Un juego para conocer y conocernos mejor



El convecino Marcos Ranciari (36), psicólogo, luego de ejercer la profesión en La Plata, se radicó hace poco más de un año en su suelo natal. Defensor de la identidad lugareña y de la institución familiar, un día se le ocurrió generar un juego para conocer y conocernos más. Logró asesoramiento específico y con esfuerzo propio surgió “el juego de la ciudad”.

Se trata de un juego de mesa tradicional. Lo presentó el día de la familia. Apunta a reforzar conocimientos sobre el lugar donde vivimos, aprender a quererlo aún más y interactuar en el seno familiar o con amigos. Un tablero, un dado, fichas, un reloj de arena y muchas preguntas para responder sobre la historia y la gente de Pehuajó.

Ranciari sostiene que “el exceso de tecnología perjudica la salud”. El ejercicio de su profesión así lo evidencia. El uso desmedido de la computadora, celulares, internet, tiene efectos positivos y negativos. Alimenta el propósito de “reducir los efectos cada vez más deshumanizantes que producen el excesivo uso de estos elementos modernos”.

En el terreno de las relaciones humanas, “los adultos suelen sentir que no tienen tiempo para jugar” y es muy importante “aprovechar cada momento, por pequeño que sea, para disfrutar y distenderse en compañía de hijos y nietos”. El juego de la ciudad permite reforzar los vínculos. Y que mejor, la opción de hacerlo conociendo aspectos del pasado, acontecimientos actuales y el recuerdo y valoración de quienes nos antecedieron y dejaron huellas.

La presentación realizada en el Club Atlético satisfizo las expectativas. El disfrute fue compartido y las emociones también. Si como dijo el joven psicólogo: “Dios nos prestó por unos minutos al padre Keegan, al Cartucho y la Cartucha, y al heladero Del Arco”, gracias al aporte de gente del TIP, gesto que agradeció como el de todos los que aportaron su colaboración para hacer realidad el juego: “a Dios que susurró la idea en sus oídos”, a su familia, a Félix Peyrelongue, Roberto Rodríguez, Eduardo Castaño, Héctor Sancho, Leonardo Capristo (Gardelito), Bolonicof y señora, Víctor Gera, familia Lunatti, los diseñadores Carla y Mariano, Juan y Jimena; a Cristian, Pedro Cremona, Esteban y Huguito; Norita Remaggi, “Negro” Pérez, Pocho Inbelenato y señora, Negro Cipolla y esposa, Bomberos Voluntarios, comercios, medios de difusión, amigos y pacientes.

Ranciari se siente feliz por la concepción de la iniciativa, más allá del eco que alcance, su objetivo está cumplido. Lo disfruta, se emociona y su fe se fortalece. Los mejores deseos.

El entretenimiento se puede conseguir el librería Sancho y en librería “Vení a ver” (Varela y Rivarola). En el futuro, el autor pretende canalizar su uso en escuelas.
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