“Esa mirada del paciente y sus palabras de agradecimiento, son invalorables”

Todos los 13 de abril se celebra el Día del Kinesiólogo en Argentina, conmemorando la creación de la primera escuela universitaria de la especialidad, en 1937, en el ámbito de Facultad de Medicina de Buenos Aires. Como antecedente cercano, en 1904, la doctora Cecilia Grierson, primera mujer médica de Sudamérica, inició el dictado de cursos Kinesiología en esa facultad.




Etimológicamente la palabra Kinesiología, hace referencia al estudio científico del movimiento del cuerpo humano. El kinesiólogo es especialista en el mantenimiento de la capacidad fisiológica del individuo y la prevención de sus alteraciones. Interviene en la recuperación y rehabilitación psicomotora, mediante la aplicación de técnicas y procedimientos de naturaleza física.

A modo de adhesión, compartimos las impresiones de dos profesionales pehuajenses. Andrea Campo ejerce la profesión desde hace 20 años. Y en los últimos ocho, compartió la actividad junto a su hermano José Luis.

“Me gustaban en la adolescencia carreras relacionadas a la medicina y el trato con la gente”, expresa Andrea al referirse al motivo de su vocación, y con respecto a la tarea considera que “cada profesional tiene su inclinación por distintas especialidades dentro de la carrera, tales como traumatología, neurología, respiratorio, drenaje linfático, etc. Se atienden pacientes de todas las edades. A mi me gusta el trato con la gente adulta, aunque por supuesto atiendo a todos por igual”.

Como en toda profesión hay gratitudes e ingratitudes. Cuando el profesional logra aliviar una dolencia prevalecen sentimientos. “Al tratar una patología y ver que la persona puede volver a su vida normal me siento totalmente reconfortada y agradecida por el trabajo (a veces mutuo) realizado. Esa mirada del paciente y palabras de agradecimiento, son invalorables”, afirma Andrea.

La actualización del kinesiólogo, como sucede en otras disciplinas, es siempre necesaria “para poder brindar un servicio completo como se merecen todos los pacientes”. En el ejercicio de la profesión hay respuestas a puntuales requerimientos ante una dolencia y también para generar bienestar físico.

José Luis, que ejerce desde el año 1991, afirma: “hace diez años que volví a Pehuajó, mi hermana me dio una mano grande en su momento para poder comenzar la actividad y luego de todo ese tiempo compartido estoy muy conforme y cómodo con la relación que tenemos”.

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