Tres años de emociones



Nací en Pehuajó, hace tres años. Pensé que mis primeros meses de vida serían difíciles: me enfrentaba a un mundo nuevo, desconocido. Pero terminaron siendo hermosos. Tenía (y tengo) una misión: miralos, observarlos y rendirles reconocimiento a ustedes, los hacedores de la gran ciudad que me cobijó, los protagonistas de las historias que yo, desde mi creación, tenía que contar.

Todavía recuerdo una de mis primeras recorridas por la ciudad. Me miraban con asombro, y algunos vecinos preguntan quién era, para qué había llegado. Otros, más curiosos, empezaron a llevarme a sus casas, a sus lugares de trabajo. Y así empecé a conocer más anécdotas, más historias para contar. De aquellas primeras salidas nunca me voy a olvidar. El asombro de esos primeros ojos que me identificaron se convirtieron en miradas amigas, compinches y, por sobre todo, fieles, como esos amigos que siempre están.

Tampoco podré olvidar la satisfacción que sentí al ver cómo todos los homenajeados dejaban caer una lágrima al leerme. Se los veía felices, agradecidos, algunos movían la cabeza para los costados y repetían: “no lo puedo creer”. Nunca habían imaginado que yo los llevaría impresos en mi cuerpo a cada rincón de la ciudad. Nunca habían imaginado que otros conocerían en profundidad su vida, su pasado y todo lo que le dejan a las futuras generaciones del partido. Siempre traté de explicarles que para eso estoy acá, desde junio de 2011: para reconocerlos, para hacerlos emocionar y para agradecerles.

Conocí las iniciativas de Juancito Villavicencio, la historia de Celia Bethouart y sus quince hijos y la trayectoria del doctor Cipolla. Descubrí la pasión por Calaveras de Sergio Jaime, por KDT de Vique Cuarteroni y por el Depo de Aníbal Villarreal. Me crucé con Rubén, el lustrabotas, y su amigo Abelito. Estuve con Samulo, el Chavo y Machito Pavón. Me emocioné al charlar con Nuestros Bomberos y no paré de agradecer a todos los pehuajenses que homenajeé. Tendría que nombrar a todos. Pero son tantos los protagonistas de mi vida que necesitaría varias páginas para contarles lo que cada uno de ellos me dejó. ¡A todos ellos, gracias!



No sé si ustedes lo notan, pero les cuento que estoy feliz. Ya realicé más de treinta recorridas por Pehuajó y en muchos lugares ya me reconocen, y hasta en sitios me dicen que ¡me extrañan! Me coleccionan, me leen en consultorios médicos, en farmacias. Muchas personas me sacan fotocopias y otras me envían por correo electrónico. ¡Pehuajenses me piden desde Europa! Es increíble.

Tal vez es mucho para mí, pero les aseguro que lo disfruto y quiero seguir. Voy a seguir narrando, voy a seguir ofreciendo ternura y nostalgia. Y estate atento, porque vos que estás leyendo estas líneas podés ser el próximo entrevistado. Me importan esas historias que buscan estar visibles, que necesitan salir y volverse útiles para los pehuajenses: porque enseñan, porque nos cuentan quiénes somos y cómo construimos lo que hoy disfrutamos. Por eso, te repito, preparate porque tal vez golpeo la puerta de tu casa o te llamo por teléfono para que me cuentes tu historia, para que tus vecinos conozcan ese granito de arena que dejaste en nuestro querido Pehuajó.

Entre tantas cosas que han pasado desde mi primera salida, hay una que me gustaría compartir con ustedes, mis lectores, mis seguidores. Hace unos días, después de regarlarles la historia de Rubén Vicente, me contactaron desde El Palomar, partido de Tres de Febrero de la provincia de Buenos Aires. Era una mujer, se llamaba Verónica, estudiante del profesorado de Educación Primaria. Sí, de El Palomar. Quería que viaje hasta su ciudad para que todos sus alumnos puedan conocer la vida de Vicente, el trabajador del club Estudiantes Unidos. Yo me sorprendí y pregunté por qué. Su respuesta fue hermosa, la transcribo para que vean porque les digo que estoy feliz:

“Les cuento que los encontré mientras investigaba acerca de los ambientes bonaerenses. Ya que el nuevo enfoque no sólo implica la enseñanza geográfica de los espacios naturales sino también la interacción del hombre con el mismo y las transformaciones que producen el ambiente social. Creo que es posible presentar a los niños los cambios y continuidades que se produjeron en una ciudad a partir del testimonio de un habitante que relata su historia de vida, su niñez, la importancia que tuvo la institución deportiva en su vida y cómo la ha perpetuado y transmitido a las siguientes generaciones. Confío que a partir de su relato los niños puedan comprender que una ciudad es un constante proceso de construcción, que conllevan el esfuerzo, el afecto y la valoración de sus habitantes, de acuerdo a las posibilidades que les brinda su entorno natural y cultural. Al igual que sucede con todos nosotros. Cuando escribí en el buscador: “testimonios de habitantes de Pehuajó” apareció Mirá, y lo que más me gustó es que presentan, justamente, los testimonios de la población. Elegí Pehuajó porque es una ciudad que van a conocer los niños por la canción “Manuelita” y van a estar interesadísimos de saber más”.

Cada vez que releo su texto sonrío y recargo energías para seguir recorriendo las calles de mi Pehuajó. Porque como dijo Verónica “una ciudad es un constante proceso de construcción” y yo quiero ayudar a reforzar los lazos que nos formaron y que nos permitieron ser quiénes y cómo somos.

Hoy festejo tres años de vida, hoy festejo por todos nosotros. Gracias por aceptarme. Y antes de despedirme quiero que sepas que me podés conseguir en todos los comercios que me acompañan y me brindan su apoyo. Pedime todos los meses. ¡Soy Mirá Pehuajó!
Ah, me olvidaba: les cuento que ya viajé a El Palomar. En mis próximas salidas les comento cómo le fue a Verónica con sus alumnos.
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