De chacarero a campeón olímpico



El Gringo, el Conde o el Marqués. Con estos adjetivos se lo conoció a Andrés Gazzotti, el único campeón olímpico del distrito pehuajense. Todos los calificativos surgieron a lo largo de su rica trayectoria, y cada uno tiene su historia. El coterráneo deportista fue el gran capitán del equipo argentino de polo que brilló en los Juegos Olímpicos Berlín 1936. En una entrevista concedida a Manuel Francisco Arive en 1975 y publicada en la revista Redes, que dirigía Juan Carlos Mascheroni, el polista explicó sus inicios y entregó detalles entrañables de aquella gesta olímpica en tierras alemanas.

Andrés Gazzotti, el chacarero de Pehuajó, comenzó a jugar al polo gracias a la iniciativa de Cozzarín y Olaverría, en la década de los 20. “Yo estaba cerca de (Juan José) Paso, y un día fue Arturo Cozzarín contando que los Izaguirre lo habían hecho jugar al polo. Nos decía a nosotros: ¡Che, tenemos que jugar polo! ¿Qué polo vamos a jugar si no sabemos nada?”, explicó el polista, y al mismo tiempo, agregó: “Otro día se apareció con un catálogo donde venían todos los artículos reglamentarios además de tacos y bochas. Hicimos las canchas de acuerdo con las medidas reglamentarias y enseguida nos dimos cuenta que no se podía jugar sin casco por el peligro que representaba”.

Todo sucedió en 1925 y sería Don Lorenzo Olaverría la persona que mucho tuvo que ver en el futuro de Gazzotti. Fue él quien animó a los jóvenes del “Trece de Abril” a participar de un torneo que se hacía en Pehuajó, con Don Lorenzo como el jugador experimentado, y con Andrés, como el muchacho que recién se iniciaba.

“¡Qué alegría cuando ganamos el torneo de hándicap! y por poco ganamos el abierto. ¡Era la primera intervención en un torneo y ya cosechábamos un triunfo!”, rememoró Gazzotti durante la charla con el redactor de Redes, Manuel Francisco Arive. “Don Lorenzo quedó conforme conmigo y me invitó ir a Lincoln donde había un torneo. Ahí se jugaba mucho en ese tiempo y allí conocí a Andrada que ya era famoso y de quien sería luego compañero en Alemania”.

En esos torneos jugaban también Santa Paula, Santa Inés, otro equipo de renombre, y fue en esa ocasión cuando volvió a ganar el hándicap con Paco Izaguirre, Carlos López y Carlos Díaz, todos de Pehuajó.

—¿Cuándo lo llegan a conocer en Buenos Aires?
—Don Lorenzo quiso ir más allá y me llevó a la Capital y debía andar bien en la zona porque todos me buscaban. Empecé a jugar por Lincoln donde estaba el Dr. Ramos, que era buen jugador y dos ingleses que jugaban en Santa Inés. En ese tiempo, corría el año 1928, había venido el equipo de Santa Paula luego de una triunfal gira por Norteamérica y allá habían barrido con todo, era el equipo de los Reynal, que venían con muchas copas y no menos fama. Intervenimos en Hurlingham en el principal torneo, porque allí se presentaban los mejores jugadores del momento. Allí fuimos y ganamos, nadie lo quería creer ni nosotros mismos, nos parecía imposible, y la final fue precisamente contra Santa Paula. Esa fue la primer gran satisfacción a nivel nacional porque no solamente ganamos abierto sino también el hándicap’.

—¿La gran fama, cuándo comienza?
—Al ganar en Hurlinghan aquí ya comenzaba a ser figura, ya tenía 5 de hándicap. Y al año de esto le llega a Andrada una invitación de Estados Unidos y su equipo me incluyó como suplente. Y en el norte ganamos el torneo abierto.
Así de simple relató don Andrés sus éxitos durante el encuentro con Arive. En poco tiempo pasó de 5 a 8 de hándicap, resumiéndolo en un ‘‘seguí así y me nombraron para ir a las Olimpíadas de Alemania donde era el capitán del equipo por ser el jugador de más alto hándicap”. La final de las Olimpíadas la jugaron contra los ingleses y ganaron “muy fácilmente por 7 a 0”. El equipo argentino estuvo integrado por Roberto y Luis Duggan y Manuel “El paisano” Andrada.

