EL TIGRE, LA PULPERÍA DEL PUEBLO

“En los tiempos liminares, se detenía alguna carreta cargada con lana o cueros y también recalaban chatas, carros y volantas”, relató José Amarillo. Por muchos años se lo conoció como pulpería. Más tarde, por motivos que se desconocen, pasó a denominarse boliche. Pero el mostrador enrejado siempre existió, como en las primitivas pulperías.

Josefa "Pepa" Medina, Gerardo Marco Medina y Gerardo Marco Medina (hijo), atendiendo la vieja pulpería

A fines del siglo XIX, Gerardo Marco Medina puso en marcha un negocio, en busca de un mejor porvenir en el distrito recientemente fundado. Según expresó el periodista José María Amarillo, “al principio trabajó en diversas faenas y poco después decidió establecerse con una pulpería en la campaña”.

La pulpería se denominó El Tigre y se encontraba en Francisco Madero, a pocos kilómetros de la cabecera del partido, frente a la antigua ex estancia La Juliana, después bautizada La Marta. Para la ubicación del negocio, Don Medina optó por un “sitio estratégico, donde luego convergirían cuatro caminos, de suerte que pudiera descansar en su negocio, de las fatigas del viaje, quienes transitaban por las huelllas recién abiertas y que en muchos casos eran verdaderos lozadales”.

“El negocio, con enramada para los días que había mucha gente, se acreditó rápidamente y en sus palenques siempre estaban atados diez o doce caballos criollos, con sus buenos recados, pertenecientes a reseros que, mientras pasaban sus tropas en las inmediaciones, refrescaban allí sus gargueros, dándoles continuos besos a las limetas de ginebra o bebiendo el tradicional vino Carlón que se traía de España”, reflejó Amarillo, en diario Noticias, en 1973.

Además -continuó el periodista- “en los tiempos liminares, se detenía alguna carreta cargada con lana o cueros y también recalaban chatas, carros y volantas, todo lo cual conformaba un cuadro parecido a los que lograra con sus pinceles, en sus recorridas por el campo argentino, el gran artista Juan León Palliéri”.

El Tigre también es recordado por las auténticas fiestas de la época, con amplia popularidad, en las que se “organizaban grandes partidas de taba y carreras cuadreras, habiendo también los inocentes juegos de las cinchadas de caballos y el arrime con las chatas y carros”.

Cuando su impulsor fallece, tomó la posta su hijo Gerardo Marco Medina, quien respetó y cultivó las mismas costumbres y características de la pulpería, hasta su fallecimiento. En consecuencia, desde la década del 60, se hizo cargo de El Tigre, su hija Josefa Medina, junto a su esposo Juan Manuel Pascual.

Después de estar en manos de la familia Medina por tres cuartos de siglo, en 1972, el boliche ‘El Tigre’ fue alquilado al Omar Suárez, quien se vio obligado a cerrar sus puertas “afectado por las inundaciones que anegaron los cuatro caminos estableciéndose en la antigua Villa ‘San Esteban’ (hoy Chiclana) fundada por el primer intendente de Pehuajó, Don Manuel Trejo”.

¿POR QUÉ EL TIGRE?
De acuerdo a lo expuesto por José María Amarillo en Diario Noticias, un día se hicieron presentes unos reseros y uno de ellos muy gracioso y dicharachero, como todo gaucho, observando a Don Gerardo Marco Medina detrás del mostrador con fuertes barrotes, le dijo socarronamente:

—¿Qué hace ahí, amigo, paseándose como un tigre detrás de esa reja?

“Así quedó bautizada, con un nombre bonito, esta pulpería que era conocida en todo el ámbito de la provincia por reseros, carreros y chateros”, sostuvo el periodista.
Lo que nunca pudo saberse es el motivo por el cual se modificó el nombre de pulpería por boliche, siendo que hasta el último momento “El Tigre” conservó su fisonomía primitiva el mostrador enrejado con sólidos barrotes. Misterios y costumbres del pueblo que a veces establece el uso de los vocablos.

PELEAS
* Los desencuentros circunstanciales entre los asistentes siempre existieron. A propósito, Josefa Medina, relata: “¿Discusiones? ¡Qué te parece! ¡Qué te parece! Pero yo tuve suerte, en el mío no hubo. Mi abuela me ha contado muchas historias. Llegaba uno y tiraba los vasos de la mesa y se enfrentaba, pero no peleaban por plata, lo hacían porque les gustaba. Eran otros tiempos”.

Y sobre el tema, el historiador José María Amarillo publicó en el año 1973: “A veces, había algunas “de a pie” como dice el criollo, desenfundándose dagas y “lechucero” a todo lo cual ponía coto el pulpero, hombre de recia estampa, que tanto manejaba el facón como el revólver, haciéndose respetar”. Don Gerardo Marco Medina y lo mismo su hijo de iguales nombres, que lo sucedió luego en el negocio, a su muerte, “era la personificación del coraje”.

Según referencias, hace muchísimos años en tiempos de policías bravas, en día de fiesta hubo una gran jugada de taba, con enorme concurrencia, contando aparentemente Don Gerardo Marco Medina (hijo) con el consentimiento del caudillo político.

Pero a cierto Comisario de Pehuajó no le pareció bien y resolvió aguar la fiesta seguramente influido por personas extrañas. Se presentó en “El Tigre” con una partida de agentes y se dirigió resueltamente al lugar en que se hallaba el que dirigía la taba. Este por costumbre usaba una espada y el Comisario le gritó: —¡Entregue esa arma!—, y sin darle tiempo a nada, le extrajo la espada de la vaina, descargándole un mandoble, con tan mala suerte que le bajó una oreja. Fue un asunto muy comentado en su tiempo.

Las cosas no pasaron a mayores y no hubo más desgracias por la decidida actitud de Don Gerardo Marco Medina (hijo) que muy bien armado, como todos, hizo respetar su negocio, consiguiendo que la policía se retirara, pues ya comenté que como su padre, era la personificación del coraje.

VISITA
* “Sabía parar el Dr. Arámburu. Venía siempre con la señora, parecía un príncipe: vestido todo de blanco. Me compraba, me decía que le gustaba el cordero. y también venía mucha gente de las estancias”.

PROVEEDORES
Pepa remarcó dos proveedores del boliche: “La Mendocina, de Gerola y Garifo. Venían y me surtían de todo. Y también venían de “La Buena Medida”, negocios de gran importancia para el campo”.
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