Una luchadora de la vida y una voz que acaricia



Dueña de una firme personalidad y poseedora de un don de voz, con brillo propio, tanto en los estudios de radio como de televisión o en los escenarios más diversos, que compartió con muchos notables famosos. Norma Lavagnino (63) amó desde niña el atrapante oficio de la locución. Incursionó en todos los ámbitos: locución comercial, conducción radial, labor periodística. Si bien sus condiciones fueron naturales, en forma paulatina se perfeccionó y modeló su profesionalidad. Quizás quedaron muchos sueños en el camino, porque su vida no ha sido nada fácil, pero siempre tuvo la fortaleza para superar los durísimos trances que enfrentó. Siempre estuvo la “caricia envolvente” del aplauso cuando pisó el escenario. Hoy, ratifica sus convicciones y su ejemplo de vida nos consterna de manera muy especial.

Los comienzos de Norma Lavagnino en el mundo de la locución se remontan a la vida escolar, donde se destacaba como “alumna intrépida y de buena memoria”. La locutora recuerda que “en la escuela Sarmiento, en las divulgaciones de “La mosca y el tabaco”, se necesitaba a quien tuviera memoria para estudiar todo porque no querían que apareciera un papel, entonces me estudiaba todo y siempre tuve esa disponibilidad ante el público”.

“Fue como largar un pez en el agua. Creo que mi canción de cuna fue el micrófono”, asegura Norma. Así comenzó, y tras sus primeros acercamientos a la locución, recibió una invitación de Bocha Ornat, que durante esos años realizaba Boom Publicidad con Juan Carlos Mascheroni: “entré a Boom a los trece años y salí a los diecinueve, cuando se inauguró LT 22”.

La emisora radial dirigida por Raúl Negreira fue el lugar donde Norma Lavagnino inicio el camino profesional de la locución y el periodismo. Por otro lado, la pehuajense realizaba un programa en LU 11 de Trenque Lauquen. “Íbamos todos los sábados, con Ricardo Thurler, Julito Páez, Eduardo Brachetti y Oscar Logullo a hacer ¿Usted qué opina? Fuimos por unos meses y estuvimos tres años, viajando todos los sábados. Fue una época lindísima”.

Pero en su vida profesional también hubo espacio para la televisión. Norma incursionó en la pantalla chica formando parte del equipo de trabajo de Canal 3 de Carlos Casares, donde estuvo durante tres años. “Fueron años divinos. Ahí hice noticiero y notas. Fue el gran auge de Edgardo Antoñana, ahora lo veo en TN.”, rememora Lavagnino.

Sobre la tarea en Casares, añade: “Con Sancero, en Canal 3, nos tocó cubrir las inundaciones. Fue lo más arriesgado, lo más intrépido y yo iba feliz arriba de los helicópteros haciendo notas, en los botes, en los campos. Eseba nos prestaba un bote para recorrer los campos inundados y hacer notas. Fue en las grandes inundaciones de Pehuajó y la zona en 1987. Creo que en cierta manera fue la labor periodística más destacada. Rollo sin editar, lo mandábamos por Chevallier a canal 7 y se veía por todos lados. Mi familia y mis amigos no lo podían creer”.

LA RADIO, DONDE SÓLO SOS VOS
“Hacer radio, fue, es y será, una de las satisfacciones más grandes, porque ahí sos vos, netamente vos, al desnudo con todo lo que quieras decir, y la gente. La gente que está del otro lado, que te descubre, que te llama. Es tanto feedback que se produce que te llena el alma”, afirma Lavagnino.

“Lo mismo me pasa, y me pasaba, cuando me subo al escenario del parque. Ese encuentro, esa caricia constante a través del aplauso y esa cosa que te enaltece. Es una mística que te transporta. Y vos sabés que sos la responsable de hacer lucir… uno no se tiene que poner en estrella, muchos presentadores comenten ese error. La estrella es el artista. Vos tenés que envolver esa magia para que el artista se sienta orgulloso de pisar el escenario y sentir que está dando lo mejor”.

LA VOZ DEL FESTIVAL DEL PARQUE
Lavagnino transitó diversas experiencias profesionales pero a la hora de optar se inclina por la conducción. La pehuajense tuvo el honor de participar en el primer festival de folklore surero de Pehuajó. Desde ese momento, Norma se transformó en uno de los protagonistas infaltables para el tradicional encuentro folklórico.

