El dulce encanto de vivir y hacer lo que uno ama

Una rápida recorrida por la vida de Antonio Cipolla, conocido médico pehuajense, que junto a su esposa, Elfia Sairrallé, nos permiten conocer facetas de sus personalidades y una historia de vida compartida desde los tiempos de estudiantes. Hoy, en plena senectud, sus vivencias exhiben esfuerzos compartidos y la férrea voluntad de cumplir con todos los objetivos. Y por encima de los pesares, la firma convicción de vivir.



La edad impone limitaciones, generalmente físicas. El espíritu mantiene su ímpetu. Vale la pena rescatar la experiencia, son una especie de espejos donde siempre es saludable mirarnos. Don Antonio nació en Pehuajó, en marzo de 1929. “En el segundo dormitorio de la calle Zanni 651”, puntualiza y añade: “Mis padres vinieron en 1890 a Buenos Aires, y le indicaron que esta zona era próspera. Mi padre trabajó de peón de campo, luego tuvo una ferretería y le fue mal. Fue al banco, pidió plata y compró una prensa para fabricar mosaicos, y en 1901, se puso la fábrica Salvador y José Cipolla. Allí, en la calle Zanni, nací yo”.

La citada fábrica cumplió un rol trascendente en la ciudad. Muchos viejos pobladores la recuerdan y destacan. Los Cipolla fueron parte de la generación de inmigrantes que hicieron patria lejos de su patria. Existe una gratitud permanente hacia ellos. Antonio, recuerda una frase de su padre: ‘Ustedes, los tres hijos míos, pasan un trapo cada uno en los pisos’. “Así a los 10 años, mi padre me enseñó a trabajar en la fábrica. Yo hacía mosaicos, monumentos para el cementerio, macetas. A los 14 años mi tío, que manejaba el camión de la fábrica, se enferma y tuve que empezar a aprender a manejar el camión para transportar los materiales desde la estación hasta la fábrica”.

TRABAJAR O ESTUDIAR
Con voz firme y la vehemencia que lo caracteriza, el profesional pehuajense relata: “cuando terminé el secundario, mi padre me preguntó si quería seguir con la fábrica o quería estudiar algo. Y yo dije ‘con la fábrica voy a tener que lidiar con gente’, podía ser ingeniero con la experiencia que tenía, pero dije ‘voy a estudiar medicina que es una carrera independiente’. Por lo tanto, en el ‘59, a los 20 años, me fui a estudiar médico”.

Otros títulos de la charla con Mirá: MÉDICO A LOS 26 AÑOS - CUANDO EL MÉDICO VIVÍA SOBRE EL ENFERMO - EN NUEVA PLATA, SE PERPETÚA SU NOMBRE - EL NACIMIENTO DE UN NIÑO, LO MÁS BELLO DE LA VIDA - CONSULTORIO CERRADO, PERO CONSULTAS VIGENTES - SU VIDA COTIDIANA HOY - MÁS LIBROS, MENOS INTERNET ANÉCDOTAS DE DON ANTONIO - ELFIA.

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