindos recuerdos: “Pelee de pibe, siempre amateur en la categoría 50 kilos. Hacíamos boxeo en el Teatro Dante, donde era la sede vieja de Estudiantes. Conocí muchos boxeadores”.

En la actualidad, ya no concurre a las canchas, pero la televisión le permite seguir de cerca los deportes de su preferencia, aunque -dice- “si tengo que elegir entre boxeo, pelota paleta y fútbol, me quedo con paleta y fútbol, pero es muy difícil elegir uno solo”.

Margarita, su esposa, hace un alto en su tarea de pedicuría, que ejerce hace 28 años y comparte el final del encuentro. También feliz, contenta, con una sonrisa a flor de labios, la misma que comparte con Eminente, que lo conoció en una fiesta, hace más de medio siglo. Este mes cumplieron 58 años de matrimonio, y ambos coinciden en señalar: “El secreto para convivir tantos años es tener salud y aguante. Tenemos tres hijos, dos mujeres y varón, 12 nietos y 8 bisnietos. Nada más se puede pedir”.

Se apaga otra tarde sobre la ciudad. Tomamos varias fotos y nos vamos por la calle Hilario Ascasubi hacia la plaza Italia. Y a modo de síntesis, resuenan las palabras de Don Eminente Pérez: “Ahora la vida es tranquila. Me siento en la vereda y me saludan mucho. Algunos paran y dicen vos nos conocés, pero no me acuerdo hace años que nos los veo. Yo anduve siempre en la calle por el trabajo, por el deporte. Conozco todo Pehuajó”.

”En Pehuajó hay un adelanto terrible, nada que ver con antes. Antes en la Plaza Italia era todo alambrado y ligustros, yo nací en frente en calle Godoy. Había dos canchas de tenis y una de bochas”.

“Nací a una cuadra y media de la casa de Osmar Maderna, los conocí a todos. Me lo pasaba ahí porque jugaba al fútbol el más chico, el Toto Maderna, que trabaja en la Estrella Española, el almacén grande que había”.
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