—¿Cuál fue la alegría más grande de ese gran triunfo?
—Cuando subimos a eso. . . ¿cómo se llama?... Ah sí, al podio e izan la bandera argentina. Uno se acuerda de todo y es impresionante, ¿no?... Para mejor uno está lejos. El premio me lo entregaron a mí como capitán y luego fuimos saludados por (Adolf) Hitler, que me llamó la atención que asistió a todos los partidos que jugamos nosotros. Nos pusieron una corona de laureles y nos entregaron una planta de roble”.
Don Andrés Gazzotti fue, y es, muy respetado en el ambiente del polo argentino. Dejó de practicar el deporte en 1950 por una lesión en una de sus piernas. “Si no hubiera tirado un poco más, porque uno cuando empieza a ser más maduro tiene más mañas para defenderse”, contó.

En la entrevista publicada en la edición del 5 de junio de 1975 de Redes, se publicó también la opinión realizada por una de las publicaciones más destacadas del mundo del polo, la revista Centauro. Los periodistas especializados definieron a Gazzotti como “la personificación del hombre que no se veía en la cancha. Tampoco vemos los ejes de un cronógrafo de alta precisión y el reloj camina. Eso fue Andrés Gazzotti un jugador que no se veía desde las tribunas, pero que injustamente, no lució el 10 de hándicap”.

EL CONDE GAZZOTTI
En Alemania vivíamos en la Villa Olímpica donde teníamos una casa para los argentinos y un conde italiano iba todos los días a visitar a la delegación argentina y preguntaba por el “conde Gazzotti”. “Nunca me pudo encontrar, por suerte, ya que su intención era saber a qué rama de la nobleza pertenecía. El problema surgió porque los diarios alemanes mencionaban en el equipo de polo al “Conde Gazzotti”. Tan popular se había hecho el sobrenombre con que en esa época se lo conocía a don Andrés.

EL ROBLE OLÍMPICO
Cuando el equipo argentino ganó en Alemania le fue entregado al capitán del equipo Andrés Gazzotti una planta de roble que luego traída a la Argentina fue plantada en Palermo en la cancha de polo. La planta fue ubicada en la entrada de la cancha de polo y con una inscripción se recordó a los que lograron esa hazaña para el deporte argentino y allí quedó grabado el nombre del capitán de aquel equipo, el pehuajense Andrés Gazzotti.

EL CAPITÁN
Luego de salir campeones Olímpicos en Alemania en año 1936, los argentinos fueron a los Estados Unidos a jugar la Copa de las Américas. Don Andrés era el capitán. Andrada habló con Jack Nelson que era el presidente de la delegación y le dijo que él tenía que ser el capitán porque “el conde” jugaba muy atrás. Nelson habló con Gazzotti y éste no opuso reparo en que Andrada fuera el capitán.

Al comenzar el encuentro Andrada lo cambió de puesto a Gazzotti y lo mandó arriba. En el primer chuker Argentina perdía 1-2, en el segundo, 2-5 y allí no aguantó más y le dijo a Andrada: “A mí, me dejás jugar como sé, porque no es posible que un jugador de 8 de hándicap que ha jugado siempre su juego hacerlo jugar diferente, en otro puesto”. Cambiaron y en el tercero estaban 6-6, el 4to. 8-8, 5to. 12-8, 6to. 12-8, 7mo. 18-9, 8vo. 21-9. “Esto no lo conté nunca pero allí cambió el partido y ganamos la copa de Las Américas”.

Allí se ganaron el apodo de los “Llaneros de la Pampa” y los asombrados periodistas de la Unión los llamaron el cuarteto de héroes, y el New York Herald Tribune afirmó: “Medio siglo de polo internacional en este país, no nos ha dado algo parecido a está saturnal de furia invasora”.
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