“Escribir es reciclar”

Es escritor y estudió Letras en Capital Federal. Su novela ‘Me verás volver’
resultó ganadora del Premio Nueva Novela de Página/12. Celso Lunghi explicó cómo nació la historia de su ópera prima y analizó la actualidad del movimiento literario del distrito. “Hay una oferta de actividades impresionante. La ciudad está viva”, afirma el literato pehuajense .

A las 26 años, Omar Celso Lunghi es uno de los jóvenes escritores más destacados de Pehuajó y la región. Cursó sus estudios primarios y secundarios en tierras pehuajenses y luego emigró hacia la Capital Federal para cursar la carrera de Letras en la Universidad de Buenos Aires. Transitó cinco años de vida universitaria y retornó a su ciudad natal donde continúa relacionado al mundo literario, aunque más orientado al ámbito periodístico: corrección de textos, reseñas y críticas literarias, etcétera.

En 2012, Lunghi ganó la segunda edición del Premio Nueva Novela de Página/12 con su escrito ‘Me verás volver’. La novela del pehuajense fue elegida entre más de mil trabajos literarios y destacada por reconocidos escritores del país. El jurado de la competencia estuvo compuesto por María Moreno, Juan Ignacio Boido, Sandra Russo, Juan Sasturain, Juan Forn, Alan Pauls, Guillermo Saccomanno y Aurora Venturini.

La historia del libro transcurre en Tábano, un pueblo ficticio ubicado en el oeste de la provincia de Buenos Aires, y en secuencias de la novela, se aprecian anécdotas y situaciones relacionadas al distrito pehuajense. “Creo que Pehuajó está muy presente”, afirma Celso, al referirse a su ópera prima. Se trata de “un relato fantástico fuera de catálogo; una novela de terror pero con sordina”, fundamentó el notable jurado durante la gala de premiación realizada en el Teatro Cervantes de Capital Federal, en diciembre de 2012.

En la actualidad, el escritor local terminó de escribir su nueva novela que descansa “en un cajón a la espera de que consiga la distancia suficiente para poder corregirla”, aunque aclara que “no sé cuándo será”.

-¿Cómo comenzó tu inclinación por las letras y la escritura?
-La bibliotecaria de la escuela a la que yo iba era Marta Bonora y, en las horas de Lengua, le insistíamos para que fuera el salón a contarnos cuentos (era una excelente narradora oral) y ella se despachaba con historias bastante truculentas: “La gallina degollada” y “El almohadón de plumas”, de Horacio Quiroga, por ejemplo. Así le fui agarrando el gustito. Me acuerdo que compraba una colección que se llamaba “Fantasmas de Fear Street”, del escritor americano R. L. Stine, y, de ahí, pasé a los “grandes” autores: de adolescente, uno pretende que lo vean con los libros de los “grandes” autores, aunque no entienda una palabra.

Con la escritura, en cambio, empecé de grande. En el 2010, puntualmente. Escribí una novela que era espantosa pero que, por lo menos, me dio la pauta de que podía empezar y terminar algo. Lo siguiente ya fue Me verás volver.

-¿Cuáles son tus gustos literarios y en qué género incursionás al escribir?
-Básicamente, soy lector de ficción, sobre todo de novelas. Leo poca poesía y casi ningún ensayo: no me interesa la teoría literaria. Dentro de la ficción, priorizo a los autores argentinos (me gusta estar al tanto de lo que se escribe acá y, además, contamos con escritores únicos y muy distintos unos de otros) y a los escritores de terror, que es un género dificilísimo de conseguir. Desconozco el motivo. Creo que los gustos no se pueden justificar.

Y, con respecto a lo que escribo, raramente las intenciones originales coinciden con lo que uno termina plasmando en el papel.

