LA VERDADERA NAVIDAD

Estamos en tiempo de adviento, camino hacia navidad. Una especial invitación nos convoca cada vez que terminamos un calendario. Navidad, como un camino que nos permite dirigirnos a una meta, plena de fe y esperanza.

La invitación viene de muy lejos, a partir de un acto de amor divino. El advenimiento del Niño Jesús o del pequeño Jesús, como dice mi nieto.

Para los creyentes, el cumplimiento de la promesa de enviarnos al Mesías. Para los no creyentes, la posibilidad de fortalecer el alma, de replantearse, de encarar el camino con renovadas expectativas y los mejores sentimientos.
Bien se ha dicho, que hay una navidad, sin arbolitos, sin regalos, sin comidas, sin ruidos. Hay una navidad pura y sincera, la que nace del corazón de cada ser.

Muchas cosas podemos hacer, incluso por encima de creencias religiosas. La clave está en aceptar la invitación o en aceptar el camino.

Ahora, dónde se inicia el camino. Acaso, desde del egoísmo y las pasiones y ambiciones desmedidas. Acaso, desde odios muy profundos y de pronto absurdos. Acaso desde la estupidez de la soberbia. Acaso, desde la tristeza que provoca la ausencia del amor y las promesas incumplidas.

Desde donde sea, el camino que comienza con el encanto de la nochebuena, está abierto a todos los que deseen transitarlo. En cualquier lugar, tanto en el desierto como en la soledad urbana pese a la estridencia de los ruidos, tanto en mansedumbre de nuestros campos como en las risas de una fiesta pueblerina, a veces sin sentido.
Dale, demos lugar a la verdadera navidad. No cuesta nada y produce mucho. Pensemos en lo demás, dejemos de lado –aunque sea por un rato- nuestro mundo pequeñito y miremos con ternura a nuestros semejantes, especialmente a los que más necesitan o necesitan menos que nosotros.

Extendamos nuestra mano. Una palabra, un saludo y hasta una sonrisa, hacen la verdadera navidad.
Dale, todos podemos. Ese es el camino.

Chico Feo (adviento 2013)
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