FAUSTINO ALANIS, CON TODAS LAS GANAS Y LA FUERZA DE LA JUVENTUD


Fue una de las gratas sorpresas del último Festival de folklore. Acaso una saludable revelación. Es joven, humilde, simpático, irradia alegría, tiene “ángel”. Deleitó con sus canciones. Conquistó al público y se ganó el merecido aplauso. La música folklórica que cultiva lo libera y lo divierte. Es consciente del momento que vive y anhela seguir creciendo, capacitación mediante. El pibe Alanis, vecino del barrio “50 Viviendas”, toda una promesa en el mundo lugareño del canto popular.



En las parrillas de las cantinas tiran otra tanda de chorizos, mientras los vendedores recorren las tribunas del anfiteatro: choripán, hamburguesas, gaseosa con hielo y papas fritas. Los más chicos duermen en las faldas de sus abuelos, que aplastan almohadones sobre el todavía caliente hormigón de las tribunas. El conductor del festival presenta un nuevo artista y un grupito, arriba, en las gradas, a lo lejos, comienza a gritar. Lo estaban esperando.

Detrás del humo y las luces, aparece en el escenario un joven alto, con camisa clarita y pantalón jean. Sonríe, levanta los brazos y saluda al público. Es Faustino Alanís, que a sus dieciocho años, hace su debut en el Festival Nacional de Folklore Surero en Pehuajó.

Camina el escenario con pasos firmes y se planta frente al micrófono. La postura del joven solista refleja absoluta confianza ante un anfiteatro lleno que festeja su presencia. Son sus primeros segundos en la mayor fiesta cultural del partido. Faustino disfruta. “Una vez que el conductor me presenta, subo al escenario con muchos nervios. Mi cabeza queda en blanco hasta llegar al micrófono para dar las primeras estrofas de la canción, y ahí liberarme de todos los nervios que tenía e intentar transmitirle a la gente el mismo sentimiento que siento al cantarles las canciones”.

Para el artista, “el folklore es lo más importante de la música popular argentina” y afirma que lo eligió “porque es una música que generalmente nos gusta a todos”. Empezó a estudiar guitarra, hace seis años, con Quique Farías, y al tiempo, se animó a cantar en actos barriales y medios de comunicación, acompañado de su primo Agustín Planes. Una presentación en el club Domingo Faustino Sarmiento significaría el inicio de su carrera musical. Fue Walter “Flecha” Gómez quien invitó subir al escenario al joven pehuajense aquella noche. Desde ese día, el cantante se presentó en diversas ediciones del Festival del Centro Universitario Pehuajense de La Plata, en el Festival del Puestero, en los festejos de los 100 años del tren a Esteban De Luca y en varias peñas y fogones folklóricos del distrito.

“Comencé a cantar folklore porque desde muy chico escuchaba y sentía que me gustaba mucho, y más me gustaba pensar en algún día iba a subir a un escenario a cantar”. Su sueño se concretó y hoy transita una carrera folklórica en ascenso: “mi relación con la música es muy linda. Me permite a mí como persona liberarme y divertirme. Gracias a Dios, me permitió y me permite conocer gente y hacer amigos que comparten el mismo sentimiento que yo”.

Entre chacarera y chacarera, Faustino recibe el amor de la gente. Los aplausos resumen la armonía entre el cantante y el público, que enfrentó la noche fría de enero para escuchar su voz. Una nena se despierta, se despega los pelos de la frente, y aplaude junto a su abuelo. El folklore santiagueño alegra la primera luna del festival del pueblo. “Como generalmente actúo en festivales, armo el repertorio con canciones que siento que a la gente le vaya a gustar, para que se divierta y se vaya conforme con lo poco que puedo aportar, y yo volver a mi casa feliz sabiendo que a la gente le haya gustado el espectáculo”.

Esa es su premisa: un público feliz, alegre; bailando y cantando su repertorio. Pero en sus objetivos profesionales, el músico sostiene que “son muchos”. Y destaca uno: “me gustaría algún día vivir de la música”.

Faustino se despide. La gente pide otra y el locutor lo llama. Vuelve, y emocionado, regala otra canción. El pibe lo logró: tuvo su debut triunfal en el Festival de Pehuajó. Su público aplaude de pie. “Fue uno de mis mayores logros. La respuesta de la gente fue muy buena, no era lo que yo esperaba. Bajé del escenario muy conmovido, y sorprendido a la vez, porque aún no podía creer el apoyo de la gente”.

Quique Farías y Faustino Alanís.
PING PONG
¿Un deseo?: vivir de la música.
¿Una frustración?: ninguna.
¿Una esperanza?: triunfar.
¿Un ídolo/a?: muchos, pero para citar uno Facundo Toro.
¿Un músico/a?: ninguno especial.
¿Un recuerdo?: muchos, la sensación que me embargaba antes de subir al escenario del festival.
¿Una ingratitud?: aún ninguna.
¿Una gratitud?: el apoyo que siento por parte de la gente que me rodea y que me escucha en cada escenario.
¿Una canción?: muchas.
¿Pehuajó?: lugar donde nací y me crié.
¿Faustino Alanís?: una persona que intenta agradarle a los demás.




Para sacarse el sombrero...
Luego del éxito en el festival pehuajense, Faustino Alanís recibió una atractiva invitación. Al joven pehuajense le propusieron presentarse en una de las peñas organizadas en el marco del Festival Nacional de Folklore de Cosquín. El solista local aceptó y comenzó una campaña para recaudar los fondos necesarios y poder viajar a tierras cordobesas.

Los bonos contribución salieron a la calle y la respuesta de la gente fue positiva. Todo estaba por concretarse pero un inconveniente en el vehículo que los transportaría impidió la concreción del sueño de Faustino. “Fue una lástima no poder concretar el viaje, pero son cosas que marca el destino. Nos mantendremos en contacto para poder organizar y viajar el año que viene”, afirmó Alanís, en contacto con radio Del Sol.

Tras el frustrado viaje, Faustino tomó una decisión y donó todo lo recaudado. La institución beneficiada fue Obra de Orientación Integral (Obroin) de Pehuajó, quien días antes había sido víctima de un importante hecho delictivo, en el que le habían sustraído diversos materiales de alto valor económico.

Nadie lo llamó. Fue iniciativa propia, de él y su entorno. Un acto solidario. Un acto de amor. “No nos quedamos con ningún peso, todo lo que se pudo recaudar fue para Obroin. Sabíamos que era una institución que lo necesitaba”, expresó el joven pehuajense.

¡Chapeau, Faustino!
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