“Tango Bar”, ahora con los trazos del corazón



Como consecuencia del estado de abandono y los consabidos riesgos que ello implicaba, fue demolida la edificación que quedaba del recordado “Tango Bar”, ubicado en el pasaje que une el boulevard Gardes con la Plaza Juan XXIII.

Muchos recuerdos proliferaron. Cumplió un rol destacado durante muchos años. Se estima que fueron alrededor de cuatro décadas, con etapas de esplendor en los años 40 y 50 del siglo anterior.
Al terminar los bailes en el centro, la concurrencia al Tango Bar era notoria.

Músicos y cantores no faltaban nunca. Las reuniones se prolongaban hasta el amanecer en un clima de camaradería y respeto, condiciones que se ocupaba de controlar Don Eleuterio Berón, hombre de fuerte y seria personalidad, cultor de costumbres y tradiciones y “gardeliano” por excelencia. Su admiración por Gardel hizo que bautizará el bar con el nombre de unas de sus películas.

Entre otras particularidades, se organizaban asados y guitarreadas. Costillares enteros al asador criollo con entretenida espera en la cancha de bochas y cierre con animada guitarreada. Actuaban cantores locales y en muchas ocasiones figuras consagradas del canto popular, que visitaban Pehuajó, se llegaban al Tango Bar.

Si bien durante mucho tiempo fue notoria la concurrencia de trabajadores rurales y obreros del frigorífico, el “Tango Bar” albergó a todas las clases sociales, tanto en las reuniones cotidianas como en almuerzos y cenas. Un lugar de encuentro y amistad, con exquisitos platos y entusiastas cantores y guitarreros.

Al redactar esta nota, muy poco quedaba del viejo edificio del bar. Vaticinio de la concepción de un recuerdo que como tantos otros en la ciudad, marcaron una época, plena de matices en cuanto a usos y costumbres, que son parte de la cultura lugareña.

El Tango Bar quedará entonces en la retina de los pobladores mayores que disfrutaron el lugar y la referencia permanente surgirá en el pasaje del boulevard Gardes que rinde tributo al Zorzal Criollo y cuya gestación tuvo como impulsor a Don Eleuterio Berón.

Tango Bar, para los memoriosos que aún transitan por la vida y para las nuevas generaciones que tarde o temprano hurgan los tiempos idos, será siempre el mismo, tan solo con los trazos que deja el corazón.
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