“Creo que en eso fue muy hábil mi padrino de micrófono, el profesor Osvaldo Guglielmino, que en ese momento era Secretario Municipal de Cultura, y ya empezaba el auge de los grandes festivales. En ese momento, cuando se abrieron las puertas del gran festival de folklore surero, el gran maestro de ceremonia fue Antonio Carrizo, en 1967. ¿Te animás a acompañarlo?, me dijo Osvaldo. Yo tenía dieciocho años. Sí, dije yo. Y después continué”, explica.

Durante sus participaciones en el Festival del Parque, la locutora compartió escenario con Antonio Carrizo, Héctor Larrea, Marcelo Simón, Alberto Beato, Martín Caballero y Hernán Rapella, entre otros. Y además de la fiesta del folklore, Norma fue protagonista en el memorable festival de tango realizado en 1970. “Allí –acota- también estuve y compartí el escenario con Jorge Julio Nelson. En los festivales compartí con grandes figuras, no puedo quejarme, soy una agradecida a Dios”.

UNA PRIORIDAD: SU FAMILIA

Sus seres queridos siempre apoyaron su tarea. Y su familia fue prioridad en todo momento. Norma explica la relación con su padre y comparte cómo fue la decisión de estudiar en el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (ISER). “Había hecho un trato con papá. Con él era todo negociable. Dejé en cuarto año de magisterio para pasarme a Comercial Nocturno. Porque yo decía “para qué quiero un magisterio si lo que yo quiero es tener un título para irme a estudiar locución”.

El padre le permitió es estudiar de noche en la Escuela Comercial y allí fue donde logró el título de Perito Mercantil. Pero nunca dejó de trabajar: mientras cursaba sus estudios secundarios, Norma continuaba su labor en Boom Publicidad. “Terminaba y me iba a Buenos Aires a estudiar al ISER que era mi sueño. Me duró un mes el sueño, porque papá falleció de un ataque cardíaco y no pude hacerlo. Igualmente seguí con lo mío”.

“Después tuve la oportunidad, cuando viví en Capitán Sarmiento, que desde ahí me quedaban 130 km. a Capital Federal. Entonces fui nuevamente al ISER, me anoté y obtuve el carnet provincial de locución. Viajaba tres veces por semana. También estoy sumamente feliz de hacer todo eso”.

AGRADECIMIENTOS
Al momento de hacer balance, Norma remarca su agradecimiento a los tres últimos intendentes de Pehuajó, César Peña, Juan Carlos Mascheroni (hijo) y Pablo Zurro: “siempre me convocaron, jamás me dejaron de lado. Mascheroni me llamó cuando yo estaba en La Plata haciéndome quimioterapia para ver si estaba en condiciones de poder asumir la conducción. Le dije, termino la “quimio” y trato de ponerme un vestido holgado porque estaba muy hinchada y ahí estuve en pleno enero conduciendo uno de los festivales. Cuando César Peña estaba en el gobierno, en forma muy afectuosa me llamó. Era cuando había fallecido mi hija Romi. En tres meses era el festival. Romi falleció en julio y yo en enero estaba arriba del escenario. Y bueno, después de un año que no estuve, Pablo Zurro me llamó y me volvió a convocar”.

La temprana partida de “Romi” no declinó el cultivo de su pasión. Al contrario, pese al dolor, retempló su espíritu y siguió adelante: “parada ahí en el escenario, con toda una pena que significa la pérdida de un hijo, sentía la caricia envolvente, la caricia constante de ese aplauso cerrado. Y fue un momento de silencio, solamente aplausos que se lo voy a agradecer toda la vida a toda la gente de Pehuajó”.

