¡Wadi, el Cala llegó a los 80!

Fueron varios los impulsores del club: los Pascual (Juan Carlos, Pedro, Félix y sus cinco hijos), Cándido Estevez, Pedro Giubelino, Rafael Valenti, Tomás Garrido, José González, entre otros. Pero por una cuestión afectiva, un recuerdo muy especial para Wadi Adra, el turco tintorero en la época fundacional. Fue jugador en los comienzos y durante dieciséis años presidente de Calaveras. Vehemente, decidido, luchador, emprendedor. Trabajó intensamente, junto a sus pares, para superar las duras dificultades en los comienzos del club.

Afrontaron en la primera década tremendos problemas económicos, al extremo de estar a punto de claudicar. Pero, el empuje de ese grupo humano y la firme decisión de la barriada, con esfuerzo y trabajo sostenido, hizo prosperar al club de Mataderos. Estaban convencidos que el barrio merecía tener su club y el perfil futbolístico era contundente. “Tenía raíces para mucho más”, solía decir Wadi. Y así fue. El barrio a través de los años vibró y se embargó de felicidad con los halagos y títulos conseguidos.

Wadi, desde algún lugar del cielo, comparte la alegría del nuevo aniversario. Tiempos distintos, problemas diferentes, directivos diferentes, pero en la esencia el mismo amor y la misma pasión de barrio.

Calaveras era como un hijo para el turco Adra. Así lo vivió y lo sintió junto a su familia. “Cuando un hijo está bien, te alegrás, y cuando no está bien, te entristece”, decía graficando sus sentimientos.

Cuando el Cala salía campeón su emoción era profunda. Hasta las lágrimas. Le costaba llegar a la sede para sumarse a los festejos. Antes, en el comedor de la casa, enjugaba sus lágrimas y el corazón latía con más fuerzas, al escuchar la barriada gritando “Calaveras campeón”.

Compartía sus emociones junto a Manuela, la compañera que la vida le concedió. “Cuántas cosas me tuvo que aguantar por culpa del Club”, se reprochaba más de una vez. Pero como Manuela, sus hijos Marta y el Negro, y sus 6 nietos, Calaveras era parte indisoluble de su familia. Era parte de su vida y su alegría cotidiana.

¡Wadi, el “Cala” llegó a los 80!

Dejame compartir un brindis, sencillo, silencioso, de todo corazón, con la misma emoción. Como en aquellos tiempos, ahí en tu casa, junto a Manuela, junto a Dario Apestegui, con un tinto de mi flor, embriagados de amistad, pura y sincera, como el amor que sentís por Calaveras.

“Chico Feo”
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