“Cantar es poder decir un montón de cosas”



Probaron, gustó y se afirmó. El taller de experimentación musical es una realidad. De la mano de su profesora, Clara Mullen, Musicando logró imponerse en Pehuajó y hoy lo disfrutan decenas de pehuajenses. Un encuentro musical y una herramienta terapéutica. “La música nos conecta con una parte que no está tan permitida”.

—Un montón de gente de Pehuajó quiere cantar y quiero que te conozcan— dijo Patricia Vittorelli a Clara Mullen, profesora del Conservatorio de Música de Pehuajó. De ese diálogo nació Musicando Pehuajó, el taller experimentación musical que desde hace más tres años recibe a un nutrido grupo de pehuajenses.

Clara Mullen nació en Buenos Aires y durante veinte años vivió en Trenque Lauquen. Desde hace cuatro, dicta clases en Pehuajó, su actual localidad de residencia. Es profesora de Clases de Repertorio y Canto Colectivo en el profesorado de Educación Musical del Conservatorio Provincial de Música.

“Cuando Patricia me habló, yo estaba viviendo en Trenque Lauquen donde también ofrecía talleres. Además había empezado a realizar talleres para la gente de la zona, y entonces dije ‘bueno, no tengo problema, vengo una vez por mes’”, relata Clara.

Al taller se sumaron personas que nunca habían estudiado música y pehuajenses con experiencia en canto. “Primero era una vez al mes, después se fue espaciando cada vez menos, y Patricia fue contándole a la gente que no estudiaba pero que le interesaba cantar desde siempre”, explica la profesora de Musicando.

En primera instancia, se realizaba “un trabajo de taller intensivo de cuatro horas donde trabajamos desde lo técnico, trabajo a varias voces y después canto individual, que sería que cada uno se pueda plantar frente a una canción y cómo interpretarla, cómo expresarla, cómo empezar a poder mostrar lo que cada uno es a partir del canto”.
“Es muy lindo el trabajo, hay mucha gente muy musical, muy interesada con mucha disposición para hacerlo. Estoy muy contenta, me gusta mucho Pehuajó y la movida cultural que hay”, afirma Clara Mullen.

UNA HERRAMIENTA TERAPÉUTICA
Si bien el objetivo del taller es meramente musical, aporta significativos avances en la generación de lazos afectivos y en el ámbito emocional y espiritual de los alumnos. “Termina funcionando como herramienta para despertar una vocación y como herramienta terapéutica. Mi objetivo es musical pero se entrelaza con todo lo emocional, espiritual, y no porque yo me lo proponga, sino porque es inevitable que aparezca el compromiso de la persona, tener que saltar por arriba de determinadas trabas que uno tiene como persona”, explica la profesora del taller.

Y agrega: “cantar es poder decir un montón de cosas, y normalmente nos está vedado eso de decir, decimos lo que es aceptable nada más, y nos cuesta decir quizás lo que le caerá mal al otro, y entonces en el canto también se va dando todo eso. Donde de repente querés decir de una forma o una manera una canción y cuesta mucho hasta vencés eso de ser aceptado por el otro, entonces decís “bueno, yo lo voy a decir de estar forma, porque lo siento así y a mí la canción me pasa por dentro de esa manera””.

Mullen señala que en este tipo de talleres está a flor de piel la mirada del otro, la cuestión de la aceptación. “Entonces sucede que es más complejo trabajar con gente que ya venía cantando y que la gente le dijo “qué bien que cantás”, es más costoso trabajarlo. El que no sabe nada está más abierto, menos prevenido, entonces llegan a una apertura que de repente se mandan a cantar sin preconceptos. El que viene con algo y que la gente le dijo “qué lindo que cantaste” le cuesta mucho investigar otras facetas de su voz, correrse del lugar donde ya se acomodó, calentito”.

Para la profesora, “la evaluación es muy positiva. El taller termina siendo terapéutico. En ocasiones hablamos de la cantidad de cosas que la gente va pudiendo hacer a partir de subirse a un escenario, agarrar un micrófono, que los primeros días le tiembla la mano y después pueden empezar a cantar, a mirar a la gente que los está escuchando, y partir de ahí, se transfiere eso a la vida de las personas. Donde de repente no podían hacer determinadas cosas, empezás a poder; podés empezar a poner límites con los demás; podés decir cosas que no pudiste decir en la vida. Cuando la gente me va contando cosas que van pasando, digo ‘¡qué maravilla que esté tan ensamblado todo con todo!’”.

LA MAGIA DE LA MÚSICA ES UNA REALIDAD
Cantar y acercarse al mundo del arte musical, desnuda pasiones y sentimientos que estuvieron en reposo hasta ese momento. “La música nos conecta con una parte que no está tan permitida. Esto de expresarse, de ser individual, en general uno trata de pertenecer a un grupo, busca su lugar de pertenencia. Entonces, si sos diferente, si decís diferente las cosas, podés no ser aceptada.”.

El otro aspecto a destacar, y en el que Mullen hace principal hincapié, es el grado de solidaridad. “Lo que más me asombra es la generosidad que se genera en los talleres. A veces vos tenés un montón de problemas vocales o no lográs determinadas cosas. Y de repente ves la alegría que tiene un compañero porque el otro pudo resolver una problemática que tiene en el canto y están felices por el otro que por ahí canta mejor que uno. Acá no hay competencia, acá se nota otra cosa, otra sintonía donde estoy feliz de que el otro crezca y lo ayudo a crecer”.

“Se crean relaciones profundísimas, es lindo porque la gente baja varios cambios y puede conectarse con lo mejor del otro. Tenés la tranquilidad de encontrarte con vos y con la mejor parte del otro. Es genial, es precioso”, finaliza Clara.

CÓMO INTEGRARSE A MUSICANDO
Quienes se encuentren interesados en sumarse al grupo, que desde el 2010 a la fecha, ha realizado presentaciones grupales, en dúo e individuales en diferentes ámbitos de la ciudad, pueden conectarse con cualquiera de los integrantes, siendo referente la convecina Patricia Vittorelli.
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