¡Chau, Chicha!

Por Chico Feo - chicofeo52@hotmail.com

La partida hacia la eternidad del convecino Abel Chichiarelli, “El Chicha”, sorprendió y consternó a muchos. Una pérdida que cala hondo en los sentimientos.

Fue empleado municipal durante más de tres décadas. Realizó diversas tareas pero una muy particular. Fue chofer de varios intendentes, en todas las épocas. Alguna condición tenía. Todos los jefes comunales lo convocaban. Todos confiaron en él. Si hasta ya jubilado, fue convocado para seguir conduciendo los autos oficiales.

Conocido en todos los ambientes gobernativos. Decir “Chicha” era decir Pehuajó. Conocedor de la capital de la provincia y de la ciudad de Buenos Aires como pocos. Responsabilidad máxima y prudencia absoluta en el manejo de los autos. Respetuoso, callado, humilde. Una buena persona en todos los aspectos.

Hablaba muchos de las cosas y nada de las personas. Su trabajo era elemental, imprescindible, no importa si mandaba Juan o Pedro. A todos trató por igual. Jamás una palabra demás, nunca un desborde. Y el “Chicha” sabía de todo, las cosas buenas y las cosas malas. Pero el respetuoso silencio fue código inalterable de vida. Por eso estuvo con todos, por eso todos lo llamaron. Se ocupaba de lo suyo y lo hacía de la mejor manera posible. Un ejemplo, una enseñanza a tener en cuenta para persistir en una tarea específica o una labor profesional.

La salud le hizo una mala jugada y no pudo superar el trance. El pasado 5 de abril nos dejó el “Chicha”. Escaló muy alto en la vida, con simpleza y humildad. No hacen falta cargos, honores, ni distinciones, son circunstanciales. La trascendencia humana pasa por otro lado. Dios seguramente le hizo lugar en el altar de los humildes.

Cuesta escribir. Quien suscribe compartió mucho con él. Podría llenar varias páginas, contando vivencias y anécdotas. Pero me quedo con la exaltación de los valores que siempre cultivó y de los que nunca se alejó. Valores que enaltecen. Y que debemos tener presentes para mitigar el dolor de su ausencia. Es la mejor herencia que dejó a su familia y a quienes nos regaló su amistad.
Adiós, amigo “Chicha”. Dios te ampara.
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