La escuela de campo es una gran familia

Vive en la zona rural de Ancón y conduce los destinos de la Escuela Ceferino Namuncurá. Patricia Alfonso cumple su misión con verdadero amor. Comparte todos los momentos con los alumnos. Forma parte de la comunidad campesina así como los padres y alumnos se integran a la escuela. Los vínculos son muy fuertes. La solidaridad es cotidiana y la presencia de la familia es fundamental.



Patricia Carolina Alfonso (31) está enamorada de su actividad docente en el campo. Si bien estuvo en la escuela 1 y en el Centro Educativo Complementario de Pehuajó, ha sido maestra en escuelas rurales de Girondo, Nueva Plata, Abel, y actualmente, en Ancón.

Sus gestos transmiten ese enamoramiento y convicción: “Maestra rural, porque el contacto con los chicos y las familias es diferente. Los conozco en profundidad y puedo darle a cada uno lo que necesita, potenciarlos y sacar de ellos lo mejor que tienen y a su vez están abiertos para recibir todo lo que una puede dar”.

Para la docente, los chicos “son como mis hijos” y las mamás “lo saben y lo aprecian”. Patricia explica que esa relación de confianza hace que “se puedan tomar las mejores decisiones para ayudarlos en sus trayectorias escolares tanto como en la vida particular”.

La escuela nº 23 Ceferino Namuncurá es una de las más alejadas de la ciudad, la separan 35 kilómetros por caminos de tierra del casco urbano. Está al norte del distrito y limita con Lincoln y Carlos Casares. En el edificio funciona, en mismo horario, el Jardín de Infantes Rural Matrícula Mínima N° 6, y por la noche una extensión del plan Fines para terminar el secundario.

Dado las distancias se separan la escuela con el campo donde viven los alumnos, en verano funciona de mañana y en invierno por la tarde. Hubo alumnos que han tenido que recorrer 20 kilómetros, a raíz del cierre de otras escuelas rurales por falta de matricula. Hoy, la escuela de Ancón cuenta también con docentes de inglés, plástica y educación física.



Los vínculos en la comunidad educativa rural son muy particulares. “Los docentes solemos encariñarnos con todos los chicos, -afirma Patricia- pero la diferencia radica en que los alumnos están conmigo durante toda su escolaridad y como la escuela es de plurigrado, todos los chicos están en el mismo salón aprendiendo cada uno sus contenidos específicos según su año pero compartiendo el espacio físico. Así, los vínculos se vuelven más fuertes entre ellos y conmigo; el aprendizaje y la experiencia se vuelve más rica en la diversidad ya que no se da tanto la competencia sino el cooperativismo, el más grande le ayuda al mas chico, el que le cuesta menos al que le cuesta más. Siempre hay alguien a quien le podamos ayudar, lo que hace que los lazos se vuelvan fuertes. Es una gran familia”.

Otra particularidad de esta maestra es que vive en el mismo paraje. Y esto confiere también un matiz diferente: “Yo vivo en el paraje, pero no en la escuela. De todos modos es como nuestra segunda casa. El mantenimiento del pasto, la limpieza y demás está a cargo nuestro (familias, docentes, vecinos, familia de la docente) no contamos con personal exclusivo para esto. La escuela se convierte en un lugar de encuentro. Me facilita mucho los vínculos con la gente, nos visitamos informalmente, mate por medio nos conocemos más”.

Quienes pasaron por las aulas también siguen ligados. “Muchos exalumnos siguen participando en la cooperadora, cuando andan cerca no dejan de pasar por la escuela, siempre están colaborando de una forma u otra. Casualmente hace pocos días participamos de la feria de ciencias regional que se realizó en Casares, una exalumna se enteró que íbamos a estar y fue exclusivamente a acompañarnos, también nos pasó cuando se hizo en Chivilcoy. Ese tipo de actitudes nos emocionan mucho y nos llenan de orgullo”, manifiesta Patricia.



De sus impresiones se desprende el especial encanto de la escuela rural y el esfuerzo y cariño que surge espontáneamente, dando forma a una gran familia. Alfonso, al evaluar su experiencia como maestra de campo, sostiene: “Es muy positiva, estar en la dirección de la escuela rural me ha permitido acercarme e integrarme a la comunidad de otra manera. Darle impulso a la escuela y vida al paraje. Me encanta el trabajo que hago. No es sólo una cuestión educativa tiene mucho de social y cultural. Cada lugar tiene una historia muy rica que no puede permanecer dormida, eso también es parte de mi trabajo”.

Reconforta el diálogo con Patricia. Nos pide hacer extensivo un saludo a todas las docentes en su día y muy especialmente a “las docentes rurales que se sacrifican, trabajan, juegan y crean espacios para aprender en lugares de difícil llegada, en cualquier condición y de todas las formas humanamente posibles para que nuestros chicos rurales accedan a una educación completa y de calidad como cualquier otro chico”.

Su sonrisa se dibuja en forma permanente en su rostro. Se siente feliz. Transmite con naturalidad los sentimientos que la embargan, y como tantas maestras de campo, a las que la patria, como dice Luis Landriscina, les debe el más grande y merecido de todos los monumentos.
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1 comentarios:

  1. Patricia, felicitaciones por todo lo que haces por la escuela de campo. Dios te va a premiar por todo lo que haces de bueno, estando tan lejos de los pueblos. Sigan así que es un orgullo para nosotros, los exalumnos que fuimos a esa escuela.
    Un recuerdo grande de mi parte. (Te fui a ver a Casares, a la Feria de Ciencias)
    Besoossss!!!

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