EL HOY, EL AHORA: “HACER EL BIEN”
Norma Lavagnino, jubilada, con la nostalgia natural de los tiempos vividos y la fortaleza con la que tradujo la adversidad, alterna sus días entre Pehuajó y Mar del Plata. “Accidentalmente fui a una farmacia de Mar del Plata, me atiende una chica y nos pusimos a charlar. Y me dice que pertenece a Lalcec Mar del Plata. Le comenté que estuve trabajando también en Lalcec y me pregunta por qué. Le comento y me dice que sería extraordinario que fuera a trabajar con ellos. Ahí está el despliegue de dos grandes cosas. La vida me dio un trabajo que amé con locura, que fue todo lo que tenga que ver con la parte médica, el Círculo Médico, el CORES. Eso me tomó como que viviste cosas detrás del escritorio y delante del escritorio. Así que también fue lindísimo poder ayudar en las partes de las presentaciones y tuve la suerte de que me convocaran para un congreso internacional de oncología en Mar del Plata, en 2011. Después volcás en ayuda y lo volcás con otro tipo de cosas, con otras vivencias, lo que lamentablemente has vivido y lo sabés transmitir, que es lo más importante. Me siento muy bien en Mar del Plata. Son sensaciones encontradas pero que todo tiene que ver con todo: la comunicación, el deseo de poder transmitir, principalmente hacer bien al otro es como dice el refrán “sin mirar a quién”. Porque ahí son cosas desconocidas, son vivencias de salud pero vivencias que también te encontrás que podés ayudar”.

Esta es Norma, la “voz” que nos deleita desde hace más de 4 décadas. A través de ella, nuestro homenaje a todos los locutores y locutoras. “Yo no sé si la gente nueva acude de la misma manera que acudió uno”, sostiene ella y añade “pero hay chicos jóvenes con una gran responsabilidad. Sobre todo eso les diría, que se pongan el sello de la responsabilidad en la frente. Y que se hagan cargo de todo lo que van a hacer y que lo hagan con amor, porque esta no es una profesión que se hace, es una profesión que se nace. Siempre lo tuve en cuenta, no te hacés con esto nacés. Es un don que Dios te dio, te tocó la varita mágica. Todo con mucho estudio y esfuerzo”.

“La princesita que perdió un zapatito”
Muchas son las anécdotas que recuerda Norma en tantas experiencias realizadas ante el público. Hace memoria y resalta dos situaciones: una con Eduardo Brachetti y la otra con Raúl Brísoliz.

“Con el que más me divertía –remarca feliz- era con Eduardo Brachetti. Era un júbilo cada vez que subíamos juntos a un escenario. Él tenía una impronta y era una magia que nos envolvía impresionablemente. Por más que soy obsesiva de cabeza a pie, me acuerdo que tenía unas sandalias muy altas y el escenario del parque no era de material, tenía tablas y se me engancha el taco de la sandalia y yo sigo caminando por el escenario como si nada, en puntas de pie y con el otro pie con la sandalia”
Y cuando Norma estaba por presentar al artista, Eduardo tomó el micrófono y dijo: “quiero un fuerte aplauso para la princesita que perdió un zapatito”. “Nadie lo había notado”, comenta Lavagnino.

La otra anécdota tiene como protagonista a Raíl Nicolás Brísoliz. “Raúl era también de hacerme muchas cachadas. Por ejemplo, una vez tenía que presentar a alguien y necesitaba los anteojos, y él me los sacó del bolsillo sin que me diera cuenta. Ahí tenía que decirlo como la cosa más natural: “me robaron los anteojos, no puedo leer lo que va a cantar”. Siempre tomado con muy buen humor, todo muy lindo. Estoy inmensamente feliz con esas épocas. Creo que nadie, o nada, en mi vida me dio tantas satisfacciones como me ha dado el micrófono”.

PING PONG
-¿Un deseo?: «salud para ver crecer a mi nieto»
-¿Un rencor?: «no tengo».
-¿Un amor?: «mi nieto».
-¿Una ingratitud?: «la traición».
-¿Una alegría?: «el día que presenté a Los Nocheros».
-¿Un reproche?: «no tengo».
-¿Un placer?: «seguir haciendo lo que me gusta, locución y conducir espectáculos».
-¿Una esperanza?: «ver feliz a Mariano, mi nieto».
-¿Un recuerdo?: «haber visto desfilar a mi hija Romina y haberla presentado».
-¿LT22?: «mi escuela».
-¿José Pérez Gegena?: «lo inolvidable como amigo y locutor».
-¿Eduardo Brachetti?: «con la mirada nos entendíamos y la carcajada al únisono. Compañero por excelencia».
-¿Un locutor?: «Juan Alberto Badía».
-¿Pehuajó?: «mi cuna eterna».
-¿Amigos?: «la medalla de la vejez».
-¿Norma Lavagnino?: «apellido, por la herencia, la historia, el legado, el único bien que no es divisible. Me siento orgullosa de haber tenido los padres que tuve».
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