Canalizar emociones y sentimientos

Se llama María Estela Gramicci, pero desde niña le dicen “Pelusa”. Ha cumplido distintos roles comunitarios pero desde hace más de 20 años dedica su tiempo al Teatro Independiente de Pehuajó, entidad que acaba de cumplir 35 años de trayectoria. A través de “Pelusa” adherimos al aniversario y a la celebración del Día del Teatro celebrado el pasado 26 de marzo. Sus vivencias, sus logros, sus sentimientos y una constante que le place, concurrir todos los días al TIP.



Con la afabilidad de siempre, Pelusa nos recibió en la salita de atención del TIP. Un tanto sorprendida y otra tanto complacida, la pehuajense respondió a nuestra requisitoria. Era casi la noche, un calor intenso se percibía en el ambiente, pero como todos los dìas, cualquiera sea el clima, Pelusa está presente en el TIP.

No estuvo en el grupo gestor de la entidad, pero desde su ingreso suscitó un cariño muy especial. “Hace más de veinte años, en el año 92 más o menos, vine al TIP para inscribir a mi sobrina que era niña, con mi cuñada. Vinimos sólo a preguntar. Nos encontramos con Fabiana Continanzia, que estaba acá. Ella nos explicó sobre los talleres para niños pero nos comentó que iba a comenzar un taller para adultos pero nosotros de teatro éramos sólo espectadoras”, recuerda a propósito del vínculo.

Fue Fabiana quien “invitó e insistió” para que Pelusa y su cuñada participen de la cena de mujeres que se realizaba en las instalaciones del TIP. “Fue bárbaro porque era todo una incógnita qué pasaba en la cena. Ella lo había pensado porque los hombres tienen sus peñas y las mujeres se quedaban en sus casas. Entonces hacía una cena para mujeres, y vinimos por supuesto. Hubo juegos, una charla. Y más adelante ya nos anotamos e invitamos a muchas personas, la verdad que se armó un grupo precioso que nos llamamos “Las Tipasas”. En cada cena ellas nos hacía preparar improvisaciones durante la semana y el mes, sobre determinados temas y diferentes situaciones”.

La idea y la convocatoria de la siempre recordada Fabiana fue contundente y decisoria. “Estábamos enloquecidas y al año siguiente, cuando empezamos preparamos Mustafá, pero ella se enfermó y estuvimos muy poquito”, rememora con natural nostalgia y exclama: “después ya no me pude ir más de esta casa”.

“NUNCA IMAGINÉ QUEDARME”

Bien se dice que la actividad artística suele ser insospechada en la vida. “El teatro siempre me pareció un modo de expresarnos, una cosa que te hace bien. Yo iba a ver obras y me emocionaba o me hacía morir de risa. Pero me pegaba, entendía que era un arte, la persona vuelca todo lo que tiene de sí, busca lo más profundo de su ser para expresarse. A mí me parecía bárbaro, pero nunca imaginé que yo podía encontrarme en esa situación”, sostiene Gramicci a modo de reflexión.

Hubo etapas de intensa actividad y capacitación. Pelusa realizó talleres y así “pasó el tiempo” y los años. “Después vino la época de Polo Duhalde con quien hacíamos talleres, mientras seguíamos con “Las Tipasas”. También Polo me convocó a trabajar en algunas obras o improvisaciones, y luego vino otra persona que llegó a Pehuajó, Ignacio Alonso, sobre el año 2000. Ahí participé en un infantil que fue extraordinario. Se llamaba “Pluff, el fantasmita”, y yo era la mamá del fantasmita que interpretaba Lorena Piras”, rememora jocosa y feliz.

Su labor actoral también sabe de halagos. La actriz pehuajense formó parte de elencos que lograron destacados premios en la provincia. “Hicimos una obra por final de taller que era “El viaje de Pedro, el afortunado”, que fue muy linda también. Al año siguiente, hicimos otra más que yo estaba con Meana, Pérez y Bocha Pascual. Participamos muchos años en torneos bonaerenses en Mar del Plata. Sacamos medallas de plata, y hasta de oro con “Lombrices”.

