Hágase su voluntad

8 de marzo. Los medios y la gente hablan del Día de la Mujer, conmemoración bienvenida para algunos, desestimada por otros. En definitiva, más allá de criterios, las costumbres se pegan. Mirá compartió esa tarde una enriquecedora charla con una mujer pehuajense que ha consagrado su vida a Dios. Integra la lista de “buenos vecinos” y su riqueza espiritual emociona.

Cuando las primeras sombras de la tarde invaden la ciudad, termina la charla. Fue un placer, pero en respeto a su modestia y puntual pedido no transcribimos la entrevista. Considera imprudente hablar de ella. Prefiere hablar de las cosas positivas y de la vida.

Sí, a modo de homenaje, nos place destacar su manera de ser, sus bienaventuranzas y su actitud de vida. Tiene 93 años de edad. Circunstancialmente nació en Capital Federal, fue bautizada en una parroquia de Balvanera y confirmada en la Catedral. Luego se radicó en Pehuajó, ciudad que hizo suya entrañablemente junto a sus padres.

Se recibió de maestra en la Escuela Normal. Más tarde estudió filosofía y letras. Se jubiló como Inspectora en Psicología. Ejerció la docencia en distintos ámbitos estatales y privados. Se consagró a Dios. Es discípula del Instituto Cristífero de Azul, cuya consagración fue “para dar testimonio del amor del Padre para y desde el mundo”.

Cumplió roles en entidades de servicio y asistencia a los más necesitados y a la niñez. A los 93 años, cumple su misión de fe dando permanente testimonio de su amor a Dios, en su casa, donde acuden amigos y creyentes, para sumarse a sus oraciones o rezar por puntuales problemas o necesidades.

Entre los gratos y perdurables recuerdos, ocupan un lugar trascendental en su vida la actividad en Cáritas Pehuajó, la creación de OBROIN y la concreción de la capilla San Cayetano, en el barrio Don Domingo. A esta capilla la soñó como realmente fue construida.

Entre los múltiples recuerdos, se destacan el monje Monterrosa (Bolívar), el padre Aluchi, el educador Estanislao Gauna, el Dr. Samuel Steimberg, los sacerdotes Keegan, Mateos y Torres, y su paso evangelizador por las capillas Santa Teresita, Fátima, San Cayetano, Nueva Plata y Chiclana.

Indescriptible emoción la embargó cuando monseñor Bergoglio fue designado Papa. Jamás imaginó que un argentino podría ser ungido Sumo Pontífice. Se manifiesta conforme, feliz y más de una vez se pregunta a sí mismo: “¿Señor, me habrá quedado algo por hacer?”.

Vive actualizada sobre lo que pasa en su pueblo, en su país y en el mundo. Constantemente le surgen dudas ante la crueldad de ciertas cosas deshumanizantes. Es consciente de errores cometidos. Por momentos, le cuesta entender el mundo de hoy, porque hay cosas que le hacen mal. Y le duele que la gente viva confundida y confunda a los demás.

Por eso, como lo hizo siempre, reza en forma permanente. Insiste en rescatar los buenos ejemplos. Y siente que “el Señor la ama de una manera especial, sino no se hubiera dedicado a lo que se dedicó toda su vida”.

Nos vamos de su casa, al anochecer de un sábado más pero distinto. Sentimos íntimamente que aportamos una cuota de afecto en el día de la mujer. Nos sumamos a sus ruegos y plegarias. Y respetamos su decisión de no transcribir la entrevista y tampoco sacar fotos. Por ello, nos limitamos a comentarla.

Un beso y un adiós. El ruido de la llave en la cerradura de la puerta marca el final. Allí dentro quedó la nonagenaria mujer aferrada a su rosario pidiendo por un mundo mejor. Es cuaresma, tiempo adecuado para acercarnos al buen Dios.

Se llama Elisa Elena Garré, pero todos la conocen como “Chucha Garré”, esa mujer que un día eligió consagrarse a Dios para dar testimonio de su amor.
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