Sólo un sueño



Por Damián Zárate *

Un instante. Sólo eso. Infinitamente intrascendentes hasta que la línea del tiempo se rompe y queda marcado. Esos relámpagos son lo que atesoramos y vamos coleccionando en el cuore. Conocerlo fue de los del segundo grupo…

Uno de los primeros días del almanaque 2005 nos presentaron un nuevo proyecto periodístico con un “relator del interior” al cual ninguno de nosotros conocía. Bastaron un puñado de días para desandar el descubrimiento de un tipo al cual es fácil y sencillo quererlo y admirarlo. La única persona que tiene el gps y el itinerario de su vida bien definido, como si algún chabón le fuese adelantando lo que le va a suceder susurrándole al oído, como si jugase con cartas marcadas: no es azar, su convicción lo lleva a realizar y cristalizar todo lo que se propone porque energéticamente lo busca y lo consigue.

La excusa del producto periodístico nos invitó a comenzar un vínculo inquebrantable. Un líder grupal como nunca vi: sin “veddetismo”, buscando victorias grupales, en pocas palabras: la mejor persona que conocí en el ambiente.

Pasamos un año en el medio del frenesí: cenas, transmisiones, revista “Un Caño”, asados, historias, viajes a Capital, amor y desamor… y el tipo siempre estaba. En pocos partidos con el micrófono y la garganta como banderas en la radio universitaria más antigua del mundo generó una relación empática con los oyentes como jamás había pasado. La gente veía con el color de su inconfundible voz un tipo transparente y que hablaba su idioma, un relator “emocional”.

Llegaron al diccionario diario palabras como: La Pirucha, La Caro, KDT, La Geno, Pehuajó… Cuando me enteré de su decisión lo primero que pensé fue: “está loco” y la incredulidad no me hizo tomar noción hasta que “el retorno del guerrero” se cristalizó y se convirtió en llanto colectivo con un estudio de radio como testigo.

Hasta no pisar su terruño no me podía reconciliar con su decisión, pero bastó un fin de semana para poder semblantear a un tipo pleno en “su” lugar, con su gente, con “su KDT”.



Volvió con una misión, como si el club hubiese esperado poco menos de medio siglo para un cambio cultural profundo. No se trata de ganar un campeonato o dos, se trata de “vivir para lograrlo”. Ponerlo en el foco emotivo de la vida: y comprale unos botines a los jugadores que no tenían, y llevarle helado a los pibes pos asado, y no poder dormir cada sábado pensando en que hay “domingo chacarero”, y dejar el relato para poner el corazón entero en sintonía “Roji Blanca”, y ahora sufrir más por “El Chaboncito” que por él mismo, y que la Marmolada esté preparada, y el abrazo eterno con el Vique, y la boina encima de la usina donde surgen todas las mejores ideas para una coyuntura inmejorable, y el auricular en solo un oído, y el mostrar tranquilidad por el cargo institucional aunque internamente el fuego explote, y la fiesta del parque, y el recuerdo y la mirada al cielo por el Viejo que está inmensamente orgulloso de un hijo que dejó absolutamente todo de lado y fue punta de lanza de un sueño entrañable, compartido, colectivo y familiar. Él es KDT y KDT es una parte inherente de su vida, son indivisibles.

43 líneas y ocho párrafos sin nombrarlo explícitamente, no parece necesario. Fran o Pancho es sinónimo de generosidad, trabajo al servicio de un sueño. SU sueño lo convirtió en felicidad para una generación que no sabía celebrar. Y a “el club más humilde de la ciudad” lo canjeó por ¡el club más felíz de Pehuajó! No es poco, la vida es un gol, un abrazo, un llanto, “ese instante” donde se paraliza el universo y sentís como se mueve el piso debajo de tus pies y certificás que el alma se conmueve.

KDT Bicampeón; Pancho Stella, Campeón Forever.

* Periodista, conductor y relator en Radio Universidad Nacional de La Plata.
Compartir en Google Plus

0 comentarios:

Publicar un comentario