-Al escribir, ¿qué buscás transmitís con tus textos?
-Nada. Sólo busco contar una historia de manera original. Mi mayor preocupación como escritor es encontrar la forma adecuada para cada historia. Creo que cada historia exige su forma. Me verás volver, por ejemplo, es una novela de terror y los grandes clásicos del género (Frankenstein, Drácula, Carrie) son epistolares, es decir, están construidos a partir de diferentes voces y soportes: cartas, diarios íntimos, investigaciones falsas, etcétera. La estructura de la novela salió de ahí. En ese sentido, el narrador tradicional, en tercera persona, omnisciente, me parece un facilismo. No me preocupa tanto cuál es la historia que se va a contar (porque desde los griegos, desde la Biblia, las historias son siempre las mismas) sino quién y cómo va a contar esa historia. Nunca pierdo de vista que el narrador es un personaje más y procuro que el lector tampoco se olvide de eso.

-¿Cómo nació la novela y en qué te inspiraste para la creación la historia?
-Para mí, escribir es reciclar y, en ese sentido, Me verás volver es una mezcla de muchas cosas. La historia principal salió a partir de una imagen muy fuerte que no me podía sacar de la cabeza (un hombre metido en una laguna, con una escopeta en la mano y el pelo chorreando) y de unas vecinas que yo tenía en Capital, una madre y dos hijas, de las cuales la mayor siempre escudaba a la más chica de los ataques de la madre. La historia paralela, por otro lado, surgió a partir de un personaje local, una chica, no me acuerdo quién era, que aseguraba recibir mensajes de la virgen y de una secta que estuvo muy en auge en 2012 que se llamaba “Creciendo en gracia” (la secta de la novela se llama “Descubriendo la gracia”). Y podríamos seguir así. Yo no tengo imaginación. Para nada. Si la tuviera, habría escrito El señor de los anillos. Si fuéramos párrafo por párrafo, yo te diría de dónde saqué cada cosa. Por eso creo que Pehuajó está muy presente.

-¿Qué significó obtener el premio Nueva Novela de Página/12?
-La posibilidad de publicar. Creo que los premios no significan más que eso. De hecho, creo que las buenas novelas no ganas premios. ¿A qué me refiero? A que, en general, se suele premiar lo clásico, lo prolijito, y las novelas con cierto nivel de experimentación quedan al margen. Te digo más: si hiciéramos un listado de novelas ganadoras de premios, nos sorprenderíamos, porque son contadas las que hoy en día seguimos leyendo, las que perduraron. La literatura argentina es una literatura de autores que no han sido premiados. Borges se reía de eso en el cuento “El Aleph.” El poema que recita Carlos Argentino Daneri al comienzo de ese cuento es la parodia de lo que, en esa época, premiaban los concursos de poesía. Manuel Puig, por citar otro ejemplo, perdió con Boquitas Pintadas, la novela con mayor nivel de experimentación formal de la literatura argentina. El desierto y su semilla, de Carlos Barón Biza, una de las mejores novelas que publicaron en los últimos años, se presentó al Premio Planeta y no quedó ni entre los diez finalistas. Por supuesto que hay excepciones. Las primas, de Aurora Venturi, la ganadora anterior del Premio Nueva Novela, sin ir más lejos, es una. Claro que soy consciente de que el concurso era bastante particular. En principio, porque el jurado de preselección estaba conformado por personas conocidas, cuando, en general, se desconoce quiénes lo componen y, en segundo lugar, porque el jurado era muy heterogéneo. Sólo trato de decir que los premios, para mí, sólo representan una vía para publicar, lo cual, en Argentina, es muy difícil.

-¿Cómo evaluás la actualidad literaria en Pehuajó?

-La actividad cultural en Pehuajó, en un sentido más amplio, me parece espectacular. Yo me acuerdo que, cuando era chico, acá había muy poco que hacer. Hoy en día, en cambio, hay una oferta de actividades impresionante. La ciudad está viva. Y la actividad literaria no es ajena a eso: no sólo por la actividad del Círculo sino fundamentalmente por el proyecto de Esteban Fauret e Isabel Daibes, que es de un gran alcance y que ahora también están publicando desde su propio sello. Y, en cuanto a la calidad, creo que el que sobresale es Ignacio Irulegui.


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¿Un libro? Boquitas pintadas. Fue el libro que me enseñó que se podía narrar distinto.
¿Un escritor? Manuel Puig.
¿Me verás volver? Un manuscrito que tuvo suerte.
¿Pehuajó? Mi casa.
¿Celso Lunghi? “Otra vez huyendo y sin despedirme”.
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