“HAGO LO QUE PUEDO”
Más tarde su quehacer tuvo continuidad con Panchi Ananía. Aunque comenzó a alejarse de “las tablas” pero no del Teatro Independiente Pehuajó. Al respecto, remarca que hubo que formar “una comisión porque era imprescindible tener personería jurídica y tener todos los papeles en orden. Se organizó la parte formal y después de allí en más me quedé para siempre”.

“Nunca imaginé -enfatiza- que me iba a quedar cuando traje a mis sobrinas para averiguar. No me pude ir más, me atrapó. Además me siento muy cómoda con las personas. También pienso que es una manera de poder ayudar dentro de lo que sé y puedo hacer. Me ocupo de papeles o vencimientos, presentaciones o lo que fuere. Dentro de lo que puedo lo hago, y los chicos son más creativos, están para volar”.

Y a su tarea de administración y coordinación institucional, la realiza con el mismo entusiasmo. Activa, inquieta. Echa una mirada al tiempo transcurrido y resurgen momentos: “Me acuerdo de Martín Palacios que venía al Taller de Niños, y ahora es un hombre. Uno se da cuenta que los años han pasado”.

Gramicci sostiene que “el teatro hace bien”. Así lo demuestra su experiencia personal y las vivencias de compañeros del TIP. “Muchas personas que vienen a los talleres porque se los aconsejan. Y hay niños que son muy tímidos en las escuelas y vienen al taller y van entrando por el juego, incluso los adultos. Lo hacés jugando, y está todo adentro tuyo. Sirve para canalizar emociones y sentimientos. Todo te ayuda y además acá se da un fenómeno muy lindo: es un lugar abierto, de tal manera que las personas se sienten cómodas y vienen con tranquilidad como si fuese su casa. Eso se ha logrado. Hay chicos que vinieron de pequeños y cada tanto vienen a visitar”.

El balance es más que positivo. Por momentos contagiante. Y es cierto, se entremezclan emociones y sentimientos, hasta en los pequeños detalles, porque Pelusa está en todas, nada se escapa. Y lo hace con entrega y mucho amor. “Me siento muy cómoda, muy bien. Vengo todos los días, trato de ayudar”, concluye.

Dejamos la salita del TIP. Pelusa mira desde el largo pasillo, la casa del frente y acota: “Este el sueño que falta cumplir. Seguiremos luchando para lograrlo”.

¿POR QUÉ PELUSA?



“Pelusa vino porque cuando era pequeña estaba mi madre y tíos, hermanos de mamá que trabajan en el campo, eran albañiles, Venían cada quince días. Ellos me sacaban el gorro y decían “a esta chica nunca le va a venir el pelo, siempre la misma pelusa”, Era muy rubia, tenía la cabeza como una rodilla, tenía una cosita nada más hasta que me vino el pelo”.
Asì fue. Además la familia de mi mamá era de poner muchos sobrenombres. A mi hermano, “el grillo”, nunca nadie supo por qué le decían así. A mi mamá le decían siempre Matilde, y yo era bastante grandecita cuando supe que se llamaba Lucía”.

DISTINCIONES
Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer, este año “Pelusa” fue distinguida a nivel municipal y provincial, junto a otras mujeres destacadas en distintos roles culturales y comunitarios. Justo reconocimiento a su actividad en el campo de la cultura y de manera especial su aporte al teatro.

PING PONG
-¿Un deseo?: “Que el TIP se asome a la calle”.
-¿Un recuerdo?: “La primera vez que entré al TIP y tomé mate con “la FA”.
-¿Una frustración?: “Cantar aceptablemente”.
-¿Una gratitud?: “Mis sobrinos, sobrinos nietos y amigos”
-¿Una ingratitud?: “No recuerdo”.
-¿Un amor?: “Era tan joven….”
-¿Una esperanza?: “Que el mundo sea más justo, que el hombre piense en sus semejantes y en el planeta”.
-¿Un rencor?: “No tengo”.
-¿Un amigo?: “Uno imposible, gracias a Dios”.
-¿Una obra teatral?: “Volvió una noche” de Eduardo Rovner, la primera que participé en 1998”.
-¿Un actor?: “Marcelo Mastroiani”.
-¿El TIP?: “Mi segunda casa”.
-¿Pelusa Gramicci?: “La misma, soy yo”.
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